Un accidente que lesione la capacidad productiva de un trabajador, y ni qué decir si produce su muerte, podría afectar la vida de una familia

 28 junio

Los seres humanos están expuestos a muchos riesgos. Pero en algunas actividades los riesgos son particularmente altos. Un accidente que lesione la capacidad productiva de un trabajador, y ni qué decir si produce su muerte, podría poner en serias dificultades a una familia. El seguro contra riesgos del trabajo, en casos como los indicados, viene a llenar una sentida necesidad social. Pero su función va más, mucho más allá de la de indemnizar a los beneficiarios de quien sufrió el accidente y repartir ese costo en el conjunto de asegurados. El seguro debe estimular la prevención, pues a fin de cuentas a una familia, y a la sociedad, esto es lo que más le interesa.

Recientemente, un trabajador que sufrió un mortal accidente ( “Operario de tajo muere por efectos de aplastamiento”, La Nación, 27 de junio) que quizá pudo ser evitado con la adopción de medidas preventivas (y destacamos el quizá, porque el caso podría constituir un accidente típico). La prevención, en actividades de altísimo riesgo como la que nos ocupa, se logra incluyendo en el clausulado de las pólizas medidas concretas de seguridad que deben ser acatadas obligatoriamente por el asegurado y cuyo cumplimiento el asegurador periódicamente verifica. El incumplimiento comprobado de las medidas de seguridad implica aumento automático de la prima de protección.

Las primas en riesgos del trabajo deben ser diferenciadas en función de los riesgos que se cubran. No procede aquí ningún tipo de “subsidiaridad”, como opera en el Seguro de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), en que el rico subsidia al pobre. En riesgos del trabajo, las tarifas únicas implicarían que las actividades seguras subsidian a las de alto riesgo, por lo que quienes participan de estas tienen poco incentivo para reducir la siniestralidad.

Rescate del trabajador Mainor Pérez.
Rescate del trabajador Mainor Pérez.

Si bien todos los seguros pueden ser considerados sociales, porque las pérdidas terminan asumiéndolas todos los asegurados de las diferentes líneas (ej., incendio, automóviles, carga), no lo son en el sentido utilizado para el sistema de IVM. En los riesgos del trabajo es necesario que las primas discriminen fuertemente por la siniestralidad y que el asegurador sea muy celoso de las normas de prevención que deben seguir los asegurados (patronos) y sus trabajadores.

El llanto de una familia que pierde a uno de sus miembros, normalmente al proveedor, por un accidente que pudo evitarse, debería ser el llanto de todo el país.

Asimismo, los accidentes de tránsito, en particular aquellos donde se ven involucrados los motociclistas, que en el país crecen a una velocidad casi exponencial, no nos deberían, como sociedad, resultar indiferentes. Los seguros comerciales, quizá incorporando elevados deducibles, también están llamados a jugar una función importante aquí.

Recién en Londres, Inglaterra, al menos 79 personas perdieron la vida y otras su propiedad material a causa de un incendio que destruyó el edificio de apartamentos Grenfell Tower, construido, según informa la prensa, con componentes plásticos baratos, pero altamente combustibles. El hecho ha afectado el gobierno de la primera ministra Theresa May, al que se le acusa de no haber prestado del todo atención a las quejas de vecinos que, con base en el criterio de expertos, desde hace tiempo habían señalado la falta de medidas de seguridad en muchos edificios de la ciudad.

Algo similar ocurre en Costa Rica respecto al riesgo de deslizamiento de casas construidas en precarios, sobre terrenos inestables y sin contar con los permisos que para esto se exigen, que año con año al llegar la época lluviosa son lavadas por la madre naturaleza como si fueran juguetes. Pareciera que muchas municipalidades, llamadas a ejercer el primer control, están en deuda con la sociedad.

Los citados son ejemplos, entre otros, de un tipo de “ahorro” que no debe formar parte de la ecuación económica de ninguna sociedad. Es sabia la afirmación, y los casos comentados la confirman, de que en muchas situaciones es mucho mejor prevenir que lamentar.