Para impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación debemos integrar factores y actores

 13 agosto, 2014

El informe “Estado de la ciencia, la tecnología y la innovación”, elaborado por el proyecto Estado de la Nación y dado a conocer el martes 5 de este mes, es un documento informativo y propositivo de gran pertinencia. Se impone, ahora, convertirlo en estímulo para generar un debate constructivo sobre el tema y, sobre todo, contribuir a que los distintos actores involucrados en su desarrollo logren dar adecuadas respuestas –y traducirlas en oportunas decisiones– a una interrogante esencial. Se trata de cómo lograr que los esfuerzos nacionales por impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación redunden, de manera más robusta, en el crecimiento, la productividad y el desarrollo del país y sus habitantes. Se trata de una nueva y promisoria frontera para nuestro bienestar.

El documento da cuenta de varias deficiencias en tal sentido, que se reflejan, por ejemplo, en la poca inscripción de patentes por parte de costarricenses, la “fuga” o movilidad de cerebros nacionales en busca de mejores oportunidades, la endogamia –es decir, falta de apertura y relacionamiento activo– de la academia, y la falta de suficientes relevos para suplir a los científicos que pronto dejarán de laborar activamente.

Tras repasar las páginas del documento, es posible concluir que la clave de la solución, no siempre planteada explícitamente por el informe, se encuentra en un verbo: “articular”, en dimensiones múltiples.

El país debe generar y potenciar articulaciones entre la oferta de conocimientos científicos-tecnológicos y su relevancia para las prioridades nacionales de política pública y los procesos productivos; entre la formación de personal calificado, la demanda existente y las necesidades proyectadas; entre las oportunidades que brindan las cadenas de valor de las empresas extranjeras de alta tecnología y su aprovechamiento por las locales; entre la calidad y pertinencia de la educación (en todos los niveles), y el tipo de conocimientos que se requieren para generar ciencia, transformarla en tecnología y aplicarla como innovación; entre las entidades académicas que investigan, el Estado que establece políticas y el sector productivo que genera riqueza; entre los empresarios emergentes que crean e innovan (sea en productos o procesos) y un mercado de capitales aún poco profundo y renuente a tomar mayores riesgos; entre los científicos y tecnólogos costarricenses que trabajan en el extranjero y sus colegas, instituciones y proyectos nacionales, y entre las diversas generaciones de investigadores.

No hay una ruta fácil para avanzar por un camino como el mencionado. Si existiera, ya la hubiéramos emprendido. De hecho, aunque de manera menos sistemática y más intuitiva, a similares conclusiones han llegado ya otros grupos interesados en el tema. Por esto creemos que el mayor valor del informe estará en su capacidad para generar decisiones, a partir de mayor apertura y coordinación entre los sectores críticos para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación.

De particular importancia es el trabajo de las universidades públicas, a las que más aportamos los ciudadanos para la investigación y mejor la hacen, pero que no han logrado superar a plenitud –salvo excepciones en sectores– una actitud en extremo conservadora y prejuiciosa para vincularse con el resto del Estado y con las empresas. En sus centros de investigación debería estar el mayor semillero de patentes. Y de ellas debería surgir una actitud más proactiva para adaptar sus programas de formación a atender las necesidades del país en ciencia, tecnología e innovación, que también implicarán oportunidades para los estudiantes.

El Gobierno no podrá obligar a que las empresas extranjeras se encadenen con las locales, pero puede dirigir mejor sus políticas de incentivos para estimular tal cosa; además, debe tomar la iniciativa de un diálogo tripartito más intenso entre academia, sector productivo y sector oficial, y hacer todo lo posible por mejorar las bases educativas en ciencias y matemática.

Los inversionistas, empresarios y empresas, por su parte, deben abandonar las zonas de confort de las que quizá disfrutan ahora, pensar más en los ejes de crecimiento futuro a partir de mayor productividad y generación de valor, y dirigir esfuerzos y recursos a ellos.

¿Fácil? No. Por eso, el esfuerzo debe ser enérgico, inteligente y sostenido.

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