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EDITORIAL

Parálisis por falta de agua

Actualizado el 26 de junio de 2014 a las 12:00 am

Veintisiete cantones, una tercera parte del total, rehúsan dar permiso para nuevos desarrollos inmobiliarios o no pueden alentarlos por falta de aprobación del AyA

Además del sufrimiento en miles de hogares, los efectos negativos sobre el empleo y la limitación de la oferta de vivienda, la falta de agua afecta el valor de los terrenos

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Parálisis por falta de agua

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Los fastidiosos problemas domésticos por falta de agua pueden nublar la vista de otras consecuencias, igualmente graves, para la economía nacional. Importantes actividades productivas sufren mengua en ausencia del vital líquido. La construcción, gran generadora de empleo, está entre ellas.

Veintisiete cantones, una tercera parte del total, rehúsan dar permiso para nuevos desarrollos inmobiliarios o no pueden alentarlos por falta de aprobación del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA). La parálisis se anuncia por tiempo indefinido. En varios de esos cantones, impide el empleo de bonos estatales para construir vivienda popular.

El problema afecta, entonces, a todo tipo de construcciones a lo largo y ancho del país. En la provincia de San José, las zonas altas de Escazú, Alajuelita, Santa Ana, Curridabat, Goicoechea, Moravia y Montes de Oca carecen del abastecimiento necesario. La diversidad demográfica de esas regiones dice mucho de la variedad de construcciones afectadas.

La solución no parece estar a mano y, si se atienden los pronósticos del Instituto Meteorológico Nacional, el problema podría empeorar. Habrá poca lluvia en el próximo trimestre y el fenómeno de El Niño permanecerá con nosotros hasta marzo del 2015, cuando menos.

AyA, con la vista fija en la capacidad del sistema para abastecer cada zona, se niega a avalar nuevas construcciones. Hace bien, pero el propio Instituto es responsable de la planificación necesaria para prevenir el faltante. A estas alturas, carece de un plan maestro actualizado y deposita sus esperanzas en el proyecto Orosi II, cuya operación está prevista para el 2020, así como en tres nuevos pozos bajo estudio en la actualidad.

El Instituto, en un esfuerzo conjunto con la Empresa de Servicios Públicos de Heredia, también estudia la posibilidad de traer agua del Caribe norte hasta el Valle Central. Es un proyecto de grandes dimensiones e implica la construcción de un túnel de unos cuatros kilómetros debajo del Parque Nacional Braulio Carrillo. Pero la conclusión de los estudios, los acuerdos de financiamiento y la ejecución de las obras, si se llegan a realizar, son planes a largo plazo.

Los gobiernos locales que administran sus propios acueductos no tienen los recursos necesarios para hacer mejoras. Guillermo Carazo, presidente de la Cámara de la Construcción, asegura que el problema de abastecimiento más bien se agudiza debido a la fragmentada administración del recurso hídrico.

En el 2006, un alto funcionario del AyA urgió la ejecución de los estudios requeridos para saber dónde habría faltante de agua, cinco años más tarde. Los estudios no se hicieron y el análisis preventivo fue postergado. El problema arrecia y, si bien sabemos dónde falta el agua en la actualidad, poco podemos hacer a corto plazo para remediar el desabastecimiento. Además, no hay total certeza de futuros puntos críticos.

Al país se le hizo tarde para evitar las consecuencias sufridas en este momento, pero está a tiempo de prevenir una crisis mayor en el futuro. AyA no abandona la idea de elaborar un nuevo plan maestro. Lo intentó en varias oportunidades y fracasó por razones de trámite burocrático. Piensa volver a plantearlo, pero no da fecha.

Además del sufrimiento en miles de hogares, los efectos negativos sobre el empleo y la limitación de la oferta de vivienda, la falta de agua afecta el valor de los terrenos. La tierra que no satisface su demanda de agua no tiene valor económico, dice el presidente de la Cámara de la Construcción. El desabastecimiento empobrece a miles de pequeños propietarios en las zonas más castigadas. Esas y muchas otras razones deberían bastar para poner manos a la obra.

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