Opinión

EDITORIAL

Sorprendente alcance del narcotráfico

Actualizado el 02 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Hay delincuentes dispuestos a saquear nidos de tortugas con un arma en la mano a cambio de recibir pago con drogas.

En algunos poblados de Talamanca, la influencia del narcotráfico interfiere con el sistema educativo, según denuncias de los maestros

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Mauricio Vargas, biólogo del Servicio Nacional de Guardacostas, es también un hombre versado en diversas modalidades de delincuencia. No es un policía, pero su empeño profesional a favor de las tortugas marinas lo obliga a pensar en asaltos y tráfico de drogas, más allá del delito ecológico que tiene a los reptiles en peligro de extinción.

La relación entre los tres ilícitos es asombrosa. Para saquear un nido y vender los huevos a ¢500 cada uno, los delincuentes están dispuestos a poner un arma en la sien de un joven voluntario. Así sucedió en la playa de Moín y la víctima fue un investigador científico, dedicado en el momento del asalto a vigilar el desove de una tortuga.

La relación entre el asalto y el delito ecológico queda aclarada con el incidente, que por desgracia no es único. Ninguno de los 30 voluntarios del 2012 regresó a cumplir su noble misión este año. La inseguridad es demasiada y no se les puede pedir enfrentar el riesgo.

Es difícil imaginar la disposición a saquear un nido de tortuga a mano armada, pero el vínculo entre el narcotráfico y el delito ecológico es todavía más extraño: los delincuentes reciben el pago en especie. A fin de cuentas, el voluntario tuvo una pistola en la sien a causa de algunas dosis de droga.

La situación ilustra el alcance del narcotráfico, llamativo cuando afecta las altas esferas de la política y la empresa, pero igualmente constatable en los más insospechados ámbitos de la realidad nacional, como el saqueo de nidos de tortugas marinas. La relación entre el tráfico de estupefacientes y otras formas de delincuencia es bien conocida. La tercera parte de los homicidios en Costa Rica deriva del comercio de drogas. No deja de sorprender, sin embargo, el nexo entre el negocio de los estupefacientes y una actividad otrora coto de humildes habitantes de las zonas costeras, no menos dañinos para el ambiente, pero incapaces de lograr sus propósitos a sangre y fuego.

En algunos poblados de Talamanca, la influencia del narcotráfico interfiere con el sistema educativo, según denuncias de los maestros. La educación y sus difusores estorban a los delincuentes.

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Prefieren a las poblaciones aisladas, sin alfabetización ni visitas de funcionarios estatales. El sistema educativo representa al Estado en regiones donde no todos sus servicios alcanzan a plantar banderas. Por eso los traficantes intentan ahuyentar a los maestros y queman las aulas.

Las poblaciones indígenas ubicadas en zonas deprimidas colaboran en la siembra de marihuana a cambio de productos de primera necesidad. Reciben de los traficantes la semilla, asumen el riesgo de la siembra y canjean la cosecha por alimentos y otros bienes básicos.

En Guanacaste, una región completa vivió, hace años, un boom de la cocaína cuando un cargamento lanzado al mar comenzó a aparecer en las costas, impulsado por la marea. El impacto social de la bonanza fue inmediato y graves sus consecuencias para la zona.

El narcotráfico no es solamente un problema de los grandes mercados consumidores, como Estados Unidos y Europa, ni es en ellos donde se producen sus peores efectos. Tampoco es un flagelo exclusivo de las naciones productoras. Los países de tránsito, como a menudo se ha descrito al nuestro, son también consumidores y el impacto del tráfico va más allá de la corrupción necesaria para asegurar el paso de la droga.

Los saqueadores de nidos de tortugas no procuran acumular grandes cantidades de estupefacientes para enviarlos a terceros países. Consiguen cuanto pueden y como pueden para consumirlo o venderlo al menudeo en el mercado local. Es un factor por tomar en cuenta cuando se discuten proyectos de cooperación internacional, como el patrullaje conjunto con los Estados Unidos. El equipo puesto a disposición de esas operaciones defiende a la sociedad que lo envía, pero también a la nuestra.

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