Opinión

EDITORIAL

Protección de las esferas precolombinas

Actualizado el 18 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Es cuestionable la decisión de la Municipalidad de Osa de involucrarse en el llamado “Proyecto Esferas” y sus teorías fantasiosas

Se hace necesario intensificar los estudios y difundir conocimiento sobre ellas para que el mérito de su creación no les sea sustraído a sus autores

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El edificio Empire State, en Nueva York, construido en menos de año y medio, con 102 pisos y 443,2 metros de altura, es una de las siete maravillas modernas. Se le celebra como un extraordinario logro de la civilización y el ingenio humano. Nadie lo disputa.

En cambio, las pirámides de Egipto, el sitio de Stonehenge y su asombrosa relación con la astronomía, el Tenochtitlán salubre como ninguna ciudad europea de su época o las esferas precolombinas de Costa Rica, solo son obras de sus respectivas culturas para la ciencia, la historia y la arqueología.

Por fortuna, esa es la visión mayoritaria; sin embargo, la fantasía de numerosos astrólogos y místicos descarriados se empeña en negar a los pueblos nativos el ingenio para construir obras semejantes y las atribuye, con grave menosprecio para los antepasados, a la intervención de extraterrestres y otros fenómenos paranormales.

Las “pruebas” de esas influencias se encuentran en cualquier elemento aislado: un petroglifo maya cuya figura guarda alguna similitud con un astronauta de la Era Moderna, algún texto fragmentado o las relaciones geométricas y orientación de las estructuras. En el fondo, la explicación es nuestra incapacidad de admitir los logros de civilizaciones pasadas, a las cuales contemplamos con aires de superioridad.

Las esferas indígenas de la zona sur de nuestro país son víctima de esas corrientes. Son patrimonio nacional y están ahí para disfrutarlas, cada quien a su manera, siempre que el goce no ponga su integridad en riesgo. Imposible impedir que las esferas atraigan visitantes inspirados por la fantasía, como el Gobierno inglés no prohíbe, en las inmediaciones de Stonehenge, la celebración de rituales místicos supuestamente inspirados en los druidas. Es absolutamente posible, sin embargo, proteger el sitio, tanto en su aspecto físico como en el de su significado histórico y cultural.

Por eso es cuestionable la decisión de la Municipalidad de Osa de involucrarse oficialmente en el llamado “Proyecto Esferas”, a cuyo amparo se planea celebrar un congreso con 2.000 asistentes, la mayoría europeos, para discutir las supuestas cualidades místicas y astrológicas de los monolitos del valle del Diquís.

“Nosotros, como científicos e institución oficial, no podemos validar un evento con esa visión heterodoxa, que incluye teorías de un origen extraterrestre, vinculado a la Atlántida y otras cosas de la fantasía o lo misterioso”, declaró Mauricio Corrales, arqueólogo del Museo Nacional.

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El mismo razonamiento debió hacer la Municipalidad, cuyos miembros actúan con el sano propósito de atraer visitantes a la región, sin advertir los inconvenientes de una participación estatal que aparenta refrendar los conceptos erróneos de los organizadores.

En la Asamblea Legislativa, un proyecto de ley de la diputada liberacionista Xinia Espinoza pretende elevar las esferas a rango de símbolo nacional para luchar, posteriormente, por su reconocimiento como patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El congreso de místicos y el proyecto de ley, inspirados en razones muy diferentes, llaman la atención sobre estas piezas del patrimonio arqueológico nacional, de cuyo preocupante deterioro han dado cuenta publicaciones recientes.

El restaurador y conservador italiano Emiliano Antonelli, acompañado de arqueólogos del Museo Nacional, hizo un diagnóstico de 34 esferas ubicadas en Osa. Ocho de ellas se encuentran en estado de gravedad y requieren intervención urgente, 22 están en condición regular y solo cuatro fueron halladas en buen estado.

Factores ambientales, prácticas de agricultura y otras intervenciones humanas ponen en peligro la integridad de las esferas. El Museo trabaja para librarlas de esas amenazas, pero, mientras tanto, es importante tomar las medidas necesarias para que las actividades organizadas en torno a ellas no contribuyan al deterioro. Al mismo tiempo, es fundamental intensificar los estudios y difundir conocimiento sobre el patrimonio arqueológico nacional para que el mérito de su creación no les sea sustraído a sus autores.

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