Opinión

EDITORIAL

La advertencia de Biden

Actualizado el 02 de abril de 2009 a las 12:00 am

 La lucha de México contra la droga tendrá el efecto secundario de empujar a los traficantes hacia Centroamérica

 Para desgracia de México, los esfuerzos por cerrar el corredor del narcotráfico en el Caribe tuvieron éxito

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La advertencia de Biden

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Centroamérica sufrirá renovados y feroces embates del narcotráfico si el presidente Felipe Calderón logra avances en la guerra declarada contra los carteles mexicanos. La advertencia la hace –con inusual franqueza– Joseph R. Biden, vicepresidente de los Estados Unidos.

“Aplaudimos la valiente posición de México contra los carteles de drogas, como también los esfuerzos de Colombia por combatir las drogas, pero sabemos que tendrán el efecto secundario de empujar a los traficantes hacia Centroamérica”, escribió Biden en un artículo publicado el viernes en La Nación .

El Vicepresidente no habla a partir de meras conjeturas. Es de suponer que tan grave advertencia tiene base en los sólidos recursos de inteligencia y análisis a disposición del Gobierno estadounidense, pero también encuentra asidero en la historia. México es el mejor ejemplo.

Hasta finales de los 80, los traficantes mexicanos administraban operaciones relativamente pequeñas, dedicadas al contrabando de heroína y marihuana a través de la porosa frontera con Estados Unidos. La cocaína seguía otra ruta, partiendo de Colombia para saltar, de isla en isla, por la geografía del Caribe.

En el momento de mayor apogeo del corredor caribeño, Carlos Lehder Rivas, cofundador del Cartel de Medellín, adquirió cayo Norman, una isla del archipiélago de las Bahamas, donde hizo construir una pista de aterrizaje bajo la mirada apacible del gobierno del primer ministro Lynden Pindling. Por allí pasaron toneladas de droga suministrada por Pablo Escobar Gaviria y los hermanos Ochoa Vásquez.

A lo largo de la ruta, la estela de corrupción y la injerencia del narcotráfico en la política se hicieron evidentes, como ahora ocurre en México. Los millones de dólares producto del contrabando son difíciles de resistir.

Para desgracia de México, los esfuerzos de Estados Unidos por cerrar el corredor del Caribe tuvieron éxito, como también fructificó la arremetida del Gobierno colombiano contra el Cartel de Medellín, uno de los principales usuarios de la ruta. El cierre de la vía caribeña condujo a la apertura del camino mexicano y los carteles de ese país exigieron la participación correspondiente. En poco tiempo, se convirtieron en organizaciones tan poderosas como sus predecesoras colombianas.

Unas 10.000 personas han muerto en los dos años transcurridos desde que el presidente Calderón declaró la guerra a las drogas y desplegó al ejército para conducirla. La cifra, más que consecuencia de una batida contra el crimen organizado, parece propia de una guerra civil.

Vista desde esa perspectiva histórica, la advertencia de Biden a los Gobiernos del Istmo cobra particular relevancia. En México, los carteles se abrieron espacio entre la debilidad institucional y la inoperancia policial. En Centroamérica, los mismos factores crean un mar de oportunidades.

Costa Rica no puede considerarse inmune. El narcotráfico ya demostró su capacidad para penetrar instituciones al más alto nivel y también para corromper a jueces y policías.

Esos incidentes, si prestamos oído a Biden, fueron producto de operaciones en pequeña escala, si se comparan con los posibles retos del futuro.

Luego de ver lo sucedido en los tribunales de Golfito, donde un grupo de maleantes recuperó sin dificultad 320 kilos de cocaína decomisados pocos días antes, ningún costarricense podrá hacerse la ilusión de que estamos preparados.

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