Opinión

EDITORIAL

Renacer en Argentina

Actualizado el 29 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

El peronismo, reencarnado en la figura de la presidenta Cristina Fernández, sufrió un severo golpe al ganar Mauricio Macri

Es de esperar que el oscuro manejo de asuntos de alto rango que ha rodeado la presidencia actual empiecen a salir a la atención del público

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En la segunda ronda de las votaciones presidenciales, efectuadas el domingo pasado en Argentina, el peronismo, reencarnado en la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sufrió un severo golpe al ganar Mauricio Macri, empresario y político de centro derecha, aunque también se le califica de liberal.

Macri estuvo en la presidencia del equipo Boca Juniors y era alcalde de la capital, Buenos Aires.

En sus primeras declaraciones, ha manifestado que Argentina no necesita ajuste, sino expansión de la economía y ha anunciado trabajar en aras de crear más empleos. En todo caso, los economistas apuntan también a una disminución de los altos subsidios sobre los servicios públicos dada la caída de los precios de las materias primas que exporta el país.

Sin embargo, no es posible apreciar la magnitud de su victoria contra el peronismo sin un breve vistazo al trasfondo histórico del desenlace que hoy festeja una robusta mayoría de la ciudadanía argentina. Con este nuevo capítulo, llega a su fin el mandato peronista iniciado por Néstor Kirchner en mayo del 2003, quien sentó las bases y orientación internacional de Argentina. El país se sumió después en una grave crisis económica registrando una inflación oficial del 25%, pero calculada en mucho más por técnicos independientes. Néstor murió súbitamente, de un infarto, en el 2010, pero Cristina ya había conquistado la presidencia en el 2007 y esperaba ganarla de nuevo en el 2011, como en efecto sucedió.

Sin el consejo político magistral de su esposo, Cristina intentó afianzar su mando con asesores, dando comienzo a un periodo pintoresco y controversial del acontecer político argentino. Huelgas paralizantes de agricultores, empleados bancarios y trabajadores ferrocarrileros estallaron en el 2009, alentadas por la situación económica. Recordemos que el Fondo Monetario Internacional ya no acepta los datos oficiales de Argentina y utiliza las estadísticas de prestigiosas consultorías que no van a recurrir a la falsificación de los datos.

La adhesión total al populismo chavista condujo a su deslegitimación en los altos círculos de Occidente. Asesinatos violentos, desviación de fondos públicos, persecución de medios y otros quehaceres cuestionables marcaron su caída en las encuestas que, a su vez, impactaron negativamente en los resultados electorales.

Y así llegamos a los comicios presidenciales del domingo pasado, que desbancaron a Daniel Scioli, el perdidoso postulante amparado por Cristina y la maquinaria peronista.

A juzgar por los iniciales nombramientos en su gabinete, Macri procura rodearse de profesionales, empresarios y personalidades ampliamente reconocidas.

Es de esperar que el oscuro manejo de asuntos de alto rango que ha rodeado la presidencia de Cristina Kirchner empiecen a salir a la atención del público. Un solo ejemplo es el proceso en marcha por la explosión del Centro Comunitario Judío en Buenos Aires, que ha involucrado a Irán en su autoría y ejecución. Ahora todo eso resultó suplantado por un trato que absuelve a Teherán, gestado por el canciller Héctor Timerman. Y hay muchísimo más en el bagaje de doña Cristina y su gente.

Como vemos, el resultado de los sufragios conlleva un mandato que debería perfilar luz, apertura y la promesa de limpieza general. Adiós a los frenos impuestos a los medios y, en síntesis, Argentina podrá reintegrarse por la puerta grande al mundo de la libertad y la democracia. Nuestros mejores votos al hermano pueblo argentino.

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