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EDITORIAL

Paro cívico en Venezuela

Actualizado el 19 de julio de 2017 a las 10:00 pm

El régimen de Maduro está acorralado, con los militares como su principal fuente de apoyo y las culpas compartidas como elemento de cohesión

La oposición cometería un error si aflojara la presión a estas alturas y permitiera la celebración de la constituyente, conformada por fuerzas del chavismo

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Paro cívico en Venezuela

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Millones de venezolanos acudieron al llamado opositor para votar en un referéndum informal sobre la convocatoria a una asamblea constituyente destinada a sacarle las castañas del fuego al régimen de Nicolás Maduro, tan reacio a acatar las disposiciones de la Constitución vigente, aunque están redactadas a imagen y semejanza del chavismo.

Maduro impide el referéndum revocatorio de su mandato, contemplado en la carta magna y exigido por la oposición, así que sus críticos decidieron llamar a las urnas por su cuenta, aunque sin esperanza de obtener un resultado vinculante, salvo por su fuerza moral. La votación masiva no es un mandato legal para el gobierno, pero le representa una enorme derrota.

La legitimidad del régimen, muy minada por su irrespeto a la legalidad y las duras condiciones sociales del país, encajó el nuevo golpe a las puertas de la constituyente, convocada al margen de toda ley, al punto que fue denunciada por la fiscala general chavista, Luisa Ortega, a quien ahora se le prohíbe abandonar el territorio venezolano.

Unos 7,2 millones de votos emitidos, el 98% contra Maduro, avergüenzan al régimen, dan testimonio de su impopularidad, ponen presión sobre la comunidad internacional y revitalizan a la oposición, cuya dirigencia anunció, casi de inmediato, el llamado a un paro cívico para hoy.

El movimiento se inscribe en la “ofensiva final” para obligar a Maduro a cancelar la elección de los espurios constituyentes, el 31 de este mes. Ojalá la jornada transcurra sin derramamiento de sangre. Cuatro meses de protestas ya han costado al menos 96 muertos a la sufrida nación venezolana.

Si el régimen insiste en modificar la Constitución, el riesgo de más derramamiento de sangre es grande. Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, pidió “asumir” el rechazo a la constituyente por la mayoría y la Unión Europea instó a suspender la convocatoria.

Estados Unidos advierte de posibles sanciones económicas si Maduro sigue adelante con la idea y un creciente coro de capitales latinoamericanas se pronuncia en el mismo tono. Dos expresidentes costarricenses, Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez, ya comparten con el mexicano Vicente Fox, el colombiano Andrés Pastrana y el ecuatoriano Jorge Quiroga, la declaratoria de personas no gratas en territorio venezolano.

El régimen de Maduro está acorralado, con los militares como su principal fuente de apoyo y las culpas compartidas como elemento de cohesión. La corrupción y los abusos de los derechos humanos han campeado en Venezuela desde el ascenso al poder del chavismo y el temor a rendir cuentas obliga a muchos a mantenerle el apoyo. Otros, con menos manchas o sin intención de magnificar las que tuvieran, empiezan a cuestionar su participación en la represión de las protestas, como lo dejó claro la grabación de una plática entre altos mandos militares filtrada recientemente a la prensa.

Maduro pidió a la oposición no “volverse loca” con los resultados del plebiscito del domingo pasado y “sentarse a hablar”. Desafortunadamente, el régimen ya ha utilizado el diálogo, en varias oportunidades, como recurso para darse un respiro en medio de las crisis. En este momento, la única señal aceptable de auténtica voluntad de diálogo sería la suspensión de la constituyente.

La oposición cometería un error si aflojara la presión a estas alturas y permitiera la celebración de la constituyente, conformada por fuerzas del chavismo, para dotar a Maduro de un instrumento apto para ganar alguna apariencia de legitimidad. Los opositores, en buena hora, no se inclinan por caer en esa trampa.

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