Opinión

EDITORIAL

Reforma fiscal integral

Actualizado el 21 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Sin una reforma fiscal integral, un aumento de impuestos sería un salto al vacío

La adopción de reglas fiscales es un elemento indispensable de la reforma necesaria

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Sin frenos permanentes al gasto público, cualquier aumento de impuestos sería inútil. Esa es la conclusión a la que hemos llegado, compartida también por varios expertos e influyentes dirigentes políticos, luego de analizar la situación fiscal, las propuestas oficiales y la decepcionante historia hacendaria. Sin una reforma fiscal integral, un incremento impositivo sería un salto al vacío.

La historia hacendaria costarricense es una serie de esfuerzos parciales e insuficientes para ajustar los ingresos rezagados al nivel creciente de erogaciones. Cada paquete tributario ha venido invariablemente acompañado de una exposición de motivos donde, de una u otra forma, se asegura una solución permanente al problema fiscal. Pero, al cabo de unos años, la solución se disipa, los gastos aumentan y vuelve el déficit presupuestario a asomar su fea cara.

Aunque en algunos períodos la tasa de crecimiento de los ingresos fiscales ha excedido la de las erogaciones, la regla es que los primeros parten de una base más baja, mientras que las segundas se disparan a partir de una base mayor. Aunque ambas se expandan al mismo ritmo –digamos a la misma tasa real del crecimiento de la economía–, los gastos totales siempre superan los ingresos corrientes, el déficit primario se torna cada vez más negativo, sube el déficit financiero y aumenta la deuda pública como porcentaje del PIB.

Pero si los gastos presupuestarios se expanden a una tasa superior a la de los ingresos corrientes –como sucedió con el presupuesto nacional del 2015– y parten, además, de una base más elevada, la situación se torna explosiva e insostenible. La deuda pública ha venido creciendo muy rápidamente y podría llegar al 60% del PIB en poco tiempo.

En tales circunstancias, ¿se solucionaría el problema fiscal de forma sostenible si se aprueban las medidas tributarias propuestas por el Poder Ejecutivo? La respuesta es negativa. Si se aprobaran las reformas a los impuestos sobre la renta, ventas (IVA) y se redujeran ciertas exenciones y exoneraciones, el monto total a recaudar en un año completo rondaría un 2,75% del PIB, cuando el déficit financiero actual se acerca al 6,7% del PIB. Seguiría habiendo una gran diferencia entre las bases de ingresos y gastos. Y aunque la tasa de crecimiento de ambas variables fuera similar, con el tiempo los nuevos gastos se comerían los ingresos adicionales y habría que transitar el camino hacia un nuevo paquete tributario.

Nada en la legislación actual garantiza que la tasa de crecimiento de los gastos sea igual o inferior a la de los ingresos corrientes para mantener el equilibrio del déficit y evitar la expansión de la deuda pública acumulada en términos del PIB. Para evitar el salto al vacío, sería menester una reforma fiscal integral, muy ajena a la que, hasta ahora, han contemplado las autoridades o la oposición.

Son varios los elementos fundamentales de una reforma fiscal integral. En primer lugar, es necesario aceptar que una solución basada únicamente en nuevos impuestos o una fundada solamente en recorte de gastos, serían insuficientes e inconvenientes desde los puntos de vista económico, social y político. La primera podría producir una fuerte contracción de la economía en detrimento de la producción, salarios y empleo. Además, dejaría inalterada la ineficaz y poco equitativa estructura de gastos, caracterizada por la prioridad a las erogaciones corrientes (dominadas por transferencias, sueldos y salarios) y cada vez menores gastos relativos destinados a la inversión, con efectos negativos en la productividad y generación de fuentes de empleo.

Enderezar las finanzas únicamente mediante la contención de gastos, como pretenden algunos, también sería ineficaz e insostenible, y probablemente políticamente inviable. Aunque se modificaran a profundidad los disparadores del gasto y se recortaran ciertos beneficios salariales abusivos, el ajuste para contener eficazmente el crecimiento de la deuda tendría que ser tan brutal que terminaría por castigar la prestación de los servicios públicos requeridos para satisfacer necesidades sociales. También sería inviable políticamente.

La solución fiscal salomónica está en una combinación de las dos opciones: algo en materia de gastos y otro tanto en ajuste de impuestos. Pero lo esencial sería no dejar pendiente el espinoso tema de las futuras tasas de crecimiento de las dos variables principales: impuestos y gastos. Y aquí es donde surgen las reglas fiscales como elemento indispensable de una reforma fiscal integral.

Afortunadamente, el propio gobierno ha visto en ellas una salida al impasse político que todavía se mantiene en la Asamblea Legislativa. Así lo reconoció el viceministro de Hacienda encargado de gastos, José Francisco Pacheco, en declaraciones recogidas por este periódico la semana pasada.

Coincidió en la necesidad de establecer por ley una versión moderna de las denominadas reglas fiscales para evitar el deterioro que históricamente se viene presentando, incluida la limitación del crecimiento del gasto a un porcentaje relacionado con el crecimiento del PIB, hacer espacio para dar un respiro a la inversión pública y poner límites a la expansión de la deuda pública para garantizar su sostenibilidad. Agregó que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha venido asesorando al gobierno en este campo y que en febrero presentarán oficialmente el respectivo proyecto de ley. Ojalá se convierta en una realidad.

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