Opinión

EDITORIAL

Tragedia en tres actos

Actualizado el 27 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Los últimos dos años de historia del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) son una tragedia en tres actos

La trocha fronteriza, el puente de la pletina y el cráter de la General Cañas son hitos de un drama que no debe continuar

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Los últimos dos años de historia del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) son una tragedia en tres actos. Hay suspenso, desenlaces sorpresivos y algo de humor. La puesta en escena es inobjetable y, a falta de diligencia de nuestro crítico de teatro, la reseña encuentra espacio en un editorial.

Acto primero: El puente de la pletina

Situada en un marco escenográfico concreto y disfuncional, en tonalidades de gris, la puesta en escena promete la continuidad de motivos bien conocidos. El espectador renuncia a la posibilidad de una sorpresa. El nudo de la trama no puede ser deshecho, como bien demostrado lo tiene la experiencia. La tensión dramática está ausente y la expectativa se reduce a esperar el anuncio del próximo fracaso.

Es materia de tragedia clásica. El destino está marcado desde el primer acto y solo habrá sorpresas en el camino hacia el desenlace anunciado. Desde la silla del director, Conavi ha tendido una trampa: Los hechos se suceden con vertiginosa rapidez y el espectador se ve sorprendido por la prontitud del desenlace. Pasados diez días desde la inauguración de reparaciones valoradas en $4 millones, el puente vibra y el cemento de las rejillas de acero se empieza a desmoronar.

La sorpresa saca al auditorio del sopor inducido por la falsa previsibilidad insinuada, al subir el telón, mediante la escenografía. Se restablece la tensión dramática. Los personajes se enfrentan, el diálogo cobra dinamismo y el sacrificio de la directora de Puentes expía las culpas de la colectividad. El tiempo transcurre y el ritmo decae en preparación para la celada final: un regreso al punto de partida al precio de otros $6 millones.

El puente volverá a tener una losa de concreto y, a estas alturas del drama, los protagonistas reconocen la necesidad de reforzarlo. El coro, magistralmente interpretado por el Colegio de Ingenieros y el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales de la Universidad de Costa Rica, lo había advertido.

Segundo acto: La trocha fronteriza

El ambiente es bucólico, inmerso en la feracidad de la naturaleza tropical. Se escucha, desde el norte, el rumor de un caudaloso río. Las vociferaciones de un deus ex machina sandinista contribuyen a precipitar los acontecimientos. Conavi incursiona en el teatro experimental. En apariencia, no hay estructura. Los hechos conforman un caos.

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Las intenciones son buenas y la improvisación necesaria,pero el espectador presiente que no a tales extremos. Su intuición se ve recompensada cuando aparecen los primeros actos de corrupción, seguidos por la súbita revelación del más pavoroso descuido.

No hay control sobre los contratos ni diseño previo de planos. Falta un levantamiento topográfico para definir la ruta más conveniente, no hay planificación de cunetas, alcantarillas y pasos sobre los ríos. Hay taludes con pendientes excesivas y curvas peligrosas. El auditorio se indigna y, entonces, llega el invierno. Las fuerzas de la naturaleza desnudan las falencias humanas y preparan el ambiente para el tercer acto.

Tercer acto y ¿final?: El cráter de la General Cañas

La naturaleza conserva su protagonismo. El ambiente creado por las torrenciales lluvias es violento y sombrío. Una alcantarilla socava el camino por donde habrán de transitar los personajes y, sin sospecharlo, también el auditorio.

De pronto, en una pincelada de surrealismo, aparece el cráter. Conavi clama contra la inclemencia de los elementos. Todo parece imprevisible. En eso radica la originalidad. Primero, la sorpresa y, luego, el coro informa al público de que no hay razón para extrañarse. Un empresario lo había advertido años atrás y nada hizo el protagonista para evitar tan cruel destino.

Conavi intenta silenciar al coro. El Ing. José Luis Salas Quesada, director ejecutivo a. í. , convincentemente interpretado por sí mismo, recuerda a los funcionarios un supuesto deber de confidencialidad y las sanciones aplicables al infidente.

El conflicto se zanja con una retractación y un par de puentes bailey . Cae el telón y el público se aleja del espectáculo con una pregunta en mente: ¿continuará?

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