Opinión

EDITORIAL

El aumento de los homicidios

Actualizado el 12 de marzo de 2015 a las 12:00 am

El fenómeno puede ser preludio de mayor actividad de los carteles internacionales

Debemos adaptar nuestras estrategias a la magnitud del desafío

Opinión

El aumento de los homicidios

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El incremento de los homicidios, pero sobre todo de los llamados “ajustes de cuentas” entre bandas de narcotraficantes, revelado por las autoridades, debe ser motivo de gran preocupación nacional. Su efecto más obvio y directo es la pérdida de vidas humanas, el deterioro de la seguridad en varias localidades, particularmente al sur de San José, y el posible exacerbamiento del temor entre los ciudadanos.

Existe otra dimensión que, proyectada a futuro, genera mayor inquietud: la posibilidad de que sea síntoma de una creciente actividad de carteles internacionales en nuestro país.

Los datos más recientes indican que en enero y febrero de este año se produjeron 86 asesinatos en el país; 24 directamente atribuibles a luchas entre bandas narco y 30 por causas aún bajo investigación. Esa cifra se compara con 70 en el mismo período del pasado año y 65 en el 2013, que cerró con un total de 411 homicidios.

Durante el 2014 se produjeron 69 más, por lo cual la tasa, por cada 100.000 habitantes, subió de 8,6 a 9,9 de un año a otro. Con las cifras acumuladas hasta ahora, es muy posible que, al cierre del 2015, el resultado sea peor. Aun así, podríamos considerarnos un país relativamente seguro en América Latina, particularmente en el Istmo. Sin embargo la tendencia ascendente preocupa, lo mismo que las circunstancias en que se produce.

Aunque sus manifestaciones las sufrimos a escala nacional, al narcotráfico lo mueven dinámicas multinacionales en la producción, el trasiego, la comercialización, el consumo, el movimiento de armas y el blanqueo de capitales.

Cada vez sus grupos delictivos extienden más las operaciones a otros ámbitos, como el tráfico de personas, la minería ilegal, la extorsión, el contrabando, las transacciones financieras y los negocios formalmente legales, todo lo cual incrementa su poder y dificulta más combatirlos. Situada entre los mayores productores y el mayor consumidor del mundo, Centroamérica es uno de los epicentros de esta trama funesta. Costa Rica no escapa a ella.

Gracias a la debilidad institucional, la tradición de violencia, la menor presencia estatal y la corrupción en los países del llamado “triángulo norte” (Guatemala, Honduras y El Salvador), y a nuestras fortalezas y acertadas políticas, hasta ahora hemos sido capaces de controlar las peores secuelas del narcotráfico. Mientras para nuestros tres vecinos el fenómeno se ha convertido en un desafío de seguridad nacional, para nosotros es un reto de la seguridad pública, una diferencia cualitativa esencial.

El incremento en los “ajustes de cuentas” no sugiere, necesariamente, un cambio inmediato en esta situación, pero sí podría ser preludio de peores cosas por venir, sobre todo de cara a lo que ocurre en otros países. México se ha anotado importantes éxitos al capturar a los más conspicuos capos de los peores carteles: los Caballeros Templarios y los Zetas. Es posible –y deseamos– que Colombia concluya exitosamente las negociaciones de paz con las FARC, lo cual sacaría a las guerrillas del negocio de estupefacientes. Estados Unidos, entre tanto, ha volcado su preocupación y ayuda hacia el “triángulo norte”. Si el desempeño de los carteles se dificulta en esos países, buscarán otros. Costa Rica, sin duda, está en la mira; por esto, no podemos descartar que la creciente violencia entre bandas nacionales responda a una dinámica para ocupar posiciones adelantadas.

El abordaje de este desafío, por desgracia, no admite respuestas fáciles. Sin embargo, y a riesgo de algún simplismo, sugerimos tres líneas de acción para tomar en cuenta. La primera es ampliar las exitosas políticas desarrolladas por la administración anterior en materia de prevención, tratamiento y seguridad pública en general, incluido el desempeño del Poder Judicial. La segunda, incrementar el intercambio de información con países como Colombia, Estados Unidos y México, así como con aquellos de Centroamérica que sean confiables. La tercera línea debe llevarnos a reforzar la acción de nuestras autoridades y los programas de investigación, interdicción y represión –individuales y conjuntos– en mar, aire y tierra, siempre con absoluto apego al Estado de derecho. A esto debe añadirse una activa coordinación con países aliados en instancias multilaterales para que el abordaje general del problema de las drogas se transforme totalmente, y se eliminen los incentivos a las bandas criminales y a la delincuencia internacional organizada.

Por lo pronto, los indicios son, en esencia, negativos. Las respuestas deben ser consecuentes con el desafío.

  • Comparta este artículo
Opinión

El aumento de los homicidios

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota