Opinión

EDITORIAL

Peligrosa doctrina militar de Corea

Actualizado el 16 de abril de 2017 a las 12:00 am

Kim considera que su programa de armas nucleares y químicas es la única manera de garantizar la supervivencia del régimen

China puede hacer mucho más para presionar a Pionyang hacia el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas

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Peligrosa doctrina militar de Corea

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Corea del Norte es un país enigma. Su religión y dogma oficiales son el secretismo. Se sabe quién es su jefe de Estado, pero todo lo demás sale a luz cuando el comité del caso lo autoriza y tenga la venia del supremo Kim Jong-un. Ese secretismo le ha permitido mentir descaradamente sobre sus avances nucleares y químicos.

Cuando conviene diseminar medias verdades, asoma la faz casi infantil del Supremo con una apagada sonrisa. Pero los yerros, o las noticias oficializando el fallecimiento de personajes destacados, máxime si fueron ajusticiados, permanecen ocultos por el tiempo que diga el líder. Si algún infidente divulga el secreto, él y su familia, e incluso sus amistades, pagarán.

Conocida es el hambre perenne de las masas por la baja producción de alimentos, pero la muerte del hermano del dictador en el aeropuerto de Kuala Lumpur, víctima de un potente agente nervioso, recuerda al mundo la existencia de laboratorios donde se desarrolla toda suerte de armas químicas.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, declaró hace pocos días el final de la “paciencia estratégica” de la máxima potencia mundial ante los desmanes de Pionyang, pero la doctrina militar desarrollada por Kim limita las posibilidades de una solución militar sin causar millones de muertos.

Kim se sabe perdedor, de antemano, en una guerra contra los Estados Unidos y sus aliados. Por eso su estrategia es de disuasión, basada en la seguridad de una respuesta nuclear y química capaz de causar millones de muertos ante cualquier ataque. En virtud de esa doctrina, Kim considera que su programa de armas nucleares y químicas es la única manera de garantizar la supervivencia del régimen. Por eso ha preferido enfrentar sanciones y sufrir consecuencias económicas cuyos costos se trasladan al pueblo y, hasta ahora, se han visto limitadas por la asistencia de China.

Los estrategas norteamericanos reconocen la dificultad de eliminar los cohetes norcoreanos antes de su lanzamiento porque muchos están instalados en plataformas móviles, escondidas en túneles y otros sitios. No hacen falta muchos misiles de ese tipo para causar resultados catastróficos.

En vista de la actitud de todo o nada de los coreanos, tampoco parece posible lanzar ataques limitados para frenar el desarrollo de sus programas armamentistas que, de todas formas, podrían recuperarse con prontitud porque dependen de conocimientos locales. Y, de nuevo, sería casi imposible impedir el lanzamiento de al menos unos pocos misiles con armas químicas y nucleares aptas para causar grandes bajas.

Pese a las palabras de Tillerson, que no descartó la posibilidad de un ataque preventivo, las opciones de los Estados Unidos parecen estar reducidas a nuevas gestiones diplomáticas y a enlistar la ayuda de China, sin cuyo comercio Pionyang sufriría graves consecuencias económicas.

Ante las más recientes provocaciones norcoreanas, Pekín suspendió sus compras de carbón y la reunión del presidente chino, Xi Jinping, con el estadounidense, Donald Trump, tuvo a los incómodos excesos de Pionyang entre los temas destacados. El carbón es uno de los principales ingresos de Kim y representa hasta el 40% del total de exportaciones del empobrecido país.

Pekín no aprueba el esfuerzo armamentista de Corea del Norte, pero se ha mostrado poco dispuesto a sumarse a las sanciones de la comunidad internacional por temor a desestabilizar a un vecino tan volátil. Haciendo esas razones a un lado, China puede hacer mucho más para presionar a Pionyang hacia el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas contra su peligroso programa armamentístico y pronto sabremos si las conversaciones de Trump y Xi rinden frutos.

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