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Tesoros de la humanidad

Actualizado el 03 de julio de 2014 a las 12:00 am

La declaratoria de nuestras esferas precolombinas como patrimonio mundial le concede a la zona sur el lugar central que merece dentro de nuestro patrimonio cultural

La Unesco destaca tanto el ‘valor universal excepcional’ de las piezas como la relevancia histórica y cultural de los sitios que las albergan

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Las esferas precolombinas de piedra han despertado una creciente fascinación desde su descubrimiento en las fincas bananeras de la zona sur, hace 75 años, y ahora ingresan en la Lista de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Esta es la primera vez que la arqueología costarricense recibe este reconocimiento internacional como resultado de un esfuerzo de décadas por investigar y valorar nuestra herencia indígena en el contexto de la América antigua.

Con su declaratoria, la Unesco destaca tanto el “valor universal excepcional” de las piezas como la relevancia histórica y cultural de los sitios que las albergan. Finca 6, Batambal, Grijalba 2 y El Silencio, en el cantón de Osa, Puntarenas, “ilustran la complejidad de las estructuras políticas, sociales y productivas de las sociedades jerárquicas precolombinas".

Las esferas costarricenses son únicas en el mundo y su rara perfección, cantidad y tamaño, que va de los diez centímetros a casi los tres metros, hizo que durante mucho tiempo fueran vistas como objetos decorativos. Cientos de ellas se movieron de su emplazamiento original y, aún en la actualidad, pueden hallarse en jardines públicos y privados. Sin embargo, tanto o más fascinante que las esculturas mismas es lo que nos dicen de los grupos humanos que fueron capaces de construirlas y atribuirles un carácter simbólico.

La decisión de la Unesco, y el conocimiento en que se sustenta, pone fin al mito de que nuestro país no tiene un extraordinario legado precolombino del cual sentirse orgulloso. Como declaró el presidente de la República, Luis Guillermo Solís: “El patrimonio cultural arqueológico de un pueblo es fundamental, no solo porque representa un momento determinado en su historia, sino que es fundamento innegable de su memoria, un espejo a través del cual podemos mirar la grandeza de nuestro pasado”.

Los cacicazgos precolombinos del delta del Diquís, la cuenca hidrográfica más extensa del país, alcanzaron un alto nivel de evolución técnica, artística y constructiva, comparable al de otras civilizaciones avanzadas. Este desarrollo les permitió trasladar enormes piedras, tallarlas hasta lograr una circunferencia perfecta, a pesar de su dureza y características materiales, y alinearlas en complicadas formaciones que han alimentado las más variadas especulaciones e hipótesis científicas.

Los asentamientos cacicales incluyen montículos, calzadas, caminos, muros y cementerios que están entre las estructuras arqueológicas más importantes del sur de Centroamérica. Su inclusión en la Lista de Patrimonio Mundial no asegura automáticamente su salvamento, sino que, por el contrario, implica un compromiso aún mayor de nuestro país por asegurar la conservación de los sitios escogidos y ponerlos a disposición del público.

La tarea que tiene Costa Rica en este campo es enorme. Aparte del Monumento Nacional Guayabo, son muy pocos los sitios arqueológicos accesibles a la población, ya que la mayoría se ubica en fincas o instituciones privadas, sin infraestructura adecuada. La declaratoria de la Unesco le concede a la zona sur el lugar central que merece dentro de nuestro patrimonio cultural. Ahora es tarea de las autoridades locales y nacionales involucrar a las comunidades vecinas en un modelo de turismo sostenible que convierta al Diquís en un destino atractivo.

Posiblemente, las esferas precolombinas nunca revelen del todo su poderoso e inagotable secreto. ¿Qué representaron para nuestros ancestros? ¿Símbolos de prestigio social, marcas funerarias o urbanas? ¿Mapas del espacio? Testigos mudos de una cultura extraordinaria, estos enigmas de piedra nos llevan a reencontrarnos con el pasado y nos tienden un puente hacia el futuro.

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