Opinión

EDITORIAL

Victoria justa en Myanmar

Actualizado el 15 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

A pesar del triunfo contundente de la democracia, la experiencia aconseja prudencia al ponderar el resultado

La nación de 55 millones de habitantes y un ingreso per cápita de $1.400 está urgida de modernizar la economía

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Las elecciones parlamentarias de Myanmar, la histórica Birmania, celebradas el domingo pasado, le han proporcionado una demoledora victoria a la opositora Liga Nacional para la Democracia (NLD) que lidera la famosa dirigente Aung San Suu Kyi. No obstante, a pesar del triunfo contundente en las urnas, la experiencia aconseja prudencia al ponderar el resultado democrático.

La nota de cautela se comprende mejor con vista en la magna victoria obtenida por Suu Kyi y su agrupación en los comicios de 1990, no menos aplaudidos y festejados que los presentes. Los omnímodos generales simplemente desconocieron la elección y mandaron a prisión a los gestores del sufragio. Suu Kyi, gracias a la fama y a la admiración mundiales que ya disfrutaba, obtuvo la clemencia de un arresto domiciliario. En 1991 también recibió el Premio Nobel de la Paz.

Es posible que ante la presente victoria los generales hayan sopesado los imperativos políticos y, en especial, económicos del país. Además, los uniformados todavía poseen las principales llaves de su reino. No solo controlan las Fuerzas Armadas sino también, entre otras palancas, la cuarta parte del Parlamento, la Policía y las carteras ministeriales e instituciones concernientes al manejo interior de la nación. Es decir, parecen gozar de una coraza a prueba de sufragios. También es conocido el poder económico de los generales que, por medio de una cadena de sociedades anónimas poseen una gran influencia en Myanmar.

Para ser un sistema justo, acorde con la trascendencia del reciente torneo democrático, a Suu Kyi le debería corresponder el cargo de presidenta del país. Tal desenlace lo impide la Constitución, la cual además especifica que le está vedada ejercer la presidencia por haberse casado con un extranjero –inglés– y tener hijos foráneos, en este caso británicos.

Es evidente que los constitucionalistas del régimen subestimaron el caso de una postulante con influencia global que podría ejercer el poder político e institucional desde su curul en el Parlamento o desde fuera de él.

En el ámbito económico, el régimen militar no tuvo relaciones armoniosas con China, su poderosa vecina, a pesar de sus lazos comerciales y, sobre todo, la realización de adelantos en la infraestructura. Myanmar ha dado en los últimos cinco años un viraje hacia Estados Unidos, limitado tan solo por las exigencias de Washington con respecto a mejorar los derechos humanos. Cabe destacar que el presidente norteamericano, Barack Obama, ha visitado Myanmar en dos ocasiones, y en ambas se reunió con Suu Kyi.

Para esta nación de 55 millones de habitantes y un ingreso per cápita de $1.400, además del desarrollo político democrático, es urgente modernizar la economía y mejorar las limitadas finanzas hogareñas. Otro aspecto fundamental que podría definir el futuro nacional son los recursos naturales. El país posee abundantes reservas de petróleo, hierro, cobre y una larga lista de productos valiosos, como el mármol.

Sin embargo, traducir las riquezas naturales en mayores ingresos familiares exigirá avanzar con mayor ímpetu en el desarrollo político e institucional del país y atraer una fuerte inversión extranjera. Los cruciales adelantos democráticos deberán consolidarse, lo cual no será nada fácil dada la preeminencia de los generales en todos los ámbitos del país.

Con todo, el mundo debe celebrar las recientes y, por el momento, exitosas elecciones cuyos resultados deben alentar el avance de esta nación, merecedora de una vigorosa democracia.

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