Opinión

EDITORIAL

Promoción histórica

Actualizado el 29 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

El rendimiento de la promoción de bachilleres de este año, junto con la caída en la deserción, es una noticia para celebrar

Casi el 70% de los evaluados por el Ministerio de Educación Pública aprobó todas las asignaturas

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Con la salvedad del inglés, los nuevos bachilleres costarricenses mejoraron sus notas en todas las materias. En consecuencia, su promoción es la más alta de la historia. Casi el 70% de los evaluados por el Ministerio de Educación Pública aprobó todas las asignaturas. Más importante que el hito establecido este año es la tendencia a la mejora identificable en los últimos cursos lectivos. La constancia es el único indicador confiable de un verdadero cambio.

El ministro de Educación, Leonardo Garnier, atribuye la mejora a la capacitación de los docentes, la inversión en infraestructura, los programas de becas y el creciente interés de las familias por asegurar la formación de sus miembros más jóvenes.

Las principales debilidades están en matemáticas e inglés, dos materias de suma importancia para cumplir los requerimientos de una economía cada vez más orientada a la exportación de bienes y servicios y a la atracción de industrias tecnológicas. En el primer caso, hubo progreso en cuanto al porcentaje y número de aprobados, pero la mayoría de los reprobados fallaron en matemáticas. En inglés hubo retroceso, pues el 87,6% reprobó, comparado con el 93,77% el año pasado.

Aparejada a los buenos resultados, también hay una paulatina reducción de la deserción en escuelas y colegios. Para retener a los alumnos en las aulas, el Ministerio reformó sus reglamentos para permitir el adelanto de materias, abrió espacios al arte y al deporte, y cambió la reglamentación aplicable a los cursos reprobados.

El alumno solo repite las materias reprobadas y no la totalidad del curso. Así, la frustración se reduce o desaparece, y el educando conserva sus vínculos con el resto de la clase pues se le permite matricularse en materias del siguiente curso y participar de la promoción hasta donde lo haya logrado. Las becas y el programa de comedores escolares se suman a la mejoría de los indicadores de deserción para marcar una clara tendencia, verificada ya a los largo de varios años.

El contraste con la “generación perdida” de los años ochenta, cuando la crisis económica expulsó a unas 315.000 personas del sistema educativo, según datos del programa Estado de la Nación , pone en perspectiva la magnitud de los logros. Es imposible, e indeseable, no esperar más del sistema educativo. Tampoco es saludable dejar de reconocer sus múltiples carencias, pero los avances son tangibles y dignos de celebrar.

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El vínculo entre escolaridad y educación, convincentemente demostrado en el caso de la generación perdida, es duradero. Aquellos jóvenes de los ochenta quedaron atrapados en empleos mal remunerados y allí se mantienen en la actualidad. Para ellos, la movilidad social fue una promesa incumplida por falta del fundamental requisito educativo. El 41%, aun casados y con hijos, se ven obligados a compartir el techo de sus padres. Hoy tienen entre 32 y 48 años y, si las apreciaciones del ministro Garnier son precisas, están decididos a no repetir la historia con sus hijos.

El país tardó veinte años en recuperar la tasa de escolaridad en secundaria de 1980, y hoy la supera por amplio margen, pero no basta mantener a los estudiantes en las aulas, sino ofrecerles una formación de calidad, acorde con las exigencias del mercado laboral.

Según Isabel Román, coordinadora del informe Estado de la Educación , la experiencia de los ochenta podría reeditarse no por el abandono de las aulas, sino por la falta de calidad. “Tan importante es que los tengan sentados en el aula como que reciban una educación pertinente”, sentenció para enfatizar la necesidad de mejorar la educación técnica y el desempeño en materias básicas, como las matemáticas.

Por todas esas razones, el rendimiento histórico de la promoción de bachilleres de este año, junto con la caída en la deserción, es una noticia para celebrar, sin perder de vista las deficiencias todavía obvias de nuestro sistema educativo.

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