Opinión

EDITORIAL

Perseguir a las víctimas

Actualizado el 07 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

El Colegio de Médicos pide investigar a quienes, ‘con conocimiento y aceptación’, fueron partícipes de hechos ilícitos al vender sus órganos para trasplante

El planteamiento del Colegio estimularía el tráfico de órganos, garantizando el silencio del donante pagado

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El Colegio de Médicos denuncia el “ show mediático” escenificado a partir de las investigaciones de tráfico de órganos, en particular riñones, conducidas por el Ministerio Público. Es una táctica común, ensayada por otros actores, especialmente los políticos, en infinidad de oportunidades. A la información se le califica de show , con lo cual se insinúa el propósito de entretener a la audiencia con espurios fines comerciales, y santo remedio para los protagonistas del escándalo.

Hasta ahí, nada hay de original en la curiosa defensa del gremio. Los medios han informado sobre hechos reales y constatables, de indudable interés público y graves repercusiones humanas. Llamarle show al tratamiento informativo de esos acontecimientos en nada disminuye su gravedad o la legitimidad de su discusión abierta y detallada.

La originalidad del comunicado estriba en el sorprendente llamamiento a investigar la responsabilidad de quienes, “con conocimiento y aceptación”, fueron partícipes de presuntos hechos ilícitos al vender sus órganos. Es decir, el Colegio estima copartícipes del delito de tráfico de órganos a quienes la ley y el sentido común dan trato de víctimas.

Marino Ramírez, presidente del Colegio, externa preocupación porque los donantes pagados “no tendrán un proceso judicial”, pues “a ninguno de ellos lo agarraron a la fuerza” y no se puede tratar como víctimas a quienes “agarraron el dinero por la venta de un órgano y se fueron a comprar un carro o ropa”.

La venta de un riñón para invertir la ganancia en la adquisición de bienes suntuarios es una hipótesis poco plausible, aunque no puede ser descartada. Aun en ese caso, la transacción es improbable si no existe un médico capaz de asegurar al donante, con la autoridad de sus conocimientos, la seguridad de la operación. Pero el tráfico de órganos está prohibido porque, entre otras razones, aprovecha la vulnerabilidad económica del donante pagado, casi siempre víctima de la pobreza.

A las personas acomodadas no les sobra un riñón, salvo que lo necesite un ser querido. Quizá por eso la Fiscalía investiga la posibilidad de que el reclutamiento de donantes estuviera a cargo de una mujer policía, no de un banquero, y que se hiciera en una pizzería cercana al Hospital Calderón Guardia, no en un restaurante de Avenida Escazú.

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Con la atribución de propósitos suntuarios a los donantes pagados, el representante del Colegio de Médicos procura restar crédito a su condición de víctimas. Idénticos argumentos servirían para perseguir al adicto junto al narcotraficante, y a la prostituta con la misma intensidad que al proxeneta. Bastaría atribuir al primero el propósito de saciar un vicio y, a la segunda, la intención de comprar zapatos.

En todo caso, la ley difícilmente podría distinguir entre el donante con fines de subsistencia, agobiado por apremiantes necesidades económicas, y el de propósitos superfluos, si lo hubiera. Es mejor prohibir la venta, como está bien establecido, sin que exista algún médico que lo ignore.

En eso reside la principal debilidad de la argumentación propuesta por el Colegio de Médicos. ¿Por qué, si sabe de la prohibición, no puede un profesional resistirse a la petición de un donante pagado? ¿Cuál es la fuerza irrefrenable que le mueve a complacer, si fuera el caso, el impulso consumista del donante?

El planteamiento del Colegio estimularía el tráfico de órganos, garantizando el silencio del donante. En condición de copartícipe del delito, no podría ser llamado a declarar sin autoincriminarse.

“La mayoría del gremio médico nacional es honesto, trabajador, responsable, amable y ético, por lo que repudiamos que se nos trate como delincuentes”, dice el comunicado del Colegio de Médicos. Compartimos esa apreciación del cuerpo médico nacional, pero, si la minoría, o alguno de ellos, se comporta como delincuente, inevitablemente será tratado como tal. Nada exime a los médicos, ni a ningún otro grupo de profesionales, de observar la ley o pagar las consecuencias de violarla.

Hay en este último argumento una nueva falacia, como la del “ show mediático” y la venta de órganos con propósitos exclusivamente suntuarios. Es la proposición de que el debate sobre casos específicos de tráfico de órganos sea dañino para la reputación de todos los profesionales en medicina. No es cierto. Ningún medio ha hecho semejante generalización. Es el Colegio el que pretende hablar por todos los médicos y propone perseguir a las víctimas como medida de defensa de tan noble profesión, al tiempo que aboga por el ejercicio ético de la medicina.

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