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EDITORIAL

San José renace de sus cenizas

Actualizado el 04 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Entre el 2010 y este año, se han restaurado algunas de las edificaciones emblemáticas de la arquitectura comercial de la primera mitad del siglo XX

Una ciudad viva, o en proceso de rescate, es un antídoto eficaz en contra de la violencia y de la delincuencia

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Es fundamental el esfuerzo que se ha hecho en los últimos tres años, de forma consistente y programada, por rehabilitar el patrimonio arquitectónico de San José, en un proceso que adquiere rostro visible gracias a la reciente restauración de la antigua botica Solera, en el paso de la Vaca. Como es usual en nuestro país, el salvamento de este edificio tardó casi una década de tortuosas negociaciones para superar los innumerables obstáculos legales, lo que lo hizo objeto de actos vandálicos que terminaron por desguazar el inmueble y complicar aún más su rescate.

Sin embargo, el empeño de la Municipalidad de San José valió la pena y con él le permite devolverle a la ciudad una parte de su herencia. Este proyecto se suma a los que ha desarrollado el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura, con el objetivo de “limpiar” y consolidar el casco histórico de la ciudad.

Además de sus frutos, que saltan a la vista, lo meritorio de este modelo de intervención es que se compromete tanto a instituciones estatales y autoridades locales como a propietarios, inversionistas privados y arquitectos en la recuperación del espacio público y la identidad de la capital.

Como lo demuestra el caso de otras metrópolis, en Latinoamérica y el resto del mundo, la reactivación de los centros urbanos juega un papel preponderante no solo en el desarrollo económico de áreas en riesgo social, sino también en recobrar el sentido comunitario. Una ciudad viva, o en proceso de rescate, es un antídoto eficaz en contra de la violencia y de la delincuencia. Al lado de la recuperación de zonas verdes, áreas peatonales y espacios abiertos, el patrimonio arquitectónico debe verse como una valiosa inversión social.

Entre el 2010 y este año, se han restaurado algunas de las edificaciones emblemáticas de la arquitectura comercial de la primera mitad del siglo XX, que se encontraban “tugurizadas” u olvidadas bajo décadas de abandono, criterios inadecuados de reconstrucción y vandalismo. La Alhambra, el almacén Steinvorth, la casa Jiménez de la Guardia, los edificios Maroy y Herdocia y la antigua ferretería Macaya, conocida en la actualidad como la tienda de artesanías La Casona, han renacido de las cenizas gracias a la intervención del Estado y de sus dueños y forman el puente entre el pasado y el presente de la ciudad.

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A la vez, en el 2011, el Ministerio de Educación Pública invirtió ¢800 millones en el Edificio Metálico, que representa solo una porción del valioso legado arquitectónico que hay en escuelas y colegios nacionales, y entre el 2008 y el 2009 se rehabilitaron el Correo Central y el antiguo Banco Anglo Costarricense, en la avenida central.

En todo proceso de regeneración urbana, como el que se ha intentado impulsar en San José, desde hace una década, la intervención del Estado es indispensable, pero también las alianzas entre el sector público y el privado. La restauración de La Alhambra, en el 2010, se hizo posible gracias al financiamiento del Centro de Patrimonio y de la Junta de Andalucía, pero sus propietarios invirtieron ¢150 millones.

Es elocuente también el caso del edificio Herdocia. La pareja de empresarios colombianos Augusto Posada y Lidia Orozco adquirieron el inmueble, a pesar de su pésimo estado de conservación, porque le vieron potencial para convertirlo en “un espacio para locales comerciales exclusivos, tiendas de ropa de marca, servicios y, ¿por qué no?, un restaurante gourmet en el cuarto nivel”, en el centro de la capital.

San José, después del deterioro urbano que experimentó durante décadas, parece que vuelve a estar “de moda”. La ciudad se ha ido convirtiendo en un foco de atracción turística y comercial y, eventualmente, habitacional. El rescate de su patrimonio arquitectónico y cultural y la regeneración de su espacio público la convierten en un lugar más y mejor habitable.

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