En la reunión del Comité de Operaciones de Mercado Abierto, la Fed decidió mantener inalterado el rango de sus tasas de interés (colocaciones a corto plazo) ubicado entre un 0,25% y un 0,50%

 2 mayo, 2016

Una de las instituciones mejor manejadas técnicamente es el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed). La última decisión sobre sus tasas de interés, la semana pasada, lo reconfirma. Sus efectos se extenderán sobre las economías de los países en desarrollo, incluido el nuestro. De ahí la importancia de analizar su contenido.

En la reunión del Comité de Operaciones de Mercado Abierto, la Fed decidió mantener inalterado el rango de sus tasas de interés (colocaciones a corto plazo) ubicado entre un 0,25% y un 0,50%; es decir, decidió mantener una política monetaria acomodaticia por un periodo más prolongado. Las razones para actuar así se justifican plenamente. Pero también advirtió que, eventualmente, retomaría el curso señalado en diciembre para normalizar su política monetaria. Y es ahí donde nuestros países deben poner sus barbas en remojo.

La macroeconomía es compleja. Influyen muchas variables, algunas de las cuales corren a contrapelo de otras. Al final, a las autoridades les corresponde hacer un ejercicio de valoración. La Fed tiene un doble mandato: controlar la inflación y asegurar el pleno empleo. A veces, ha tenido que escoger el crecimiento (empleo) a costa de una mayor inflación (o a la inversa). En la coyuntura actual, sin embargo, la inflación es baja (menor al 2% fijado como meta interanual) y el crecimiento también (inferior al promedio histórico). La receta correcta es, precisamente, la escogida por la Fed: tratar de elevar simultáneamente las dos variables.

La economía de los EE. UU. se venía recuperando bien, al igual que su mercado de trabajo. Eso motivó el cambio de la política monetaria en diciembre pasado. Pero el último trimestre sufrió una variación preocupante. En vez de expandirse a una tasa interanual del 1,4%, como lo hizo en igual trimestre del año anterior, subió solamente un 0,5% anualizado, según la más reciente información oficial. Eso hizo dudar a Janet Yellen y a sus compañeros de Junta Directiva ( Board of Directors ) sobre la conveniencia de subir las tasas de interés, y decidieron mantenerlas inalteradas. Inacción en este caso equivale a una actuación positiva.

Varios factores influyeron en la resolución. La baja inflación observada durante varios años sobresale entre ellos. En marzo pasado apenas llegó al 0,9% frente al mismo mes del año anterior, por debajo de la meta del 2% anual. Mantener una política monetaria laxa cuando los dos principales indicadores de su mandato apuntan a la baja se justifica plenamente. La baja inflación –dice la Fed en su comunicado– refleja, en parte, la caída anterior en los precios del petróleo y otras materias primas. Y aunque ambos factores confieren mayor capacidad de compra a los consumidores, el excesivo endeudamiento acumulado, la debilidad salarial e incertidumbre sobre el futuro, no se han manifestado en un exceso de demanda agregada y han mantenido bajas la inflación y el crecimiento.

La volatilidad en los mercados de valores, al igual que el pobre desempeño de la economía mundial, principalmente la Unión Europea (1,7%), Japón (0,5%) y Latinoamérica (-0,3%), también influyeron en la decisión. La disparidad entre su política monetaria y la de otros bancos centrales en el mundo, aún más acomodaticia (mantienen tasas negativas de interés) dadas sus bajas tasas de crecimiento, es otro factor influyente. Las exportaciones de EE. UU. también se han resentido ante el bajo crecimiento mundial y cayeron un 2,6% de enero a marzo pasado.

Aunque el mercado de bienes raíces se viene recuperando satisfactoriamente, al igual que la creación de empleos, no se puede afirmar que la economía norteamericana se encuentra bien consolidada. Aún necesita estímulos monetarios. Pero eso no significa que la Fed mantendrá permanentemente esa política acomodaticia. Eventualmente la normalizará. En su comunicado dijo textualmente: “El Comité espera que las condiciones económicas evolucionarán de tal manera que justifiquen aumentos graduales en las tasas de interés. Por algún tiempo, permanecerán por debajo del promedio histórico. Sin embargo, su suerte dependerá de las perspectivas futuras y de nuevas informaciones”.

Varias lecciones importantes se derivan de la actuación de la Fed: ningún banco central debe desentenderse de sus objetivos básicos –inflación y crecimiento– pero, tampoco, ninguno de ellos debe prevalecer sobre el otro. Tan equivocado es sacrificar el crecimiento en aras de una inflación demasiado baja, como disparar los precios para buscar afanosamente niveles de crecimiento y empleo que, por esa vía, tampoco llegarán. El crecimiento depende de muchas variables que giran alrededor de las decisiones públicas y privadas de inversión. Ningún banco central puede hacer milagros. Pero mantener estabilidad de precios y una cantidad de dinero suficiente para combatir las denominadas “brechas del producto” es, sin duda, una contribución muy importante al crecimiento de la producción y generación de empleo. Así deben actuar todos los bancos centrales. En lo que toca a nuestros países, posponer la subida en las tasas de interés continuará dándonos un respiro ante la eventual volatilidad en los flujos de capital y los tipos de cambio cuando llegue el momento de normalizar la política monetaria norteamericana.