Opinión

EDITORIAL

Pugna en silencio por la herencia

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

Las negociaciones para repartir el botín político del chavismo proseguirán hasta decidir quién se lleva qué del poder caudillista

Como bien afirmó la Mesa de la Unidad Democrática venezolana, el secretismo sobre el estado de salud del presidente es contrario al orden democrático

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Una fría atmósfera de incertidumbre rodea hoy el gran misterio de la política venezolana: ¿cuánto vivirá Hugo Chávez? Los erráticos anuncios del canciller Nicolás Maduro, delfín del comandante, poco hacen por despejar las interrogantes. El sainete de Maduro desde La Habana, bajo la dirección constante de Fidel, recuerda el guion de los dirigentes del Politburó soviético cuando su líder máximo enfermaba o dejaba de existir.

El anuncio de la muerte de Stalin, por ejemplo, debió aguardar largos días de absoluto secreto. Ese período de embargo noticioso sirvió, en varias ocasiones, para acomodar el poder político de la antigua URSS a las nuevas circunstancias. Aunque todo lo que ocurría en esa traicionera camarilla era, de hecho, provisional, al menos se prestaba para presentarle al mundo la adusta fachada de los nuevos dirigentes.

El tufo a ese proceder, característico del Moscú de los años de la posguerra, resurge en La Habana con Maduro dándole tono al coro chavista en Caracas. Las negociaciones para repartir el botín político proseguirán hasta decidir quién se lleva qué del poder caudillista. Y, en esa repartición, existe la posibilidad de conflictos armados. En los comunicados oficiales sobre el estado del mandatario es notable la inclusión en el texto de figuras y cuerpos de las Fuerzas Armadas. Es clara la intención de impregnar la imagen política del régimen con la fortaleza castrense.

Sin embargo, resulta extraño el silencio de los heraldos caraqueños con respecto a las formidables milicias bolivarianas, las cuales, según pregonaba el comandante antes de empeorar su cáncer, sumaban más de doscientos mil jóvenes bien entrenados, listos para la guerra y armados hasta los dientes.

Esas milicias dependen directamente del mandatario. De esta manera, sin ataduras a las Fuerzas Armadas, podrían constituirse en factor clave en caso de tensiones internas. ¿Quién heredará este tesoro presidencial?

De toda forma, como bien afirmó hace pocos días la Mesa de la Unidad Democrática venezolana, el secretismo sobre el estado de salud del presidente es contrario al orden democrático pues alienta rumores y genera angustia. La salud del gobernante debe ser conocida por los gobernados.

En todas las democracias, revelar la verdadera situación personal de quienes están al mando es un imperativo insoslayable. En Venezuela, las tensiones derivadas de cada comunicado sobre la situación del presidente tiene por telón de fondo los apremiantes males de la economía nacional.

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Con el endémico déficit de pagos internos y externos, el tipo de cambio del bolívar con respecto al dólar se ha disparado a la vuelta de pocos meses, de 10 a cerca de 19 en el mercado paralelo. El tipo oficial es, para referencia, 4,3 bolívares por dólar. De la mano con la inflación, que se estima para el 2012 en un 20 %, se intensifica la acumulación de dólares para diversos fines, entre ellos defender los ahorros.

Frente a los ingresos del petróleo existe la salida de fondos que ya tienen un destino fijo en el presupuesto y consumen porciones mayoritarias de las ganancias. Los egresos incluyen programas sociales que Chávez dirige personalmente y en forma arbitraria: las compras de armamentos, las ayudas y subsidios a Gobiernos amigos, a organizaciones “fraternales” y causas radicales en todo el mundo. Hasta ahora, los préstamos de China con garantía de las reservas petroleras financiaron el faltante, práctica criticada por hipotecar los bienes de los nietos.

Todos estos factores rondan en torno al secreto de los males físicos de Chávez y serán elementos de peso en todo lo que suceda después de su muerte.

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