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EDITORIAL

Perspectivas macroeconómicas para el 2014

Actualizado el 06 de enero de 2014 a las 12:00 am

El reto del próximo Gobierno será combatir por todos los medios –no solo mediante la política macroeconómica– la pobreza y la desigualdad

Si las políticas fiscales fueran dispendiosas y no se lograran acuerdos para incrementar los ingresos ordinarios, la situación fiscal se deteriorará significativamente

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Perspectivas macroeconómicas para el 2014

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En nuestro editorial del 1 de enero examinamos los principales retos económicos y sociales que enfrentará el candidato vencedor en las próximas elecciones. Anteriormente, vimos la evolución y proyecciones de la economía mundial para este año. Partiendo de esos diagnósticos, hoy vamos a abundar en las perspectivas económicas y financieras para el 2014, no sin antes aclarar que cualquier cuantificación debe considerarse preliminar y sujeta a variación, habida cuenta de los cambios en las políticas económicas que podrían ocurrir con el nuevo Gobierno.

Producción. Si por la víspera se saca el día, la producción nacional mejorará este año. Según el último informe del Banco Central de Costa Rica (BCCR), el índice mensual de actividad económica (Imae) frenó su tendencia descendente a finales del primer trimestre del 2013, cuando la tasa de crecimiento interanual cayó a poco más del 2% real. Pero, a partir de ahí, comenzó a crecer hasta alcanzar una tasa del 3,8% real en el tercer trimestre del año. Prácticamente, todos los sectores repuntaron, con dos excepciones importantes: agricultura, que sigue mostrando leves tasas de decrecimiento (-0,1%) y construcción pública, que cayó abruptamente en el 2013 (-6,7%). Si esta última hubiera mantenido los niveles positivos del 2012 (4,3%), la economía como un todo habría mostrado un mayor dinamismo.

Si se proyecta el Imae con base en las tasas de crecimiento observadas en los dos últimos trimestres, y se adicionan las mayores expectativas de crecimiento de la economía mundial aportadas por el Fondo Monetario Internacional, analizadas en un editorial anterior, fácilmente llegamos a la conclusión de que el 2014 será un mejor año desde el punto de vista de la producción nacional. Un tipo de cambio real más favorable y mayores exportaciones por el incremento anticipado de la demanda externa (más comercio internacional) serían factores positivos a considerar. Desde el punto de vista del mercado interno, la baja inflación, bajas tasas de interés y ausencia de restricciones crediticias por parte del Banco Central serían, también, factores positivos en la producción y generación de empleo.

Tasas de interés. A pesar de que la inflación se redujo en el 2013, nuestras expectativas son de que las tasas de interés encontraron piso (la tasa básica pasiva se ubicó en 6,5% al finalizar el año) y no se puede descartar un ligero incremento conforme avance el ejercicio fiscal. Varios factores inciden en el análisis. En primer lugar, la creciente presión fiscal tendería a impulsar las tasas hacia arriba, según veremos más adelante. En segundo lugar, la variación en la política monetaria de EE. UU., ya iniciada, mantendrá la presión sobre los rendimientos de los bonos fiscales en ese país e incidirá en las tasas de interés del mercado financiero internacional y en los tipos de cambio. Si este sube en Costa Rica, como es de esperar, habrá que ajustar las tasas de interés en colones para compensar la mayor devaluación esperada. Y si estas dos variables, particularmente los precios externos por efectos de la mayor devaluación, presionaran los precios internos (inflación), entonces las tasas de interés deberían reflejar esa nueva realidad. También las mayores pérdidas de operación del BCCR influirán en la inflación futura. Las tasas de interés, en resumen, podrían volver a subir.

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Tipo de cambio. Lo hemos expresado en varios editoriales anteriores: hay factores externos e internos que podrían hacer variar la estabilidad cambiaria observada en los últimos años. Tres de ellos conviene mencionar, particularmente la nueva política monetaria de la FED en Estados Unidos, que, al volverse más restrictiva, afectará las tasas de interés en ese y otros países del mundo para concitar mayores inversiones financieras y menores salidas de capital (que representan las entradas de capital en nuestros países). Ya el BCCR reportó menores flujos de capital privado para este año, lo cual tendería, en condiciones normales, a presionar hacia arriba las cotizaciones del Monex. Este factor, sin embargo, podría ser compensado, al menos por un tiempo, con entradas de capital público, particularmente endeudamiento externo del Gobierno Central y las instituciones.

