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EDITORIAL

Retos económicos para el 2013

Actualizado el 31 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Estimaciones preliminares de los responsables del manejo económico indican que la producción real crecerá menos que el año pasado, entre 3,75% y 4,25%

Si las tasas de interés permanecen tan elevadas en términos reales, incentivarán mayores entradas de capital y podrían afectar los niveles cambiarios

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Retos económicos para el 2013

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La economía costarricense enfrentará grandes retos en el 2013. Algunos provienen del entorno internacional –sobre el cual poco podemos hacer, excepto estar preparados–, pero otros se relacionan directamente con el mercado interno y las políticas económicas para fortalecerlo. El principal de todos los retos es cómo logar las reformas legales y administrativas requeridas, e implementar políticas económicas que podrían resultar impopulares, en un año preelectoral. Hoy nos vamos a referir a algunos de los desafíos, sin pretender abordarlos todos.

Economía internacional. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el 2013, la producción real en los países desarrollados crecerá solamente un 1,5%. El producto interno bruto (PIB) en EE. UU. aumentará modestamente (2,1%), menos que el año anterior (2,2%). Pero en Japón crecerá apenas la mitad (1,2% comparado con 2,2% el año pasado), y en la Unión Europea será mínimo (0,2%).

Estas tasas de crecimiento serán insuficientes para estimular las exportaciones de los países en desarrollo, incluyendo las nuestras. Lo que otrora fue el principal motor de crecimiento real de Costa Rica ha perdido dinamismo. La tasa de expansión de las exportaciones, aunque elevada, ha venido mermando. Pero eso no significa que debamos cambiar de modelo de desarrollo. La apertura ha sido, y es, fundamental para continuar creciendo. Tenemos, sin embargo, que mejorar la productividad para poder competir en los mercados internacionales y poner más atención al mercado local, donde también hay grandes retos por enfrentar.

Producción interna. El Banco Central no ha formulado aún su programación macroeconómica para el 2013. Estimaciones previas de sus jerarcas indican que la producción real crecerá menos que el año pasado (entre 3,75% y 4,25%), pero el vicepresidente de la República, Luis Liberman, parece ser más optimista al estimar que el crecimiento será similar al de este año, entre 4,5% y 5% en términos reales.

Es posible, sin embargo, que la economía finalmente crezca a una tasa más baja, cercana a lo indicado por el Banco Central, habida cuenta del débil entorno internacional, y que el índice mensual de actividad económica (IMAE) ha venido desacelerándose en los últimos meses debido, precisamente, a la menor expansión de la economía mundial. El reto para los hacedores de la política económica, por tanto, es tratar de que la producción se mantenga dentro del promedio histórico para no afectar los índices de empleo y salarios.

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Finanzas públicas . Si la situación fiscal fuera superavitaria, como al inicio de la crisis, o estuviera en equilibrio, sería más fácil reactivar la producción mediante un ambicioso programa de inversiones públicas, incluyendo carreteras, puentes, escuelas y demás. Pero el déficit fiscal se ha mantenido a duras penas alrededor del 4,5% del PIB. El reto, entonces, es doble: por un lado, recomponer la estructura del gasto para dar cabida a mayor inversión y menores gastos corrientes. Y aunque ya el presupuesto nacional se aprobó sin mayores cambios frente al del año anterior, siempre queda la opción de modificarlo mediante presupuestos extraordinarios, si hubiera voluntad política. Pero también deben hacerse reformas a los impuestos sobre la renta, en especial a las empresas y personas con actividades lucrativas, y transformar el impuesto sobre las ventas en uno al valor agregado (IVA). Aunque el 2013 sea preelectoral, el Gobierno debe retomar la iniciativa por el bien del país.

Inflación y tipo de cambio. El programa de estabilización de precios como principal objetivo del Banco Central ha sido parcialmente exitoso. Arrancó bien, en octubre del 2006, mediante la modificación al régimen cambiario y la búsqueda de un nuevo esquema para controlar la inflación, denominado inflation targets (metas explícitas de inflación). Se introdujeron algunas reformas internas para lograr mejores mecanismos de transmisión de la política monetaria, aumentar su efectividad y hacer del manejo de las tasas de interés el principal instrumento de ajuste, junto con la flexibilidad cambiaria para impedir (o reducir) la emisión resultante de la intervención en el mercado y controlar mejor el dinero en circulación.

El Banco Central, sin embargo, no ha logrado todavía un manejo efectivo de las tasas de interés (la tasa básica pasiva ha respondido más al déficit fiscal y captación de los bancos públicos). El sistema de bandas más bien evolucionó hacia un tipo de cambio fijo en vez de un mecanismo transitorio para emigrar a la flotación administrada, esencial para el nuevo esquema de inflation targets . La transición se ha hecho demasiado lenta, y, en algún sentido, se ha retrocedido y se han puesto en peligro las metas de inflación.

La intervención del Banco Central en la banda inferior lo obligó a adquirir cerca de $1.000 millones este año, con lo que aumentó la liquidez por encima de lo programado. Si ahora absorbe la liquidez, aumentará sus pérdidas de operación y la inflación futura; si no lo hace, los precios a corto plazo aumentarán. He ahí un gran reto que debe resolver muy pronto, pues al país no le conviene mantener la incertidumbre cambiaria ni estimular entradas de capital con las altas tasas de interés.

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Ajuste ‘macro’. Los problemas anteriores, principalmente el desequilibrio fiscal, se reflejan en las cuentas externas. El país sufre un desequilibrio macroeconómico importante, equivalente al 5% del PIB, similar al déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Normalmente, ese faltante se equilibraría mediante ajustes en el tipo de cambio, pero, como es sabido, las entradas de capital han permitido financiarlo sin presionar las cotizaciones. La moneda nacional ha terminado apreciándose y afectando la rentabilidad de las exportaciones de bienes y servicios. Obviamente, si la inflación interna fuera menor, también sería menor la apreciación del colón y el perjuicio para los exportadores. La pregunta es cómo enfrentar el problema de las entradas de capital.

Hay dos tipos de entradas de capital: inversión extranjera directa e inversiones denominadas “de portafolio” (bonos, acciones, créditos, títulos valores). Las primeras son las más importantes por su carácter permanente, aporte al crecimiento y generación de empleo. También son las más voluminosas, pues en el año alcanzaron $2.000 millones, equivalente al 5% del PIB. No deben restringirse; más bien, se incentivan fiscalmente desde hace muchos años. Las segundas, en cambio, son más volátiles y pueden ser especulativas, pues tienden a arbitrar entre las rentabilidades interna y externa, donde las tasas de interés desempeñan un papel importante. Y ese es uno de los retos para el 2013. Si las tasas de interés permanecen tan elevadas en términos reales, incentivarán mayores entradas de capital y podrían afectar los niveles cambiarios.

En algunos países se ha tratado de restringir este tipo de entradas de capital, pero la experiencia señala que las restricciones y prohibiciones suelen perder efectividad. Más efectivo sería, por ejemplo, combatir las causas de las elevadas tasas de interés mediante ajustes fiscales y regulación a los bancos estatales para limitar el estrujamiento del mercado financiero local. Pero, en todo caso, el impacto mayor en el tipo de cambio proviene de las entradas directas de capital, que no se deben restringir. En esas circunstancias, la apreciación del colón se debe combatir mediante otros mecanismos, incluyendo incrementos en la productividad, mejoras en la infraestructura, modificaciones al régimen cambiario y, sobre todo, reduciendo las tasas de interés. Ese es uno de los principales retos para el 2013.

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