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Salarios en el ICE

Actualizado el 29 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

La institución mantiene intactos los salarios de funcionarios trasladados a cargos de menor responsabilidad luego de ejercer jefaturas

El ahorro pudo haber sido inmediato pero, por temor a las presiones sindicales, la administración decidió confiar la solución del problema al transcurso del tiempo

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El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) mantiene intactos los salarios de funcionarios trasladados a cargos de menor responsabilidad luego de ejercer jefaturas. La decisión la tomaron los administradores a contrapelo de dos dictámenes jurídicos donde se advertía la necesidad de modificar los salarios para no preservar una situación irregular.

La administración decidió mantener los sueldos para “balancear el tema de los sindicatos”, dice Julieta Bejarano, directora jurídica. “Tuvimos mucha oposición de las personas afectadas y eso debía balancearse (…). La Ley General de la Administración Pública nos permite un mecanismo de discrecionalidad”.

Surge, pues, la pregunta sobre el ejercicio de esa discrecionalidad. ¿Existe para la mejor administración y cuidado de la cosa pública o es posible echar mano de ella para hacer gastos innecesarios en beneficio de un clima organizacional insostenible en ausencia de un viraje hacia la austeridad?

Un estudio de los cargos de coordinador y asistente de la administración superior, elaborado en el 2008, propuso una reorganización para impulsar la eficiencia y el ahorro. Desde entonces, el ICE sabía lo que era necesario hacer y, cuando lo hizo, se cuidó de no afectar el gasto, con lo cual derrotó los buenos propósitos del estudio. En adelante, la institución comenzó a eliminar jefaturas innecesarias, pero mantuvo los ingresos de quienes las ocupaban.

El ahorro pudo haber sido inmediato, pero, por temor a las presiones sindicales, la administración decidió confiar la solución del problema al transcurso del tiempo. Los antiguos jefes conservaron sus salarios, no sus funciones, pero no tendrían derecho a aumentos por anualidades y otras razones. Así, poco a poco, llegarían a estar menos sobrevalorados. El costo de emplear ese método no fue revelado pero, tomando en cuenta los altos salarios de la institución y la jerarquía una vez ocupada por los funcionarios afectados, debe ser enorme.

En suma, el ICE tuvo durante años jefaturas innecesarias, se dio cuenta del problema gracias a un estudio ejecutado en el 2008 y hoy, siete años más tarde, apenas se ha movido para resolver el problema, todo en aras de la “convivencia institucional”, la “paz laboral” y “evitar posibles procesos legales”, según un oficio del gerente de Administración, Carlos Dittel, fechado en setiembre.

La directora jurídica defiende la decisión final de invocar “la facultad discrecional del funcionario público en su actividad decisoria”, según su interpretación de la Ley General de la Administración Pública, pese a los dos dictámenes jurídicos que advertían sobre la necesidad de velar por “un correcto reconocimiento salarial, según los puestos desempeñados y por no perpetuar situaciones irregulares”.

“Asumo la responsabilidad”, dijo la funcionaria, pero el costo lo asumimos los costarricenses y la entidad cuyas finanzas, manejadas con excesiva discreción, dejan pocas dudas del imperativo de emprender una profunda reforma, de la cual ya asoman algunas señales de importancia. La administración, según Bejarano, analizó muchos años el asunto y en este momento se decidió tomar medidas.

Las declaraciones las brindó en la sala de sesiones de la institución, de cuyo consejo directivo forma parte, en presencia de un equipo de televisión del ICE integrado por un camarógrafo y su asistente. El costo de esa previsión, según parece, corre también por cuenta de la entidad.

La asesora jurídica niega que la “paz laboral” fuera el único fundamento de la aplicación de la “discrecionalidad”. También había razones de conveniencia institucional y el riesgo de enfrentar demandas, pero la insistencia en evitar conflictos laborales está presente en toda la correspondencia. El temor es mal consejero, especialmente en un barco que hace agua. La salud financiera del ICE exige decisión y valentía. De otra manera, el naufragio será inevitable.

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