Opinión

EDITORIAL

Programación macroeconómica del Banco Central

Actualizado el 03 de febrero de 2014 a las 12:05 am

La variación en términos reales del PIB, estimada por el Banco Central, será de un 3,8%, cifra fácilmente alcanzable y superior a la estimada para el 2013

La meta de inflación se reduce del 5% al 4% anual, dentro de un rango de entre 3% y 5%. Es un avance

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El Banco Central de Costa Rica (BCCR) dio a conocer su programación macroeconómica para el período 2014-2015 el pasado viernes. La visión general que de ella se desprende es positiva. Los puntos principales se refieren al crecimiento real de la producción, las metas de inflación, la política monetaria y las tasas de interés. En todas ellas, salvo la devaluación esperada y la política cambiaria, el BCCR tiene metas claras y –creemos nosotros– factibles de lograr.

La variación en términos reales del producto interno bruto (PIB) estimada por el Banco Central será de un 3,8%, cifra fácilmente alcanzable y superior a la estimada para el 2013. Creemos que, quizás, podría ser ligeramente mayor, alrededor de un 4%, habida cuenta de los factores que citamos a continuación. La economía mundial está repuntando (3,2%), impulsada por el mayor crecimiento de los países desarrollados (2,2%), tal como mencionamos en nuestro editorial del lunes pasado.

Eso significa mayores exportaciones costarricenses y mayor afluencia de turismo. Además, la producción industrial costarricense ha venido repuntando, al igual que la de otros sectores de la economía interna. Crecer a un ritmo mayor significa más empleos, aunque quizás no los suficientes para reducir la tasa de desocupación, que probablemente permanecerá en niveles elevados, como ahora. Para el 2015, sin embargo, las proyecciones de expansión son mejores (4,1%), lo cual debe ser muy bien recibido por todos nosotros. Es una tasa superior al promedio mundial (3,9%), pero inferior a la del promedio de los países en desarrollo (5,4%).

La meta de inflación se reduce del 5% al 4% anual, dentro de un rango de entre 3% y 5%. Es un avance. Y, al igual que el BCCR, vemos que sería posible lograrla, siempre y cuando se observe rigurosamente la programación monetaria, y los ajustes de precios regulados y tarifas públicas se metan dentro de parámetros más modestos, no tan generosos como los observados en la primera parte del 2013.

Para reducir la inflación, el Banco Central tendrá que jugar con dos variables que marchan en dirección contraria: por un lado, la mayor devaluación esperada podría encarecer todos los bienes importados, incluyendo el petróleo (combustibles); pero, por otro, la mayor absorción de dinero por la venta de divisas de acuerdo con su nueva política cambiaria podría ayudarle a esterilizar más fácilmente, recogiendo los excesos de liquidez del año anterior sin necesidad de incrementar las pérdidas de operación. Al contrario, el BCCR podría registrar utilidades al vender más caro divisas que adquirió durante el período de intervención en la banda inferior.

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En cuanto al tipo de cambio, coincidimos con el BCCR en que tenderá a subir durante el presente y, quizás, el próximo año, pero diferimos un poco en cuanto a la política de intervención enunciada. El Banco advirtió –y, de hecho, ya lo está practicando– que seguiría una política de intervención discrecional dentro de las bandas cambiarias, conforme a parámetros que nunca definió. Es, para empezar, un contrasentido mantener bandas cambiarias que, por definición, exigen flexibilidad dentro de sus márgenes y, luego, intervenir para evitar aumentos sin cambiar las bandas ni explicar debidamente las razones.

En el centro de la discusión está saber cuál es el tipo de equilibrio, en un mercado sujeto a cambios en los denominados “factores fundamentales” que informan el tipo de cambio. El BCCR perdió la oportunidad, durante la gran estabilidad, para migrar a otro régimen cambiario más flexible o definir patrones objetivos de intervención, a fin de dar más seguridad a los agentes económicos y permitir que se desarrollen bien los esquemas de protección (coberturas) contra el riesgo cambiario. Todavía puede hacerlo. De continuar con una política discrecional como la enunciada, podría más bien estimular la especulación. Además, está el tema del castigo a los exportadores que han visto su rentabilidad muy afectada por la sobrevaluación cambiaria, aumentada por el mantenimiento de una inflación interna (costos, salarios) superior a la internacional.

Finalmente, está el tema de las tasas de interés. El Banco Central reconoció que tenderán a subir, entre otras cosas, por la mayor necesidad de recursos fiscales, por la ausencia de ajuste de ingresos y de reducción de gastos. Coincidimos con esta apreciación. El próximo gobierno, cualquiera que sea, tendrá que revisar críticamente las políticas de ingresos y gastos para evitar que continúen subiendo las tasas de interés y la deuda externa. Como hemos advertido en otras oportunidades, las calificadoras de riesgos podrían penalizar al país por el mayor riesgo involucrado, y provocar mayores incrementos en las tasas de interés.

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