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EDITORIAL

Peligrosa coyuntura internacional

Actualizado el 03 de junio de 2012 a las 12:00 am

Con creciente preocupación, el mundo observa la cadena de conflictos internos y acciones internacionales en Siria, sobre todo a lo largo del presente año

La circunstancia más alentadora ha sido la claridad de la prensa en torno a los hechos en juego, una transparencia capaz de enmendar la plana de las burocracias

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La inactividad de la ONU en Siria podría conducir a acciones no reguladas ni vigiladas, al margen de la organización.

Los intentos por imponer la autoridad de la ONU han sido reiteradamente derrotados por la amenaza del veto ruso y el de China, plegada a Moscú en este proceso.

Con creciente preocupación, el mundo observa la cadena de conflictos internos y acciones internacionales en Siria, sobre todo en el presente año. El aspecto más alarmante del conjunto de desafíos es la relación creada entre los componentes del complejo horizonte, temas aparentemente inconexos, como el proceso de negociaciones sobre armas nucleares entre Teherán, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, las investigaciones que la Agencia Atómica Internacional (AAI) procura llevar a cabo sobre el desarrollo atómico en Irán, los planes terroristas iraníes contra diplomáticos y otros objetivos norteamericanos e israelíes, y los intentos de Teherán por consolidar una relación de patronazgo en Líbano para complementar o sustituir a Siria como satélite y plataforma antiisraelí.

El aspecto crítico de este agregado de temas es la importancia alcanzada por Irán en el conflicto sirio, entendible, sobre todo, por la preeminencia del régimen de Teherán en aspectos claves de la supervivencia de la dinastía de Assad. Así, por ejemplo, en las últimas semanas han aparecido noticias sobre personal y oficiales iraníes involucrados en los mandos de las Fuerzas Armadas y milicias sirias, así como en las tareas relacionadas con las exportaciones ilegales sirias de petróleo a través de puertos iraníes.

Durante varios meses, las gestiones de la ONU en Siria, bajo el plan de paz del exsecretario general Kofi Annan, han devenido en acciones muy limitadas de observación a cargo de un modesto e inadecuado contingente internacional. Entre tanto, la beligerancia de las milicias oficialistas sin uniforme, una versión local del Basij iraní, ha tomado auge, y sus huellas se encuentran en las acciones más cruentas de la virtual guerra civil en Siria. Los intentos por imponer la autoridad de la ONU han sido reiteradamente derrotados por la amenaza del veto ruso y el de China, unida a Moscú en este proceso.

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Tras la masacre de Hula, la semana pasada, donde más de un centenar de niños y padres de familia fueron asesinados, el régimen de Bashir Assad se refugia otra vez en la excusa de combatir a supuestas “guerrillas terroristas armadas por Gobiernos extranjeros”, una forma de desviar la atención pública de los frecuentes desbordes de brutalidad. Si bien hubo una condenatoria unánime de la dictadura por el Consejo de Seguridad, ninguna acción concreta se pudo estructurar debido al freno interpuesto por Moscú y Pekín.

Inacción de la ONU. De manera acertada, la representante estadounidense en la ONU, Susan Rice, advirtió el jueves último que la inacción del foro internacional en el conflicto sirio aumenta el peligro de que los hechos superen la parálisis del organismo mundial y transformen el conflicto en una confrontación regional. Este desenlace, cada vez más cercano, podría involucrar choques entre diversas fuerzas religiosas, intervenciones de gobiernos regionales ubicados en campos opuestos y el involucramiento de potencias foráneas. Es decir, la inactividad de la ONU podría conducir a acciones no reguladas ni vigiladas, al margen de la organización.

Esta advertencia subraya el contrasentido de Moscú, que actualmente vende armas, aviones de combate y otros instrumentos de guerra a Siria, equivalentes a un porcentaje significativo de los miles de millones de dólares de colocaciones extranjeras de la industria militar rusa. Además, el puerto sirio de Tartus, entregado por Assad a Moscú para su plena administración, constituye un enlace clave de Rusia con el Mediterráneo. La incógnita es hasta cuándo tolerará el creciente elenco de actores externos el involucramiento moscovita antes de adoptar medidas que transformarían la guerra civil siria en un conflicto más amplio.

Manipulación de temas. Este trasfondo sugiere la posibilidad de que Irán decida vincular a Israel en la lucha armada para descarrilar el proceso de negociaciones sobre las armas nucleares de Teherán. La mentalidad absolutista del alto mando iraní fue expuesta el jueves último en la televisión francesa, en el curso de una entrevista al presidente Ahmadinejad, en la cual aseguró no temer un ataque israelí contra sus instalaciones nucleares porque ya han cuantificado los daños que esa incursión causaría, y el contragolpe iraní posiblemente sea más temido por los sionistas. Además, confesó estar convencido de que el diferendo occidental no es realmente con Irán sino con Israel.

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La semana pasada circularon informes oficiales sobre los planes de Irán de atacar a diplomáticos y objetivos israelíes, norteamericanos y saudíes, una especie de segundo acto de lo ocurrido en India hace pocos meses. Presuntamente, esta segunda etapa ha sido programada para concretarse en Azerbaiyán, que supuestamente ha facilitado instalaciones para un ataque israelí contra Irán.

No menos preocupante es el análisis de importantes medios internacionales sobre las conversaciones de Irán con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, que parece haber caído bajo el control de los negociadores de Teherán. Al respecto, señalan que la sesión programada para este mes en Moscú carece de motivación real para los Gobiernos occidentales que, sin embargo, la aceptaron por insistencia de Catherine Ashton, encargada diplomática de la Unión Europea. Si el proceso es secuestrado por los emisarios de Khatami, se cumpliría la pesadilla de diplomáticos occidentales que prefieren ganar condecoraciones por lograr hechos viables y concretos, y no por las competencias entre oficinistas por mantener vivas charlas maratónicas sin principio ni final.

Final indeseable. Este sería un desenlace lamentable, mucho más mortificante a la luz de dos desarrollos principales. El primero son las fotografías de satélites que confirman la experimentación de explosivos nucleares en el importante sitio de Parchin, cercano a Teherán, así como los intentos iraníes por borrar los vestigios de esas pruebas. El segundo factor de importancia son diversas quejas de Israel sobre la carencia de sentido de prorrogar negociaciones para que Irán gane tiempo y consolide la inmunidad de sus instalaciones ante un posible ataque israelí. El análisis de los hechos pone de relieve viejas y nuevas amenazas a la paz internacional. La circunstancia más alentadora ha sido la claridad de la prensa en torno a los hechos en juego, una transparencia capaz de enmendar la plana de las burocracias y verter luz sobre manejos amañados, sin verdadera justificación en la causa genuina de la paz mundial.

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