Según pudimos observar en el Programa Macroeconómico del Banco Central para el 2014 (revisión de julio, 2013), la entradas de capital privado serán menores que el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, pero el faltante será más que compensado con endeudamiento externo. En esas circunstancias, el tipo de cambio podría experimentar muy poca variación en los primeros meses del 2014, pero no hay ninguna garantía de que se mantendrá así en períodos subsiguientes. Nuestra visión es que el tipo de cambio del colón frente al dólar tenderá a subir. La duda es cuánto y con qué velocidad. Mucho dependerá de los planes de ajuste fiscal del próximo Gobierno y la política cambiaria que finalmente se adopte.

Inflación. El BCCR hizo un esfuerzo loable por mantener la inflación más cerca del rango inferior de su programación macroeconómica. Lo hemos reconocido. Contribuyó no solo la política monetaria y crediticia prudente, sino también la ausencia virtual de devaluación así como la baja inflación en los países desarrollados (y en el mundo, en general), que prácticamente no presionaron el IPC por la vía de los bienes transables. Mientras los no transables crecieron un 5,4% en el 2013 (a noviembre), los transables más bien decayeron -0,3%, según datos oficiales. Para el 2014, es de esperar que se mantengan las mismas políticas monetaria y crediticia prudentes, al menos en el primer semestre, y que los precios externos no varíen significativamente. Eso nos permitiría concluir que las variaciones en el IPC serán similares a las del 2013 (o ligeramente superiores), pero no estamos en condiciones de vaticinar cómo se comportarán en el segundo semestre del 2014. Mucho dependerá de las políticas monetaria, crediticia y cambiaria del próximo Gobierno. Conviene estar muy atento.

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Finanzas públicas. Podemos anticipar, con toda certeza, que el déficit fiscal del Gobierno Central y del sector público consolidado, así como el saldo acumulado de la deuda externa, continuará deteriorándose en el primer semestre del 2014, y que sus efectos negativos en la economía nacional seguirán produciéndose como hasta ahora. Pero a partir del segundo semestre las cosas podrían variar, para bien o para mal, dependiendo de las políticas económicas del próximo Gobierno y de su habilidad para comandar mayorías o alianzas en la Asamblea Legislativa. Si las políticas fiscales a partir de ese segundo semestre fueran dispendiosas y no se lograran los acuerdos necesarios para incrementar los ingresos ordinarios, la situación se podría deteriorar significativamente, en una especie de vicioso círculo fiscal. Si, por el contrario, las políticas fiscales fueran responsables y la Asamblea Legislativa emprendiera una reforma fiscal comprensiva, la situación podría enrumbarse hacia un ciclo fiscal responsable, semejante al descrito en un editorial intitulado “Ciclos fiscales”, publicado en noviembre pasado. En manos del próximo Gobierno y los diputados electos estará la solución.

Empleo, pobreza y desigualdad. Al igual que otros años, la política macroeconómica deberá aspirar a satisfacer simultáneamente varios objetivos: estabilidad de precios y del sistema financiero (que no abordaremos en esta ocasión), y sentar las bases generales para contribuir al crecimiento y generación de empleo, y reducir la pobreza y la desigualdad. ¿Se lograrán en el 2014? Creemos que el primero de ellos –estabilidad de precios– sí está al alcance del Gobierno y el BCCR, al menos en el primer semestre. Pero tenemos reservas sobre la disminución del desempleo, pobreza y desigualdad, que requieren, como mínimo, de tasas de crecimiento elevadas y sostenidas por períodos largos. Y eso, en el primer semestre del año entrante, no sucederá.

Es más: si el mayor crecimiento esperado de la producción generara mayores fuentes de trabajo, como es de esperar, aun así el desempleo podría permanecer igual, habida cuenta de que la reducción observada en el último trimestre del año pasado se debió a una disminución de la fuerza activa, dado el abandono del mercado que hicieron trabajadores desencantados por no conseguir trabajo. Si el empleo aumenta, esas personas ausentes podrían reaparecer. En esas circunstancias, el reto del próximo Gobierno será combatir por todos los medios –no solo mediante la política macroeconómica– la pobreza y la desigualdad. Esperamos que el finalmente elegido, quien quiera que sea, esté a la altura de los retos.

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