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EDITORIAL

Primeros auxilios para la Cruz Roja

Actualizado el 19 de mayo de 2015 a las 12:00 am

El año pasado, la Cruz Roja acumuló un déficit de ¢2.126 millones, como resultado de una significativa merma en los ingresos

La organización debe elaborar con urgencia un plan de racionalización de gastos, que no sacrifique el capital humano, técnico e institucional acumulado

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La Cruz Roja Costarricense ha experimentado cíclicamente problemas económicos y, en algunos casos, desórdenes administrativos, que amenazaron su estabilidad y solvencia financiera. El año pasado, las alarmas volvieron a encenderse cuando la institución acumuló un déficit de ¢2.126 millones como resultado de una significativa merma en los ingresos.

Más de la mitad de los 121 comités locales arrastra pérdidas desde el 2014 y nueve de ellos cerrarán el próximo mes o se refundirán con otros mayores, si no logran readecuar sus deudas u obtener apoyo municipal para seguir funcionando en las condiciones actuales.

Ante la crisis, la gerencia planteó una reestructuración de los gastos operativos sin tener que debilitar la calidad de los servicios ni la atención de las casi mil emergencias, rescates y situaciones prehospitalarias que se reportan diariamente. El plan pretende un uso más eficiente de los recursos, en cada uno de los comités nacionales, y hallar nuevas formas de captación de fondos. Eventualmente, también podría implicar la reducción de 100 plazas, lo cual equivale a menos del 10% de la planilla.

La Cruz Roja calcula que ha dejado de percibir alrededor de ¢3.000 millones desde el 2013. En ese año desapareció el excedente de ¢1.003 millones que se había acumulado en el 2011, antes de que se reformara la Ley de Tránsito, la cual redujo el monto asignado a la institución humanitaria, y la contribución pasó de ¢2.000 millones a ¢300 millones al año.

No deja de ser preocupante, sin embargo, que en ese momento no se tomaran las previsiones necesarias para ajustar el presupuesto a la nueva realidad financiera ni que en el Plan Estratégico de Desarrollo 2013-2018 esta se mencione, aun cuando el documento asegura: “Se ha trazado con éxito el camino de la organización que se visiona para los próximos cinco años y la Cruz Roja que Costa Rica requiere”.

El año pasado, los ingresos no alcanzaron para cubrir el presupuesto de ¢19.364 millones, como resultado tanto del ajuste en las multas como de la disminución de los beneficios que recibe el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) por concepto de telefonía fija, y que en un 1% traslada a la Cruz Roja. Esta tendencia, que desde la apertura del mercado de las telecomunicaciones era esperable, se ha ido acrecentando en beneficio de la telefonía privada y de las líneas prepago, y también pudo haber sido prevista a su debido tiempo.

Nadie cuestiona la función indispensable de la organización a favor de las comunidades y como auxiliar del Estado en la atención de pacientes y situaciones de emergencia, lo que la convierte en una de las instituciones más populares y apreciadas por los costarricenses. A pesar de esto, también es oportuno recordar que, en la década pasada, la Contraloría General de la República y la auditoría del Ministerio de Salud le solicitaron a la Cruz Roja que aumentara sus capacidades administrativas y los controles sobre la utilización de los fondos públicos.

Ante esta nueva crisis económica, debe echarse mano tanto de la generosidad de los ticos, con la que cuenta de sobra, en actividades tradicionales como el Tico Bingo, como de un plan de gestión moderno, que incluya el uso racional de los valiosos recursos de la entidad. Por ejemplo, en este aspecto, habría que cuestionarse si el mejor uso que se le puede dar a las ambulancias es vender huevos, como han hecho algunos comités.

Por supuesto, no todos los grupos ni todas las comunidades disponen de la organización de Curridabat, en donde la Cruz Roja local se acercó a la Municipalidad para plantearle un informe exhaustivo de sus resultados financieros y la necesidad de un plan de contingencia, en conjunto con la Alcaldía, que le permita seguir operando en condiciones normales. Otros comités regionales, como el de Nicoya, que registra un déficit de ¢26 millones, están a punto de vender parte de la flotilla de ambulancias como forma de solventar sus deudas.

Algunas de estas medidas, que a veces pueden parecer dispares o contradictorias, deben llevar a la organización a elaborar con urgencia un plan de racionalización de gastos, que no sacrifique el capital humano, técnico e institucional que ha acumulado la Cruz Roja durante su larga historia, y que se adapte a las condiciones y características locales de los comités.

Según el gerente de la Cruz Roja, Idalberto González, ellos buscan la ayuda en dos líneas: rindiendo cuentas ante los concejos municipales e informándoles sobre la situación económica del respectivo comité del cantón, a fin de determinar si pueden recibir algún aporte o ayuda de los municipios, y recurriendo a la Asamblea Legislativa para que apruebe el proyecto 19.234, que modifica el financiamiento de la Cruz Roja.

La iniciativa del diputado Marvin Atencio, del Partido Acción Ciudadana (PAC), se encuentra en la Comisión de Derechos Humanos y estipula una transformación del esquema de financiamiento de la Cruz Roja, para que incluya todas las tarifas y líneas telefónicas. Sin embargo, tomando en cuenta la lentitud de las reformas legislativas, la institución deberá mostrarse prudente en su plan de gastos e inversiones, para los próximos años, y recurrir a nuevas vías de captación de fondos, como convenios de cooperación con los gobiernos locales y con otras organizaciones humanitarias, empresas y grupos de la sociedad civil.

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