Opinión

EDITORIAL

Pandillas con plan de paz

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

Las maras hondureñas anunciaron un pacto de paz que depararía “cero violencia en las calles, cero crímenes”.

Luego de un pacto similar en El Salvador, los homicidios disminuyeron a la mitad.

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Las dos mayores pandillas delictivas de Honduras, Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, anunciaron esta semana un pacto de paz que depararía “cero violencia en las calles, cero crímenes”. Desde una prisión en San Pedro Sula, el vocero de MS-13 especificó que “nuestro pacto es con Dios, con la sociedad y con las autoridades.”

Asimismo, los representantes de esos sindicatos del crimen organizado pidieron perdón por sus fechorías y manifestaron que la tregua era inmediata y en todo el territorio hondureño.

Sin embargo, ante preguntas de los periodistas, los voceros debieron aclarar que la paz no comprendía las extorsiones, es decir, las sumas cobradas a pequeños empresarios, transportistas, y ciudadanos. A este respecto dijeron: “No hablemos aún de extorsiones, vayamos paso a paso, primero cero crimen y cero violencia, y para detener la violencia que perjudica a los seres humanos empecemos a hablar de encontrar la manera de desenvolvernos”.

Obviamente, la paz entre narcotraficantes no es total pues debemos entender que, siguiendo la fórmula de algunas citas cimeras de la región, todo ocurre por etapas que serán discutidas, valoradas y acordadas en momentos propicios. Como afirmó uno de los voceros, “'para conciliar el dinero que ganamos con el sudor de nuestra frente, queremos que el Gobierno nos ayude a que nuestros jóvenes aprendan un oficio para que no sean como nosotros, que no tuvimos oportunidades y tuvimos que agarrar el lado más caro”.

Las autoridades, empezando por el presidente hondureño, Porfirio Lobo, emitieron declaraciones felicitándose por haber encontrado una ruta para la paz de su país. Se debe tomar en consideración que Honduras es la nación sin conflicto armado más peligrosa del mundo. Con una tasa de 85,5 homicidios por cada 100.000 habitantes, 20 sería el número aproximado de personas que mueren violentamente cada día en este país.

El Salvador ocupó el primer lugar hasta que las bandas criminales acordaron una fórmula prodigiosa. Tras casi un año, su resultado ha sido una especie de milagro, pues la tasa de homicidios descendió cerca de la mitad, cediéndole así la primacía fúnebre a Honduras. Sin duda, el milagro salvadoreño alentó el empeño hondureño en encontrar una opción similar.

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Este esfuerzo por ahora aguarda resultados. Los mediadores serán el obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani, y el embajador Adam Blackwell, alto funcionario de la OEA. El aprecio por estos mediadores es evidente en los sondeos de opinión en Honduras.

Las luchas contra el imperio de las drogas libradas en El Salvador y Honduras no reciben la atención pública que sí es conferida por la prensa estadounidense a México.

Desde luego, los números en juego en México explican esa mayor atención. Pero rondan también consideraciones de seguridad nacional en torno a Centroamérica que permanecen fuera del dominio e interés del público.

Esta perspectiva pareciera ser compartida por órganos oficiales norteamericanos.

No obstante, los procesos de negociación con narcotraficantes en Centroamérica han motivado una mayor atención de la prensa y el público. No en vano Estados Unidos ha desplegado mayores misiones militares en Guatemala, Honduras y El Salvador. Ahora se conoce que los Zetas, banda criminal mexicana, controla el 80% del territorio de El Petén guatemalteco. Asimismo, el perfil de los Zetas es muy alto en otras zonas de la región.

Es posible que la penetración en el Istmo por los Zetas y otras organizaciones criminales de México y el sur de Estados Unidos finalmente genere en Washington el sentido de la urgencia que demanda una expansión de esa índole en Centroamérica.

Quizás así emerja un sentido más realista del desafío para la seguridad regional, catalizador de mayor apoyo estadounidense.

Es probable que aún no haya calado adecuadamente la realidad de que no encaramos en Centroamérica una pugna ideológica entre países. El principal enemigo es ahora el crimen organizado que intenta ampliar su zona de operaciones.

Ojalá así sea entendido por nuestros principales aliados.

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