Opinión

EDITORIAL

Vuelco al pasado

Actualizado el 15 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Caracas dio un salto al pasado cuando los despotismos latinoamericanos pretextaban revoluciones y golpes como excusa para prolongar su mandato

A la hora de las realidades, Maduro carece de los recursos necesarios para perpetuar su poder, salvo los medios represivos a su alcance

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Nicolás Maduro endureció esta semana su retórica contra Washington luego de que, el lunes, la Casa Blanca anunciara sanciones contra siete funcionarios venezolanos, seis de ellos generales, cuyas cuentas bancarias en los Estados Unidos fueron congeladas.

La administración norteamericana también prohibió el ingreso de los funcionarios a Estados Unidos e impuso nuevas sanciones económicas a Venezuela.

Maduro soslayó una respuesta directa al presidente Barack Obama, quien advirtió el lunes que Venezuela se ha convertido en una amenaza “inusual y extraordinaria” para Estados Unidos. El mandatario venezolano recurrió a una pieza retórica que tomó dos horas de transmisión y marcó el inicio de una sesión para obtener del parlamento la legislación habilitante “para combatir el imperialismo”.

Aunque nadie sabe con certeza el resultado de la gestión, los poderes pedidos al parlamento son muy generales, aptos para conceder al gobernante amplios espacios de acción. La fórmula abierta tiende a apuntalar el control interno mediante la legalización de los excesos del régimen. El objetivo es reprimir el agitado frente interno para sostener la autocracia.

El planteamiento hace temer nuevos embates represivos, como los sufridos por jóvenes manifestantes, muertos y heridos en los últimos meses a manos de los cuerpos de seguridad estatal, ahora autorizados mediante decreto a imponerse con armas de grueso calibre.

La reacción política y económica a las medidas de Washington fue anunciada en cuestión de horas por Maduro, seguida por plenarios complacientes, dedicados a discutir la petición de amplios poderes del Ejecutivo y a respaldar a Maduro con extensos ejercicios retóricos. Ya el martes estuvo listo el guion. El primer acto tangible es un intenso programa de maniobras militares anunciadas para ayer sábado, con el fin de preparar la defensa de Venezuela ante una supuesta invasión norteamericana.

La reacción pretende elevar la figuración mundial de Maduro al tiempo que anuncia más represión en el frente interno, pero constituye un salto al pasado, a los años cuando los despotismos latinoamericanos pretextaban revoluciones y golpes como excusa para prolongar su mando.

La reacción de Caracas pronto encontró eco en los países afines a su gobierno, que de inmediato dieron crédito a la supuesta confabulación de Washington y protestaron por la victimización de Venezuela sin preguntarse por el origen de los fondos depositados en las cuentas congeladas y, mucho menos, por las actuaciones de los funcionarios sancionados, especialmente en la represión de las protestas cívicas. El mismo coro guarda silencio ante los actos represivos y, con frecuencia, reproduce los alegatos de Caracas sobre conjuras económicas y políticas, sean de Washington o de la “burguesía” local.

El régimen venezolano difícilmente conseguirá prorrogarse indefinidamente. La gravísima situación económica aflige a la población. La delincuencia, la inflación y la desaparición de los artículos de primera necesidad de los anaqueles de los comercios son dramas cotidianos. Las acrobacias con los tipos cambiarios solo profundizan la tragedia.

A la hora de las realidades, Maduro carece de los recursos necesarios para perpetuar su mandato, salvo los medios represivos a su alcance. Por eso es necesario un ejercicio diplomático efectivo, respaldado por un bloque auténtico de democracias latinoamericanas, a fin de impedir consecuencias sangrientas y exigir que al pueblo venezolano se le permita definir su destino por medios pacíficos y democráticos, sin temor a la represión camuflada con alegatos de invasiones, subversiones y boicots.

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