Opinión

EDITORIAL

Tormenta en Ucrania

Actualizado el 15 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Las presiones de Rusia dieron al traste con la pretensión de los ucranianos de integrarse a la Unión Europea

Llegado el momento, el mundo debe interponerse para exigir a la Rusia de Putin el respeto debido a Ucrania, una nación soberana

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Víctor Yanukovich es un mago de la política. El presidente ucraniano suele desplegar sus oscuras artes con colegas extranjeros, con figuras prominentes del ámbito nacional y hasta con parientes y amigos. La más reciente exhibición de sus facultades le ha permitido a Ucrania pedir su ingreso en la Unión Europea (UE) y, luego, retirar la solicitud para prometer al mandatario ruso Vladimir Putin que pronto concretará los trámites de ingreso a la zona de libre comercio dirigida por Moscú.

Cuando la noticia del giro fue conocida, los ucranianos se lanzaron a las calles para protestar por el extraño trueque. Bien entendieron que el retiro de la UE significa el cierre de las avenidas de prosperidad europea. Si eso era grave, no lo era menos el extraño trato con Putin.

El mandatario ucraniano, tratando de aplacar los ánimos de los manifestantes en Kiev y otras importantes ciudades, esgrimió la excusa de los millones prometidos por Putin para descarrilar el viaje a Bruselas.

Sin embargo, bajo presión de las protestas, recibió el miércoles pasado la visita de Catherine Ashton, comisionada de Política Exterior de la UE, a quien invitó para plantearle de nuevo la solicitud de ingreso, pero ya los manifestantes están curados de cuentos. Ahora demandan el retiro de Yanukovich y sus principales funcionarios. A estas alturas, el mandatario está por caer de la cuerda floja. Ucrania necesita $18.000 millones para cubrir deudas inmediatas, pero solo la UE y sus instituciones podrían considerar semejante trato.

El país está sumido en una tormentosa redefinición de su futuro político. La república democrática nacida hace nueve años fue resultado de la Revolución Naranja, que sacudió al Este del mapa europeo. En los primeros pasos por la ruta de la democracia, emergieron partidos políticos pluralistas para competir por integrar el Parlamento y regir los destinos de la nación desde la Presidencia.

Conforme al arreglo entre las dos principales figuras de la dinámica transformación, Yulia Tymoshenko, dama de excepcional inteligencia y verbo, y Yanukovich, ganador de las elecciones presidenciales celebradas después del ajuste político, ella ocuparía el cargo de primera ministra. Sin embargo, las distancias ideológicas conspiraban contra el éxito del pacto.

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Así quedó sembrada la semilla del sonado conflicto entre los dos jefes de la transición. Al culminar el período presidencial en el 2012, Yanukovich, de vocación populista, venció a la más conservadora Tymoshenko en unas elecciones donde se reflejaron profundas diferencias en torno a los programas de renovación económica. Los resultados también reflejaron el complejo mosaico social de Ucrania, repleto de diferencias étnicas, religiosas y culturales.

La confrontación se agudizó con las acusaciones judiciales del Estado contra Tymoshenko, que culminaron con el envío de la ex primera ministra a prisión para cumplir una severa condena de siete años. Una segunda acusación, derivada de la primera, agravó el polémico castigo.

La exmandataria fue acusada de abuso de poder y malversación por un contrato con la compañía rusa de gas Gazprom, que los jueces estimaron lesivo para los intereses de Ucrania, pero la sentencia despertó protestas internas y repudio internacional por dudas sobre el procedimiento y evidencias de una fuerte carga política

La causa judicial pasó a convertirse en una lucha por la libertad y la democracia. La Unión Europea puso en espera su acuerdo de cooperación con Ucrania y las manifestaciones en las principales vías de Kiev convocaron a nutridos grupos de ciudadanos.

La incorporación de Ucrania a la UE era de altísima urgencia, particularmente por la crisis económica que la abate. La reapertura de las negociaciones fue vista con esperanza por la población y, cuando Yanukovich dio marcha atrás, la percepción en Ucrania y el mundo fue la de una indebida presión rusa para mantener al país en su órbita. Sin Ucrania, con 48 millones de habitantes y una industria próspera, Rusia pierde la esperanza de revivir su sueño neoimperial en la región.

Yanukovich intentó suplir las deficiencias de la ayuda rusa, limitada al refinanciamiento de la deuda petrolera, con un megaempréstito chino, pero parece estar lejos de lograrlo y la vocación europea de los ucranianos se manifiesta con fuerza en las calles.

Frente a la crisis, los voceros del Gobierno, además de ofrecer conversaciones con los manifestantes, sugieren celebrar elecciones a corto plazo. Una salida democrática, aunada a la rectificación de los abusos cometidos contra Tymoshenko, podría sentar las bases para una decisión soberana de Ucrania sobre su integración a la Unión Europea. Llegado ese momento, el mundo debe interponerse para exigir a la Rusia de Putin el respeto debido a una nación soberana.

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