Opinión

EDITORIAL

Restricción a las entradas de capital

Actualizado el 21 de enero de 2013 a las 12:00 am

Las medidas adoptadas son tardías porque desde hace varios meses economistas nacionales advirtieron el problema sin que las autoridades reaccionaran

En octubre pasado, la presidenta conminó a los bancos estatales a reducir las tasas de interés, pero no tuvo la respuesta deseada

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Las medidas propuestas por el Gobierno para disuadir el ingreso de capitales financieros al país son insuficientes, tardías, y no atacan todas las causas fundamentales del problema. Probablemente no surtirán los efectos deseados, pero son un paso en la dirección correcta.

El problema es complejo y demanda un tratamiento comprensivo. La pregunta obligada es si las autoridades económicas, bancarias y fiscales estarán dispuestas a poner de su parte y complementarlas con otras adicionales, más de fondo, para lograr los objetivos.

¿Por qué se originan los flujos de capitales y cuáles son los efectos que producen en los países en desarrollo, incluyendo a Costa Rica? Las respuestas son bastante claras, aunque las soluciones son más difíciles de implementar.

Las entradas de capital financiero, mal llamadas especulativas por arbitrar entre la rentabilidad relativa de los títulos financieros nacionales e internacionales provocada por los diferenciales en las tasas de interés, se refugian en nuestros países por las políticas monetarias expansivas de los países desarrollados –principalmente EE. UU. y la Unión Europea– donde prevalecen tasas de interés excesivamente bajas. Costa Rica es un destino evidente por sus elevadas tasas de interés en términos reales, provocadas por el déficit fiscal y la política crediticia expansiva de los bancos estatales.

Además, la política cambiaria del Banco Central ha devenido en un tipo de cambio fijo, por lo que prácticamente no hay riesgo cambiario y se asegura una alta rentabilidad a los inversionistas que convierten sus dólares para invertir en moneda nacional. Esas son las razones de las entradas de capital financiero. La cura –si es que resulta posible– estriba en atacar las causas, especialmente las de origen interno.

Las medidas adoptadas resultan tardías porque desde hace varios meses economistas nacionales advirtieron el problema sin que las autoridades económicas reaccionaran. Tuvo que intervenir la presidenta de la República, Laura Chinchilla, para tratar de llenar el vacío. En octubre pasado conminó a los bancos estatales a reducir las tasas de interés. La respuesta inicial del Banco Nacional –el más grande del sistema financiero– fue aducir que no tenía una clara visión de la economía y, luego, el Banco Central soslayó el punto diciendo que el problema no era el nivel de las tasas de interés, sino el diferencial de tasas pasivas entre los públicos y privados. Pero ambos estaban equivocados. La historia le dio la razón a la Presidenta. Las elevadas tasas de interés provocaron entradas de capital financiero por encima de lo estimado por el Banco Central, obligándolo a emitir y poner en entredicho sus metas de inflación y estabilización.

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El nivel de las tasas de interés también es provocado por el déficit fiscal. Y en eso el ministro de Hacienda, Édgar Ayales, bien sabe que un déficit fiscal del Gobierno central equivalente al 5% del PIB estruja el sistema financiero y provoca aumentos en el costo de sus colocaciones. Y sabe también que la coyuntura internacional de bajas tasas de interés en el extranjero estimula entradas de capital que algunos denominan “golondrina”. Ahora, el Gobierno y Banco Central se enfrentan al problema de esterilizar, con un elevado costo, los flujos atraídos por esa rígida institucionalidad.

Creemos que las medidas adoptadas por el Gobierno van en la dirección correcta pues, al menos, les envió una directriz a los bancos estatales para implementar lo que no quisieron hacer cuando la presidenta los conminó. Esperamos que ahora sí actúen de conformidad, pues saben bien que podrían recibir una directriz que limitara su expansión del crédito, sobre todo en dólares, que ha venido creciendo fuertemente.

También pensamos que el Conassif debería adoptar medidas microeconómicas para complementar las acciones señaladas por el Gobierno. Varios países suramericanos lo han hecho con relativo éxito. Aunque no creemos que la solución a los problemas de las entradas de capital debe pasar únicamente por el tamiz de imponer gravámenes y restricciones a los flujos externos, es necesario hacerlo en esta difícil coyuntura internacional.

El tratamiento debe ser más comprensivo. Reducir un punto la tasa de interés, cuando aquí está en un 9% anual y en Estados Unidos en un 1%, podría hacer poca la diferencia. Los capitales podrían seguir entrando, aunque se graven sus utilidades. Es necesario restablecer el equilibrio macroeconómico reduciendo significativamente las tasas de interés para acercarlas, junto con la inflación, a estándares internacionales. Y eso tomará tiempo y mucha voluntad política. Entre tanto, ni al país ni al Banco Central les conviene seguir acumulando reservas y aumentando la emisión por el riesgo inflacionario actual y futuro. Algo tendrán que hacer con el régimen cambiario.

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