Opinión

EDITORIAL

Peligro: suena el rock

Actualizado el 31 de agosto de 2008 a las 12:00 am

 La represión del roquero Gorki Araya, demuestra la debilidad del régimen cubano

 La reacción fuera y dentro de la Isla evitó que fuese condenado a cárcel

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Gorki Águila, el célebre roquero cubano de 39 años, líder de la mítica banda Porno para Ricardo , no es el tipo de músicos que existen para generar confort; menos, para complacer a los gobernantes. Él y sus compañeros son gente de choque y libertad: irreverentes, críticos, iracundos, desafiantes y llenos de talento y creatividad. Es decir, el tipo de artistas necesarios para que el público se conmueva y la sociedad se interrogue.

Por esas cualidades, Gorki Águila y Porno para Ricardo se han constituido en parte de la identidad de un amplio sector de la juventud cubana, que encuentra en ellos oxígeno para respirar en medio del ahogo de la propaganda y los controles oficiales, o de las lánguidas estrofas de trovadores cómplices del régimen. Por esto, también, son una incómoda piedra en el zapato para los detentadores del poder y un termómetro emblemático para medir la situación de la Isla.

Tras tres años de prohibición a su grupo para presentarse en público, agresiones de turbas organizadas por la Policía Política y un breve período de cárcel en el 2005, a raíz de la filmación de la película Habana blues , Gorki fue detenido nuevamente el lunes en la capital cubana, cuando se disponía a ensayar, con sus músicos, las canciones de un nuevo álbum titulado Comité geriátrico central .

El viernes, a finales de la tarde, fue puesto en libertad, luego de un sumarísimo y controlado “juicio”, y una multa de 600 pesos cubanos (equivalentes a $24) por “desobediencia”. Se trata de una figura penal típica del totalitarismo, donde actuar de manera distinta a lo que quiere el poder puede traer serias consecuencias. Pero en Cuba existen otras peores, como “peligrosidad predelictiva”; es decir, la suposición de que alguien pueda cometer delitos, que sí contempla penas de cárcel. Desde la captura hasta el juicio del roquero, realizado a puertas cerradas, se creyó que lo acusarían por ese cargo, pero, finalmente, y quizá por la gran protesta generada, se optó por otro más benigno.

En medio del oscurantismo político y social que refleja todo este proceso inquisidor, en su desarrollo han surgido algunos elementos que llaman al optimismo. Entre ellos, por supuesto, está la solidaridad de músicos e intelectuales alrededor del mundo, encabezados por los cantantes españoles Miguel Bosé y Alejandro Sanz; la presencia en las puertas del sitio donde sería juzgado de varios periodistas y diplomáticos extranjeros, y la importancia que la prensa mundial otorgó al caso. Todo ello, sin duda, contribuyó a que el régimen lo pensara dos veces antes de hundirlo en la cárcel.

Pero la dimensión interna es más importante. A pesar del aparato represivo del régimen, algunos bloggeros de la Isla, entre ellos Yoani Sánchez (premio Ortega y Gasset de periodismo 2007), lograron difundir la noticia de la captura y, junto a los diplomáticos y periodistas, también se hicieron presentes frente a las infranqueables puertas del juzgado varios artistas y disidentes cubanos. Más insólito aún, Sánchez y un grupo de acompañantes se atrevieron a desplegar, el jueves en la noche, una manta de denuncia en una explanada habanera, mientras el dócil y oficial Pablo Milanés desarrollaba un concierto de “protesta” contra Estados Unidos. De inmediato fueron agredidos por turbas oficialistas, pero lograron expresar su criterio.

Es decir, en medio de la represión y los controles, el caso de Gorki Águila demuestra no solo que el arte no oficial en Cuba existe, se extiende y es temido por la dictadura, sino que, también, cada vez más hay disposición de gente valiente a expresarlo y defenderlo en público. Todo esto es señal de un régimen que, a pesar de su dureza represiva, es cada vez más débil.

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