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EDITORIAL

Producción a la baja

Actualizado el 13 de julio de 2015 a las 12:04 am

La tasa de expansión de la inversión, que es la variable más relevante para sustentar el crecimiento actual y futuro, se ha desacelerado peligrosamente

Por el contrario, la tasa de expansión del gasto del sector público se disparó del 1% en el 2012 hasta alcanzar un 4% en el 2015

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Dos variables están sosteniendo la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB): el consumo del sector público y el consumo de los hogares en el sector privado. La tasa de expansión de la inversión, que es la variable más relevante para sustentar el crecimiento actual y futuro, se ha desacelerado peligrosamente y otras variables, como exportaciones e importaciones, más bien han caído. Eso augura un menor crecimiento del PIB, con serias consecuencias económicas y sociales.

Según el Banco Central, la tasa de crecimiento del gasto de las familias costarricense se ha mantenido relativamente estable, alrededor del 4% anual desde el 2012. Este año creció un poco más, para ubicarse en un 4,33%. Por el contrario, la tasa de expansión del gasto del sector público se disparó del 1% en el 2012 hasta alcanzar un 4% en el 2015. En cambio, la formación bruta de capital, que incluye la inversión del sector privado y el sector público, cayó abruptamente desde un 14% en el 2102 a menos del 2% este año.

Dos de los sectores que más contribuyen a la conformación del PIB y generación de empleo –industria y agricultura– han experimentado una ralentización (1,2%) y contracción (-1,4%), respectivamente. Como consecuencia, la producción total apenas creció un 2,68% en el primer trimestre del año y muy posiblemente afecte el crecimiento total anual, que será inferior al 3,4% previsto originalmente en el programa macroeconómico del Banco Central. En tales circunstancias, difícilmente se podrá reducir el desempleo y mejorar los salarios.

Hubiésemos querido que fuera al revés. Que decreciera el gasto público por debajo de sus niveles actuales, subiera moderadamente el de las familias costarricenses y se disparara la formación bruta de capital como resultado de un aumento sostenido de la tasa de inversión de los sectores público y privado. La combinación de tasas incrementales mejoraría la composición del gasto público, al ceder comparativamente el gasto corriente, particularmente en remuneraciones y transferencias que son menos productivas; aumentaría la inversión pública, con el efecto beneficioso de mejorar la productividad y combatir el desempleo y estimularía la demanda del sector privado, que también es una señal positiva para reactivar la producción.

Desde el punto de vista social, siempre es más beneficioso contratar directa o indirectamente nuevos empleados para hacer obra pública, que incrementar todavía más los sueldos y salarios de los empleados públicos existentes o las transferencias, muchas de la cuales también significan mayores salarios de los receptores, como en el caso de las universidades. Desafortunadamente, las políticas fiscales del actual gobierno tienen los objetivos distorsionados y los mecanismos de cambio muy anquilosados. A estas alturas, no se sabe cuál será la política presupuestaria para el próximo año ni si habrá planes para modificar la estructura salarial de los servidores públicos (pluses). Como consecuencia, las perspectivas de la producción nacional podrían mantenerse a la baja.

Otro de los factores que incide negativamente en la inversión del sector privado es la desconfianza generada por las erráticas políticas gubernamentales. Además de la fiscal, otras acciones y omisiones generan incertidumbre. La principal es el antagonismo entre el gobierno y las organizaciones empresariales. Han sido muchos los enfrentamientos desde que se inició la administración, el 8 mayo del año pasado, y muchas las veces en que las peticiones del sector privado han sido denegadas. Basta recordar la negativa a abrir los topes de generación eléctrica, el levantamiento del veto a la reforma procesal laboral, el proteccionismo ajeno a los intereses de la mayoría, con efectos negativos en la asignación de recursos a largo plazo; la negativa a adherirse a la Alianza del Pacífico; el proyecto de reglamento para limitar los condominios y la alianza del partido oficialista y parte de sus diputados con los radicales del Frente Amplio, que empaña la verdadera orientación de las políticas públicas. Afortunadamente, la desconfianza se ha atemperado por la estabilidad generada desde el Banco Central, cuyas políticas económicas han alejado la sombra de una crisis externa.

En el bajo crecimiento de la producción nacional también inciden otros factores, algunos fuera del control de las autoridades. La ralentización de la economía mundial es uno de ellos. Según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento esperado de la producción mundial se mantiene relativamente modesto (un 3,5% en el 2015 comparado con el 3,4% en el 2014), pero hace pocos años era mayor. Esto afecta nuestras exportaciones, que han decaído un 10%. También han incidido factores climáticos, como el fenómeno El Niño, con efectos muy serios en la provincia de Guanacaste, y los recientes temporales en el atlántico y la zona norte. Se ha afectado la producción de carne, piña, banano y leche, entre otros, todo lo cual incidirá en la ralentización del PIB.

La esperanza es que la producción mundial y su impacto en la economía nacional mejoren en el 2016. Las expectativas, sin embargo, son modestas (3,8% en el 2016). Pero internamente algo se puede hacer. Quizás un golpe de timón en la orientación de las políticas públicas, particularmente en lo fiscal, y un mayor acercamiento del gobierno con el sector privado, podrían mejorar el clima para la inversión, crecimiento y empleo. Corresponde al gobierno tomar la iniciativa.

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