Aunque hay avances relevantes, es preciso hacer un esfuerzo sistematizado para mejorar el sistema financiero costarricense

 9 mayo, 2016

“La Nación” se ha dado a la tarea de publicar una serie de informaciones económicas y financieras para aquilatar el progreso, o estancamiento, del proceso de reforma del sistema financiero costarricense. Hemos notado avances relevantes acompañados de tropiezos significativos, pero no hemos podido apreciar un esfuerzo sistematizado para mejorar lo que tenemos. Hay una larga lista de tareas pendientes.

Una de ellas es abaratar el costo del dinero, particularmente las tasas para las operaciones de crédito. Ha habido progreso en la reducción de las tasas pasivas de interés (captación) y en la metodología del cálculo para fijar los parámetros contractuales en las operaciones activas (préstamos), que incluye la nueva tasa básica pasiva elaborada por el Banco Central. Esa nueva metodología toma en cuenta las tasas registradas a todos los plazos de captación, no solo entre cinco y siete meses, como antes. En consecuencia, la nueva tasa básica pasiva cayó a un 5,35% la semana anterior, comparada con el 7,20% en enero del 2015 (ayudada por la caída de la inflación). La reducción de la tasa básica pasiva representa un avance, sin duda, pero insuficiente.

Las tasas activas del sistema financiero, encadenadas a las tasas pasivas, también han bajado, en promedio, de un 17,01% en enero del 2015 a un 14,89% en la actualidad. La caída influyó, junto con otros factores, como la baja colocación de crédito, en menores utilidades netas de las entidades financieras, según informamos la semana pasada. Algunos bancos prefirieron mantener la liquidez o invertir en títulos gubernamentales a reducir las tasas de interés para incrementar sus colocaciones, contrario a lo que esperaba el Banco Central para reactivar la producción. Las tasas activas se encuentran aún muy elevadas en términos nominales y reales y el margen de intermediación financiera se ubica entre los más elevados de la región. Hay ahí, también, una tarea pendiente.

Otro contrasentido de la práctica financiera es la dualidad entre monedas. Los costarricenses tendemos a ahorrar prioritariamente en colones, pero nos endeudamos en dólares. Por esa razón, en parte, el Banco Central decidió la semana pasada empezar a publicar una tasa básica pasiva en dólares (TED, siglas de tasa efectiva en dólares) con el propósito de brindar a las entidades financieras y los usuarios del crédito un parámetro objetivo para denominar sus operaciones crediticias en esa moneda. Es un promedio ponderado de las captaciones, diseñado para reflejar mejor el costo de captación de los bancos públicos y privados, pues los parámetros utilizados anteriormente –tasa libor; prime rate – no reflejaban a cabalidad las condiciones del mercado costarricense. Desde ese punto de vista, la TED es un avance. Pero no resuelve el problema de la dualidad de monedas ni de la dolarización, pues se ocupa de los efectos, no de las causas.

La tendencia a dolarizar un alto porcentaje del crédito total (51%), frente a otro más bajo del ahorro financiero (31%), responde a las notorias diferencias entre las tasas de interés en una y otra moneda. En dólares, la tasa pasiva promedio anda en un 1,93% (2,1% en la banca privada y 1,60% en la pública) pero la tasa básica pasiva en colones ronda el 5,35%, razón por la cual la inclinación natural es a ahorrar preferentemente en moneda nacional por su alta rentabilidad. Por el lado de las operaciones activas, la tasa promedio en colones es un 14,89%, mientras que en dólares es mucho más baja (9,81%) en promedio, al igual que el margen de intermediación. Mientras no disminuya la diferencia entre las tasas de interés y no se achique el margen de intermediación financiera, continuará la tendencia a la dolarización del crédito, con el riesgo inherente de una variación no prevista en el mercado cambiario. Y eso nos lleva a otro tema relacionado con ese mercado, también abordado en editoriales anteriores.

El tipo de cambio registró algunas oscilaciones en el mercado cambiario recientemente y dio muestras de mayor movilidad. Eso es positivo. Mientras que a mediados de abril las cotizaciones en el mercado mayorista (Monex) cerraron en ¢536,79 por dólar, al concluir el mes habían ascendido a ¢539,79 por dólar. Y aunque posteriormente bajaron levemente, lo cierto es que el tipo de cambio puede –y debe– variar conforme la mayor o menor oferta de divisas. Bien haría el Banco Central en consentir esas oscilaciones que poco se apartan del equilibrio y la tendencia del mercado para afianzar la idea de que el valor del colón no es fijo y hay un riesgo involucrado en la dolarización del crédito.

¿Qué nos dicen estos altibajos financieros? Que ha habido avances, sin duda, en la modernización del sistema financiero costarricense, pero el proceso avanza lentamente. Hay un largo camino por recorrer. Algunas reformas se han logrado mediante disposiciones de carácter administrativo o reglamentario, donde la autoridad monetaria ha desempeñado un papel importante. Pero otras deberán pasar por el tamiz legislativo. Y es ahí donde yace el reto principal: nadie en el Poder Ejecutivo las está liderando activamente. El Gobierno y el Banco Central deberían asumir conjuntamente ese papel.