Opinión

EDITORIAL

Pensiones de diputados docentes

Actualizado el 05 de abril de 2014 a las 12:58 am

La circunstancia de haber cotizado como maestros no obligaría a los exdiputados a jubilarse como tales

El principio gobernante de los regímenes de privilegio es la desvinculación entre lo cotizado y la pensión resultante

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En ausencia de un auténtico compromiso con la justicia, el país se ha negado, durante décadas, a establecer un régimen único de pensiones. La proliferación de sistemas especiales, incapaces de subsistir por sus propios medios, termina pesando, una y otra vez, sobre el erario público. Hoy, los regímenes de pensiones exclusivos de los grupos de interés mejor organizados cuestan al Estado ¢710.441 millones, equivalentes al 2,6% del producto interno bruto. Dicho de otra forma, consumen un 11% del presupuesto del Gobierno.

El país entero carga sobre sus hombros la cómoda jubilación de un puñado de personas, privilegiadas con montos a los que nadie, fuera de sus selectos grupos, puede aspirar. Pero el sistema de privilegios ni siquiera ha conseguido coherencia interna. Entre los privilegiados, unos lo son más que otros.

Los docentes electos al Congreso, dice una sentencia cuya firmeza aun depende del resultado del proceso de apelación, tienen derecho a pensionarse con salario de diputados, incluyendo los gastos de representación, el combustible proporcionado por la Asamblea Legislativa y cualquier otro beneficio de similar naturaleza.

La circunstancia de haber cotizado como maestros no los obliga a jubilarse como tales. El principio gobernante de estos regímenes es la desvinculación entre lo cotizado y la pensión resultante. La ciencia actuarial es, en consecuencia, irrelevante. Como es de esperar, son regímenes condenados al fracaso, pero para eso está la garantía del Estado, es decir, de los costarricenses sin más futuro que recibir una pensioncita del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social.

La jubilación máxima de la Caja, concedida a muy pocos afiliados, ronda ¢1,4 millones, pero un diputado percibe ¢4,2 millones cuando se consideran los ingresos complementarios y goza de aumentos del 10% anual, que serían un sueño desbocado para los pensionados de la Caja. Otros diputados, no afiliados a la Junta de Pensiones del Magisterio (Jupema), no pueden aspirar a idéntico privilegio y, si no tienen la dicha de pertenecer a otro régimen especial, deberán conformarse con la fatalidad de pensionarse como lo hace la multitud de los mortales.

Los maestros no son iguales que los demás trabajadores, pero los exdiputados que hayan sido maestros se distinguen de estos últimos por la generosidad de sus pensiones. No todos los maestros son iguales, pero tampoco todos los diputados. Un diputado que no haya sido maestro es muy diferente. Si pertenece a otro régimen de privilegio, la diferencia puede ser poca, pero, si no, pasará a parecerse a un costarricense común y corriente que, al final, paga la fiesta. ¡Viva la igualdad!

Si la sentencia cobra firmeza, las puertas quedarán abiertas para los reclamos de muchos docentes, mejor remunerados en otros cargos e instituciones. Todos aspirarán, como los exlegisladores, a pensionarse con un monto calculado a partir de los mejores salarios devengados y no de la remuneración obtenida como docentes.

El efecto puede ser devastador para Jupema y, como es usual, un nuevo riesgo para el presupuesto nacional. En el 2009, la Junta había resuelto no pagar retiros calculados con base en ingresos no relacionados con la educación. La lógica de ese razonamiento es impecable. Quien cotiza como educador no debe pensionarse como si fuera otra cosa.

Consciente del problema, la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza reveló el miércoles las pretensiones de jubilación de los diputados Adonay Enríquez y Ernesto Chavarría, del Movimiento Libertario, Justo Orozco, de Renovación Costarricense, y Julia Fonseca, de Liberación Nacional.

Nidia González, de Acción Ciudadana, consiguió el privilegio en el 2007, antes de la resolución de Jupema, y José Francisco Salas, del Movimiento Libertario, cedió su curul a su hermano gemelo, Carlos Manuel, quien en dos meses de gestión como legislador adquirió fundamento para una petición semejante. ¿Hasta cuándo?

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