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EDITORIAL

Precios del petróleo

Actualizado el 24 de abril de 2012 a las 12:00 am

Según el Banco Central, los precios internacionales del crudo podrían perjudicar la recuperación de la economía mundial y la de aquellas naciones no productoras

Los altos precios del petróleo están aquí para quedarse, dadas las complicadas variables que se esconden detrás de la oferta y la demanda

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El último comentario sobre la economía nacional elaborado en el Banco Central, publicado su página web el pasado 18 de abril, ilustra bien el problema del incremento en los precios del crudo en el mercado internacional: “de mantenerse, podría perjudicar la recuperación de la economía mundial y generar presiones adicionales sobre la inflación, especialmente en aquellas naciones no productoras de petróleo”. Es el caso de Costa Rica.

El diagnóstico es certero, pero hay que ir más allá en las políticas económicas para enfrentarlo. Lo primero es asumir una posición realista ante un problema de origen externo que no podemos controlar. Según analistas externos, los altos precios del petróleo están aquí para quedarse, pues no visualizan ninguna corrección eficaz de carácter permanente, dadas las complicadas variables que se esconden detrás de la oferta y la demanda del crudo. Los años de combustibles baratos no volverán.

Demanda. Por el lado de la demanda, hay tres factores determinantes: el acelerado crecimiento de los países emergentes, especialmente en Asia, con tasas de crecimiento real muy elevadas, superiores al 8% en la última década, incrementa la demanda de petróleo. La industrialización y desarrollo económico de esos país, a los que se suma en menor grado el crecimiento de la producción en América Latina (4,5% real), implica mayor utilización de combustibles en la producción fabril y agrícola, consumo energético de los hogares y el transporte creciente de personas y mercancías. Las importaciones de crudo en esos países se han venido incrementando, lo cual se refleja en los precios del crudo.

El segundo factor, ligado al anterior, es la recuperación económica que comienza a observarse en Estados Unidos (2,1%) después de la crisis, y también en Japón (2%). Si bien el consumo ha crecido menos que el ingreso personal disponible, las ventas al detalle subieron 1% en febrero y 0,8% en marzo, y en muchos estados de la Unión se han registrado economías estables y fuertes, según el Banco de Reserva Federal (FED). De acuerdo con el último informe del Fondo Monetario Internacional sobre la economía mundial, las perspectivas de crecimiento en EE.UU. suben al 2,4% para el 2013, y la economía global crecerá al 4,1%, comparado con 3,5% en 2012. Cuanto más se expande la economía mundial, mayores serán la demanda de crudo y sus precios en el mercado. La temporada de verano en EE.UU. y Europa tradicionalmente ha implicado mayor demanda por el desplazamiento vehicular, lo cual también augura nuevas presiones. Cuando las economías de ambos se recuperen plenamente, aunque tome algunos años, volverá la presión sobre el precio de los combustibles.

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La tercera razón tiene que ver con la incertidumbre en el suministro y trasiego de combustibles, dados los problemas geopolíticos en el Oriente Medio. La amenaza de que Irán pueda desarrollar armas nucleares de carácter letal, ha provocado una reacción diplomática y económica fuerte de parte de los EE.UU. y los países europeos (embargos), y afecta actual y potencialmente la oferta de petróleo. Irán produce 3,5 millones de barriles diarios (tercer país exportador después de Arabia Saudí y Rusia), cantidad no despreciable de la oferta mundial. Y, ante las posibilidades de que el conflicto degenere en intervención armada y pueda bloquearse el transporte en el estrecho de Ormuz, se ha provocado un incremento de la demanda y almacenamiento de carácter especulativo. Los técnicos asumen que, quizás, un precio ligeramente inferior al actual podría registrarse en el mercado si la especulación causada por Irán disminuyera.

Oferta. La producción, aunque estable, también tiene sus complicaciones. Arabia Saudí ha mantenido sus niveles de producción acordados en el seno de la OPEP (en términos cuantitativos, la oferta total se corresponde con la demanda de consumo) pero la especulación le imprime volatilidad al mercado. En octubre del 2011 las cotizaciones eran inferiores a $80 por barril (WIT); en febrero subieron a $110 por barril, y recientemente han vuelto a bajar para ubicarse alrededor de $103 por barril. Si la situación frente a Irán evolucionara negativamente, los precios se podrían disparar a niveles muy elevados, aunque solo sea por un período corto de tiempo. En ese sentido, es bueno que el país, particularmente Recope, tome las previsiones del caso.

Aparte de esos factores coyunturales, hay elementos estructurales que afectan la oferta del crudo y, consecuentemente, los precios mundiales. El principal es la renuencia a explorar y explotar yacimientos conocidos en zonas marítimas y terrestres por razones ecológicas y toda la presión política a su alrededor. En EE.UU. la controversia alrededor de este tema entre republicanos y demócratas es notoria, al igual que en otros países, incluyendo Costa Rica. Las naciones pueden escoger no explotar sus fósiles existentes por razones ambientales. Pero eso tiene un costo de oportunidad en términos de los elevados precios de los combustibles.

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El otro aspecto de carácter estructural se relaciona con el incipiente desarrollo de los sustitutos del petróleo como fuentes de energía. El gas natural y otras fuentes alternativas, incluyendo eólicas, hidráulicas y, más recientemente, biocombustibles y gas líquido, se han venido desarrollando con algún éxito, pero todavía no son suficientemente eficientes para sustituirlo y los precios de algunos de ellos tienden a ser más elevados y requieren subsidios, que terminan trasladándose al consumidor. La sustitución tecnológica vendrá, pero tomará tiempo y tampoco será barata. En ese contexto, ¿estamos en capacidad fiscal de subsidiar biocombstibles? ¿Debería Costa Rica endeudarse e invertir para construir una refinadora cuando podría ser más rentable importar productos terminados? Debe haber una mayor discusión pública del tema.

Finalmente, están los temas del incremento en las importaciones de combustibles y su posible impacto en el tipo de cambio, así como el traslado de precios a los consumidores. En cuanto al primero, la diversificación de las exportaciones y las entradas del capital han podido mitigar el incremento en el tipo de cambio. Y, sobre el segundo, no hay ninguna otra opción: Recope debe trasladarlo enteramente a las gasolineras. Pero la fórmula para calcular los ajustes la puede inducir a tener pérdidas o ganancias por el desfase entre las variaciones del crudo en el mercado internacional y los precios al consumidor nacional. Eso se refleja en el IPC. Y aunque técnicamente no es un incremento (o disminución) en la inflación (definida como variación generalizada de todos los bienes y servicios por expansión monetaria), sí se refleja a corto palazo en los precios de otros bienes y servicios, particularmente transporte. Los consumidores tendrían que disminuir la demanda de otros bienes de consumo más elástico para poder financiar sus compras de combustibles, salvo que el Banco Central consienta con mayor liquidez los aumentos de los combustibles. Y eso sí sería inflacionario. Es algo que se debe evitar.

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