Opinión

EDITORIAL

Persistentes frenos a la competitividad

Actualizado el 07 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Un informe sobre competitividad difundido por el Foro Económico Mundial ubica a Costa Rica en el puesto 54 de 148 países evaluados y en el cuarto de Latinoamérica

A nuestros paulatinos avances en materia de competitividad es necesario sumarles el definitivo destierro del conformismo

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Costa Rica avanzó tres lugares en el Reporte Global de Competitividad difundido por el Foro Económico Mundial. La calidad de la mano de obra, la educación, la innovación tecnológica y la apertura comercial destacan entre las razones del nuevo posicionamiento. Entre los 148 países evaluados, el nuestro se ubica en el puesto 54. De los latinoamericanos, solo lo superan Puerto Rico, Chile y Panamá.

El avance es una buena noticia, pero no hay espacio para la conformidad. La lista es dinámica y el retroceso, posible, sea por méritos ajenos o faltas propias. El año pasado, México y Brasil merecieron mejor calificación y nos dejaron de sexto, no cuarto, en el continente. Este año los superamos; el siguiente, no sabemos. Existe, además, la necesidad de asumir con redoblados esfuerzos la más importante de las competencias: la que nos tiene por rivales a nosotros mismos.

Por eso preocupan las declaraciones de la ministra de Economía, Industria y Comercio, Mayi Antillón, cuando se le señalaron las deficiencias detectadas por el Foro Económico Mundial en materia de simplificación de trámites, burocracia y clima de negocios. La ministra calificó los hallazgos de poco novedosos y los acusó de influir en una calificación inmerecida.

El despacho de doña Mayi ha tenido a su cargo importantes esfuerzos para limitar la tramitología, aumentar la transparencia y mejorar el clima de negocios. Ha conseguido avances cuyo ritmo y alcance pueden ser objeto de debate, pero no así su existencia. Al mismo tiempo, la Administración, de la cual la ministra forma parte, no ha logrado la celeridad esperada en la adopción de mejoras tecnológicas para remediar importantes deficiencias. La ampliación del Gobierno Digital, en particular la plataforma de compras del Estado, es un ejemplo notable.

Si los hallazgos del Foro Económico Mundial son poco novedosos, es porque los problemas no han sido resueltos, no obstante los avances. A estos últimos se les debe atribuir la mejora del posicionamiento nacional, pero ningún progreso puede disimular las fallas subsistentes. Quejarnos de la valoración y su justicia tampoco resuelve los problemas reales y persistentes.

Lejos de vanagloriarnos del lugar obtenido o argumentar la falta de consideración de algún factor que pudiera habernos hecho avanzar en uno o dos puestos más, es preciso centrar la atención sobre las deficiencias señaladas. Ese es el verdadero valor de informes como el comentado. Se les debe entender como una crítica a partir de la cual es necesario desarrollar remedios y programas.

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La principal de las deficiencias señaladas es, precisamente, la burocracia estatal. Los costarricenses que a diario la enfrentamos no podemos ser convencidos de la injusticia del señalamiento. Mucho menos se podría esperar de extranjeros acostumbrados a hacer negocios en países donde el clima para desarrollarlos es mucho mejor, entre otros motivos, por los límites impuestos a la tramitología.

Tampoco habrá objeción alguna, de propios o extraños, a la segunda falla detectada, tan poco novedosa como la primera por tratarse de un problema persistente. La mala infraestructura rebasa las competencias de la ministra de Economía, Industria y Comercio, pero incide sobre nuestra competitividad.

Frente a verdades tan evidentes, de poco sirve pelear una modesta mejoría de la calificación o protestar por la falta de apropiada ponderación de algún avance por parte de los encargados de hacer la clasificación.

Se impone centrar la atención en la solución de los problemas detectados, todos urgentes y reconocidos, en primer término, por la ciudadanía. Nada de eso impide celebrar los avances, pero es necesario sumarles el definitivo destierro del conformismo.

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