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Un principio alentador

Actualizado el 06 de mayo de 1995 a las 10:59 am

Solo los hechos legitimarán el acuerdo Figueres-Calderón

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Firmado, el 28 de abril pasado, el "acuerdo en lo esencial" entre el presidente José María Figueres y el expresidente Rafael Angel Calderón, el jueves pasado se efectuó la primera ronda de conversaciones para comenzar a plasmar en hechos los objetivos acuñados en el documento constitutivo o marco general.

El arranque ha sido positivo por la concreción, el número y la calidad de los proyectos discutidos y refrendados. La agenda de trabajo para las próximas reuniones contendrá nueve proyectos de ley, la mayoría de indiscutible proyección nacional, y los siguientes temas sustanciales: reforma del Estado, recaudación tributaria y recorte de privilegios en el sector público y en el privado. Asimismo, se establecen tres comisiones de trabajo para ahondar en los asuntos objeto de estudio y acción. Estarán integradas por representantes del PUSC, del PLN y del Gobierno.

Se trata, como se ve, de un manojo de propuestas específicas que, de salir airosas, marcarían un nuevo enfoque político en Costa Rica, les abrirían el paso a nuevas iniciativas en lo futuro, algunas quizá de mayor calado, por su contenido y por los intereses que necesariamente habrán de tocar, y afianzaría la confianza del país en este proceso y en nuestro sistema democrático. De aquí la importancia de que, en la próxima reunión del 1o. de junio y en las siguientes, se siga con esta tónica.

El principio ha sido bonancible, pero el camino será espinoso, principalmente cuando afloren las disensiones sobre cuestiones de fondo y hasta por la forma, cuando se organicen los grupos de presión, asomen sus orejas los intereses electorales o el desánimo, por las críticas o los obstáculos, pueda hacer presa de las personas. Aquí es cuando los participantes en estas negociaciones deben armarse de espíritu patriótico y recordar que el acuerdo suscrito trasciende el tradicional arreglo político, por lo que el compromiso adquirido es de profunda raigambre moral, y que su bautizo de fuego serán los resultados concretos y durables. Conviene, asimismo, tomar en cuenta que la dimensión temporal es decisiva. Es decir, debe aprovecharse el período de gracia de la actual coyuntura política, mientras no se aviven los fuegos de la campaña electoral.

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Dada la relevancia que le concedemos a este proceso, nos parece que vendría en su ayuda la presencia de selectos representantes de la sociedad civil (no de grupos de interés). Estos aportarían sus luces intelectuales y su experiencia y, además, se podrían convertir en testigos, vigilantes y, si las circunstancias lo exigieran, en oportunos colaboradores para limar asperezas y reforzar el diálogo. Por otra parte, su presencia le conferiría a este acuerdo un rango de mayor unidad nacional. Sería deseable que el ejemplo de este pacto político remueva voluntades y destruya barreras en varios órdenes o sectores de la vida nacional, a fin de que el trabajo conjunto y patriótico inspire las grandes transformaciones, en la esfera del Estado y fuera de este, que Costa Rica requiere urgentemente ya y de cara al siglo XXI.

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