| EDITORIAL

Semana de prodigios

En diversos escenarios se abrieron nuevas avenidas de amistad y esperanza, no solo en la política, sino también en el ámbito de los asuntos espirituales

Se alejó la posibilidad de un ataque estadounidense en Siria, el Papa habló de tolerancia y el nuevo presidente Iraní tuvo gestos cordiales hacia judíos y estadounidenses

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Esta última semanaserá vista por los historiadores y analistas del mundo entero como un período portentoso. En diversos escenarios se abrieron nuevas avenidas de amistad y esperanza, no solo en la política, sino también en el ámbito de los asuntos espirituales.

La semana anterior comenzó con un belicoso proyecto del presidente estadounidense Barack Obama, en represalia por la masacre de centenares de personas, incluyendo niños, perpetrada por el aparato militar del déspota sirio Bashar el Assad.

Luego de celebrar discusiones estériles en el Consejo de Seguridad de la ONU, Obama se encontraba en vísperas de un bombardeo dirigido a pulverizar un importante sector del aparato militar sirio. Todo lo harían por control remoto los rectores castrenses de Washington, sin necesidad de poner botas estadounidenses sobre el terreno.

Súbitamente, saltó al cuadrilátero el Kremlin, personificado para la ocasión por su ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, quien de la manga sacó un plan de paz para someterlo a la ONU. Desde luego, el proyecto ponía en el congelador el plan de Obama. Ya por la noche del lunes los medios de comunicación dieron la nueva de que el plan bélico de la Casa Blanca yacía en retiro.

A partir de ese momento, la temperatura internacional bajó y todo quedó en manos de diplomáticos. Obama retornó a sus tareas políticas usuales, en tanto el secretario de Estado, John Kerry, tomó el control diario del drama en la ONU, centrado en sus diálogos con Lavrov.

Ahora, el esfuerzo se dirige a aunar aliados para las decisiones sobre Siria que en los próximos días deberá conocer el Consejo de Seguridad de la ONU. Sobre este ángulo floreció una iniciativa para el desarme sirio que incluye las armas nucleares y químicas, valoradas por Assad en mil millones de dólares. Este último anuncio dejó un aroma de codicia en torno al posible retiro del gobernante sirio, pero, en todo caso, Washington y Moscú ya han arribado a un acuerdo sobre el arsenal.

En otro frente, la semana también amplió perspectivas sobre la paz espiritual. A la altura del jueves, el papa Francisco subrayó en una entrevista que no debe haber juicios apresurados sobre la vida personal de los individuos. A este respecto, rehusó condenar a los homosexuales y a quienes cometen abortos.

En la entrevista, el Papa resaltó la urgencia de que la Iglesia se concentre en curar heridas y acercarse a los corazones de los fieles. Asimismo, reiteró la prioridad de que “los ministros del Evangelio sean capaces de caldear el corazón de las personas”. De la misma manera, resaltó que “el pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios clérigos de despacho”.

Al tiempo que el Papa subrayaba aspectos cruciales de las necesidades espirituales, los reportajes de la prensa internacional revelaban el papel central de Siria, con apoyo iraní, en la proliferación de frentes armados de combatientes chiitas.

Las publicaciones sobre el tráfico armado sirio-iraní-chiita, que es fácil constatar a la luz de los incontables grupos fanáticos chiíes en Irak, también subrayan la relevancia crucial de Irán en el plano armado del conflicto en Siria. Ambos son temas de particular preocupación en Estados Unidos.

A pesar de eso, la semana de portentos registró gestos amistosos del recién electo presidente de Irán, Hassan Rouhani, que contrastan con la manifiesta hostilidad del exmandatario Mahmoud Ahmadinejad. En especial, sobresalen los saludos del Año Nuevo judío intercambiados entre los respectivos líderes religiosos.

Rouhani también mostró hacia Obama una cordialidad que hace vislumbrar posibles reuniones con ocasión de la Asamblea de la ONU a celebrarse dentro de pocos días. El nuevo clima alimenta grandes esperanzas.

Este desbordamiento de portentos genera esperanzas de un mayor entendimiento entre pueblos y personas, para quienes, a fin de cuentas, hay expectativas de paz y resurgimiento.

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