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EDITORIAL

Pensar en grande

Actualizado el 21 de abril de 2016 a las 12:00 am

El ministro de Ciencia y Tecnología impulsa la idea de aprovechar las rutas del cableado eléctrico existentes en todo el país para masificar un servicio de Internet verdaderamente veloz

El plan es ambicioso y mucho más lo es el plazo de un año fijado por el ministro. Pero solo las grandes metas impulsan las grandes realizaciones

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El 12% de las escuelas y colegios del país cuentan con Internet veloz. Falta mucho, pero la verdadera brecha se visualiza mejor al examinar la definición de esa velocidad. Se trata de algo más de seis megavatios por segundo cuando el propio Ministerio de Educación Pública estima necesaria una velocidad de 10 para sacar un óptimo provecho a los recursos tecnológicos en los procesos de enseñanza.

Si 625 de los 5.000 centros educativos gozan de seis megavatios (MB) o más, otros 2.400 se las ven con menos de dos megavatios. En las comunidades circundantes, pocas conexiones siquiera igualan las de los centros educativos. El país está atrasado y las estadísticas lo comprueban. En los últimos dos años, más bien ha perdido terreno frente a otras naciones, más empeñadas en ponerse al día con la conectividad.

En esos 24 meses, Costa Rica dejó de estar en el puesto 95 entre las naciones clasificadas por su velocidad promedio en Internet para caer siete casillas hasta el puesto 102. La velocidad fija promedio es de 3,2 MB. Mayor fue la caída en materia de porcentaje de conexiones superiores a 4 MB. Pasamos del puesto 87 al 98. El país no ha dejado de avanzar en el desarrollo de la conectividad, pero otros lo hacen más rápido y nos rebasan.

Hace 16 años, cuando empezó a instalar la red de Internet Avanzada con tecnología a estas alturas obsoleta, Costa Rica ambicionaba ser el tercer país mejor conectado del planeta. No lo logró y la mayor parte del mundo siguió su avance. Es hora de recuperar el terreno perdido a paso veloz.

Marcelo Jenkins, ministro de Ciencia y Tecnología, se muestra alarmado ante la situación actual. Por eso impulsa la idea de aprovechar las rutas de cableado eléctrico existentes en todo el país, capaces de alcanzar al 99,6% de la población, para llevar a todos los puntos un servicio de Internet verdaderamente veloz, hasta de 20 MB, a un costo asequible para buena parte de la población.

El plan es ambicioso y mucho más lo es el plazo de un año fijado por el ministro. Pero solo las grandes metas impulsan las grandes realizaciones. La masificación de la banda ancha es una de las mejores inversiones imaginables y el ministro merece el apoyo de todos en la cruzada, no solo del gobierno, sino también de la ciudadanía.

El plan consiste en aprovechar los postes de electricidad para llevar conductos de fibra óptica a todos los rincones del territorio nacional. Es la masificación de la banda ancha en una escala hasta ahora inimaginable. El país necesita 1,5 millones de conexiones y miles de kilómetros de cable para ofrecer el servicio en hogares, comercios, centros educativos y dondequiera que sean necesarios sus beneficios.

Comparando los costos de la infraestructura digital con los de la red vial, otro punto de rezago nacional, Roberto Sasso, estudioso del tema tecnológico, lo describió como una fracción de la inversión. También destacó la rapidez con que puede ser desplegada y el enorme impacto sobre todos los aspectos de la vida nacional.

Sasso y el ministro coincidieron en el foro Visionarios 20/20 , celebrado en el auditorio de La Nación, sobre la necesidad de concentrar esfuerzos en áreas donde al país puede tomar el liderazgo. Una de ellas, dice Jenkins, es la posibilidad de convertirnos en un centro de enlace digital en las américas. La idea, no menos ambiciosa, es colaborar con Corea del Sur para conectar a los dos países mediante un cable submarino de fibra óptica. Luego se establecería una conexión similar con Holanda y, aprovechando los cables ya existentes en el Caribe y el Pacífico, se haría el enlace con las dos Américas, todo a través de Costa Rica. Los dos proyectos y otros más son posibles si nos atrevemos a pensar en grande.

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