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EDITORIAL

Reto del transporte urbano

Actualizado el 30 de diciembre de 2013 a las 11:55 pm

El sistema vigente es ‘irracional’ y los planificadores recomiendan un replanteamiento basado en el transporte público, con el 2030 como plazo máximo

Urge cuidar los espacios públicos, descongestionar las vías y atender los problemas de la contaminación sónica y del aire

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El país pierde ¢170.000 millones al año por el caos vial de la Gran Área Metropolitana. El cálculo consta en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos. La valoración toma en consideración el tiempo perdido en los embotellamientos y el gasto excesivo de combustibles.

El tiempo computado no solo incluye el de las personas, sino también el invertido en transporte de bienes cuya entrega es vital para la productividad. El costo de la contaminación del aire fue calculado en ¢12.000 millones. Los accidentes de tránsito generan otros ¢32.000 millones en pérdidas.

Fuera de la estimación económica de cada uno de esos factores, a nadie escapa su efecto negativo sobre la calidad de vida en las ciudades del Valle Central. El estrés, las afecciones pulmonares y los peligros inmediatos de la circulación vial son una parte lamentada pero irremediable de la vida cotidiana.

El sistema de transporte es “irracional”, según los planificadores, que recomiendan un replanteamiento basado en el transporte público y con el 2030 como plazo máximo de ejecución. El sistema actual se excede en el componente de medios privados de locomoción. Entre 1985 y la actualidad, el parque vehicular creció de 180.000 automotores a cerca de dos millones, con aumentos promedio de entre 8% y 12% cada año.

Urge construir pasos a desnivel, ampliar puentes y reorganizar las vías, especialmente en los puntos más congestionados de la capital, pero ninguna de esas medidas dará abasto, si no cambian los patrones de comportamiento y los sistemas de transporte público.

Los autores del estudio, liderado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica con supervisión del Ministerio de Vivienda, recomiendan analizar opciones como el tranvía y los trenes interurbanos. También es preciso adoptar tecnologías más limpias y silenciosas, como lo motores de gas y electricidad, para mejorar el servicio de autobuses y minimizar su impacto ambiental.

El país no debe abandonar la vieja aspiración de descongestionar el casco central de las ciudades limitando el tránsito particular y reordenando el público con un sistema de terminales satélite y sectorización. La idea es permitir el ingreso al centro de la ciudad de una sola línea proveniente de cada sector. Los pasajeros de cada zona serían transportados hasta una terminal de donde partirían hacia el centro en vehículos más grandes.

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Ya existe una línea pionera cuyo funcionamiento demuestra los beneficios del sistema. A la terminal de Autobuses Unidos de Coronado llegan unidades de toda la zona cubierta por la empresa y abordan autobuses más grandes para viajar a San José, sin paradas. “Si estuviéramos trabajando como las demás empresas, no sacaríamos la tarea ni con 100 autobuses. En cambio, con nuestro sistema de troncales, solo necesitamos 40”, dice Paulino Rodríguez, gerente de la compañía.

El precio de la tierra, el aumento de la población y el desarrollo económico orientado hacia la industria y los servicios imponen un cambio cultural profundo y transforman el concepto tradicional de vivienda, barrio y ciudad. Las grandes concentraciones urbanas serán cada vez más densas y compactas, con edificios de apartamentos en lugar del desarrollo horizontal.

Para hacer de semejantes aglomeraciones sitios habitables, es necesario cuidar los espacios públicos, descongestionar las vías y atender los problemas de la contaminación sónica y del aire. Estudios recientes demuestran que el aire de la Gran Área Metropolitana (GAM) alcanzó niveles de contaminación considerados amenazantes para la salud pública. En algunas zonas, las concentraciones de partículas dañinas superan hasta en un 150% los niveles considerados aceptables por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es hora de reaccionar con seriedad.

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