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EDITORIAL

Reto de la oposición venezolana

Actualizado el 09 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Si las recriminaciones mutuas y los personalismos no descarrilan el proceso, la oposición pudo haber ganado un líder, pese a la pérdida de los comicios el domingo

La desunión y el craso error cometido al retirarse de las elecciones parlamentarias del 2005 han facilitado la permanencia del presidente Chávez en el poder

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La victoria del presidente Hugo Chávez en las elecciones del domingo, por margen de diez puntos porcentuales, frustra las esperanzas de la oposición y plantea a sus dirigentes el reto de conservar la unidad a lo largo de un nuevo sexenio en el poder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Henrique Capriles, el candidato derrotado, recibió apoyo del 45% del electorado, pero su liderazgo descansa sobre la incómoda coalición de una veintena de partidos con orientaciones ideológicas dispares y diversidad de personalidades con ambición de poder.

La Mesa de Unidad Democrática (MUD) superó en los comicios del domingo los resultados obtenidos en las elecciones del 2006. Casi dos millones de votantes adicionales respondieron al llamado de Capriles, más comedido y conciliador que el de su predecesor al frente de la oposición, Manuel Rosales.

La desunión opositora y el craso error cometido en las elecciones parlamentarias del 2005, cuando los principales partidos antigobiernistas se retiraron del proceso e invitaron a los ciudadanos a abstenerse de votar, han facilitado la permanencia de Chávez en el poder. El altísimo abstencionismo en aquellos comicios pudo verse, al menos en parte, como efecto del poder de convocatoria de los opositores, pero el precio fue la entrega de la totalidad de la Asamblea Nacional a los candidatos gobiernistas.

Aprendida la lección del 2005, la MUD participó con éxito en las elecciones parlamentarias del 2010. El resultado del voto popular, favorable por escasísimo margen a los candidatos del Gobierno, restableció la presencia de la oposición en el Parlamento, con 65 diputados. El número no refleja la cantidad de votos obtenidos, pues un rediseño de los distritos electorales, hecho a la medida del chavismo, le otorgó 98 legisladores, pese a su estrecha ventaja en las urnas.

El resultado bastó para reafirmar la voluntad opositora y, aunado a la feliz aparición de Capriles en la liza por la candidatura, alimentó la esperanza de destronar al mandatario, cuya presidencia habrá durado 20 años si completa el periodo de gobierno para el cual fue elegido el domingo.

Capriles, a sus 40 años, es una figura fresca, desvinculada de los errores cometidos por los partidos tradicionales que ahora lo respaldan. Es carismático y rehúsa entrar por el aro del violento intercambio retórico al que constantemente invita Chávez. A lo largo de la campaña, enfatizó las razones para cambiar de rumbo sin negar la necesidad de conservar los programas sociales, tan caros a amplios sectores del electorado.

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Frente al empuje del joven candidato, Chávez contó con 16 años de construcción del Estado clientelista y el abuso de los recursos gubernamentales en los meses previos a la votación. Las dádivas a cambio de apoyo electoral no son el único factor de ventaja. En sus largos años de gobierno, el mandatario consiguió acrecentar el número de medios de comunicación estatales hasta crear la cadena de radio, televisión y prensa escrita más amplia del continente.

Los pocos medios independientes que subsisten se vieron obligados, a lo largo de la campaña, a transmitir mensajes publicitarios favorables al Gobierno para cumplir con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte), aprobada en el 2004.

Quien haya seguido el proceso electoral del domingo por el canal Globovisión, habrá visto un mensaje en letras blancas sobre pantalla negra donde la televisora, desafecta al chavismo, advertía que el anuncio transmitido a continuación tenía por único propósito cumplir con la “Ley Resorte”. Luego, la publicidad oficial elogiaba el avance en materia de producción energética, uno de los puntos débiles del Gobierno en un país donde los cortes de fluido eléctrico son frecuentes.

Ninguna de esas prácticas fue objeto de censura por el Consejo Nacional Electoral, integrado por cuatro rectores afectos al chavismo y uno de la oposición. Frente a recursos tan formidables, la derrota de Capriles no parece irremediable. Si las recriminaciones mutuas y los personalismos tradicionales no descarrilan el proceso, la oposición venezolana pudo haber ganado un líder, pese a la pérdida de las elecciones.

Ese sería un gran paso adelante.

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