Opinión

EDITORIAL

Pesadillas de la actualidad

Actualizado el 01 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Son incontables los episodios de jóvenes occidentales que se ven atraídos por el llamado a participar en las guerras del Levante

El hogar, sin lugar a dudas, seguirá siendo la principal defensa ante la marcha de la crueldad sin nombre que avanza por el planeta

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Las olas de voluntarios occidentales que han viajado a Levante para unirse a las tropas del ISIS (siglas en inglés del Estado Islámico de Siria e Irak) son una pesadilla compartida internacionalmente. En el mundo, la suma asciende a 20.000 personas, tanto hombres como mujeres. Por su parte, las autoridades estadounidenses manejan cálculos de 150 norteamericanos incorporados al ISIS.

Desde luego, estos números son estimaciones, pero la verdadera pesadilla sería el retorno de esos voluntarios a sus países para convertirse en focos de sinrazón y violencia. Los medios de información han difundido casos concretos de adolescentes que desafían a sus hogares, la fe inculcada en sus casas y las leyes, a fin de escabullirse al Cercano Oriente con el propósito de unirse a la lucha armada para imponer el islamismo.

Según detallan prestigiosos medios, tres jóvenes de Brooklyn se enredaron en las tramas violentas de la Internet, de esas que promueven luchas feroces, muestran decapitaciones y exponen el menú acostumbrado de crueldades “necesarias” para erigir un califato. En poco tiempo, la propaganda encendió las aspiraciones de “gloria” del trío, que se embarcó rumbo a un destino compartido. Tanto hablaron entre ellos, con tanto entusiasmo, que llamaron la atención de compañeros y amigos hasta que sus planes llegaron a los oídos de la Policía. Su frustrado viaje los habría llevado a Turquía, de donde saltarían a Siria.

Algo similar ocurrió por esos días, pero con resultados distintos, en Inglaterra. Las autoridades no lograron desarticular a tiempo los planes de tres jovencitas británicas que se lanzaron a los brazos de curtidos yihadistas.

En setiembre del año pasado, Hadad al Tamimi, un adolescente de 18 años que estudiaba religión, fue detenido en Irak por hacer proselitismo en favor de ISIS. Hadad es uno de los muchos jóvenes que han caído en las redes del radicalismo sunita en meses recientes. La situación se ha repetido con fuerte presencia de canadienses y belgas.

Son incontables los episodios de jóvenes que se ven atraídos por el llamado a participar en las guerras del Levante. Cada caso es un doloroso capítulo en la sucesión de hogares destruidos.

Posiblemente, el caso más sobresaliente de días recientes concierne al así llamado “John el Yihadista”, el verdugo encapuchado, con un velo que oculta sus facciones, excepto los ojos. En las decapitaciones de norteamericanos y japoneses, entre otros cautivos del ISIS, su voz y, en especial, su pronunciación del inglés atrajeron la atención de las autoridades de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Esta semana, se dio a conocer la identidad y corta biografía de un joven prometedor, oriundo de Kuwait y educado en Londres. De ese pináculo de oportunidades, John prefirió unirse a grupos yihadistas y participar en sus batallas. Su debut en la televisión mundial fue la ejecución de un periodista norteamericano.

La historia de estos años, de nuestras experiencias de cara a la barbarie que nos amenaza, llama a inculcar en los hijos un conocimiento humanista que los escude frente a estos peligros y otros similares, diseminados por las redes sociales. El hogar, sin lugar a dudas, seguirá siendo la principal defensa ante la marcha de la crueldad sin nombre que avanza por el planeta.

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