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Sorprendente alianza

Actualizado el 06 de julio de 2014 a las 12:00 am

Una extraña coalición de Estados Unidos, Rusia, Siria e Irán enfrenta al califato de ISIS en Irak

El grupo radical, relativamente nuevo, ha logrado imponer su mando en la frontera con Siria y avanza por el centro de Irak

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La crisis en Irak creó una sorprendente alianza entre potencias por mucho tiempo rivales. Quizás esta naciente coalición de Estados Unidos, Rusia, Siria e Irán sea el modelo hacia el cual se orienta la política internacional, o sea, un esquema en que las diferencias ideológicas ceden ante las emergencias vitales en naciones de importancia estratégica.

El beneficiario de esta asociación, Irak, durante dos décadas fue tutelado por Estados Unidos en un teórico camino a la democracia tras la caída del régimen de Saddam Hussein, en el 2003. Hussein había tomado el poder en los años 80 mediante sucesivos golpes militares y aventuras bélicas externas que condujeron a una infructuosa y prolongada (8 años) guerra con Irán. Posteriormente, Hussein intentó apoderarse de Kuwait, pero debió desistir y su maltrecho ejército rendirse a las fuerzas de Estados Unidos. El ejercicio dictatorial no se negó al uso de armas químicas y el exterminio de curdos y otras minorías iraquíes (1988).

Hussein se vanagloriaba públicamente de haber desarrollado armas nucleares. Esta jactancia y sus cruentos antecedentes, en la atmósfera mundial generada por los trágicos eventos del 11 de setiembre del 2001, motivaron la invasión estadounidense (2003) y el posterior camino de una reconstrucción nacional. Moscú devino en uno de los más estridentes adversarios de la invasión, visible, sobre todo, en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde, con su veto, frustró los intentos de la administración de George W. Bush por obtener respaldo para las acciones militares en Levante.

El período posbélico de construcción nacional en Irak se ha caracterizado por las pugnas sectarias y miles de muertos, así como por el creciente imperio del terrorismo mundial. Las elecciones legislativas del 2005 produjeron un nuevo Gobierno (2006), cuyo primer ministro, el chiita Nuri al Maliki, impuso un sectarismo discriminatorio de la población sunita que ha fracturado la unidad nacional esperada.

Esta situación hizo crisis en meses recientes debido al ímpetu invasor y destructivo del ISIS –por sus siglas en inglés– del Estado islámico de Irak y Siria, desprendido de Al Qaeda. Este grupo, relativamente nuevo, original de Siria, dotado de importantes recursos de armamento y dinero, e identificado como sunita, ha logrado imponer su mando en la frontera iraquí con Siria. Asimismo, ha avanzado hasta el centro de Irak. A su vez, la guerra civil siria ha producido una división territorial de orden sectario, allanando así barreras al ISIS.

El ISIS, autodesignado como el coránico califato, ha impactado también la endeble estructura política de Irak. El Ejército de ese país ha colapsado en sus enfrentamientos con los yihadistas, abandonando armas y uniformes en su deserción. Los aviones F-16 proporcionados por Estados Unidos no pueden ser entregados debido a la ausencia de pilotos calificados. Igual tropiezo ocurre con los cohetes “inteligentes” que, además, Washington teme que podrían ser utilizados por el gobierno de Maliki contra sus enemigos políticos.

Por otra parte, tanto Rusia como Irán han despachado modelos desactualizados de aviones, además de armamentos solicitados por Maliki. La dictadura siria ha enviado armas. En el caso de Irán, se sospecha que también ha proporcionado combatientes de sus tropas revolucionarias.

Cada uno de los Gobiernos contribuyentes tiene motivaciones políticas. Rusia, por sus gastados delirios zaristas y porque juega en una multiplicidad de escenarios. En este sentido, la situación le sirve para mantener sus lazos con el Tercer Mundo. Siria envía lo que ha obtenido de sus padrinos rusos e iraníes, pero, ante todo, prevalecen sus motivaciones regionales para la posguerra.

En el caso de Estados Unidos, aunque el presidente Obama habría preferido no inmiscuirse en este ni en ningún otro conflicto bélico, miembros y dirigentes de las bancadas en el Capitolio se muestran en favor de ayudar a Irak. Asimismo, se acercan las elecciones de medio período y quizás la cooperación con Irak gane puntos entre algunos votantes.

El tema de los miles de soldados norteamericanos sacrificados en Irak tampoco deja de golpear a la Administración. El resultado ha sido el despacho de los F-16 y los misiles, entrabado por los problemas logísticos antes señalados. Además, unos 500 asesores en materia de seguridad y comunicaciones van de camino a Bagdad.

El fenómeno de la inédita alianza produce algunos resultados positivos, aunque limitados. El éxito realmente deberá ser demostrado por Irak, un país que necesita, ante todo, superar los sectarismos que lo han debilitado.

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