Opinión

EDITORIAL

Ola de protestas en EE. UU.

Actualizado el 30 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

La muerte de un adolescente negro a manos de un policía blanco en Misuri polariza las opiniones y revive la memoria de otros acontecimientos trágicos

Los estadounidenses tienen una amplia labor por delante, si quieren sanar las heridas y aquietar sospechas basadas en sólidas razones históricas

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Ferguson, una pequeña comunidad próxima a Saint Louis, en el estado norteamericano de Misuri, fue escenario, esta semana, de una ola de protestas que se desbordó por todo el país y aun por el extranjero. Las demostraciones subrayan el repudio a la decisión emanada de un gran jurado que no consideró necesario procesar al policía blanco que, el 9 de agosto, disparó y causó la muerte de un adolescente negro desarmado.

El gran jurado que, el lunes, eximió de responsabilidad a Darren Wilson, un veterano con 25 años de servicio en la Policía, fue convocado por el fiscal Robert McCullogh, a quien se le acusa de simpatizar en exceso con los agentes del orden. El proceso fue complejo y dejó una estela de dudas. La opción de convocar un gran jurado era alterna a efectuar directamente un juicio para esclarecer la actuación de Wilson. La decisión inicial de McCullogh generó discusiones, pero el debate no cerró el camino del procedimiento concluido el lunes.

Con la decisión del jurado, salió también a la luz pública la informalidad de las actuaciones policiales en el caso, que le permitieron a Wilson trasladarse a la casa en su automóvil oficial, lavarse las manos y poner su arma en un sobre plástico para remitirlo al fiscal. Nada de levantamiento de pruebas por el forense. En otras palabras, el responsable de la muerte de Brown actuó simultáneamente como forense.

El gran jurado, en cuyas manos quedó la decisión sobre las responsabilidades de Wilson, fue integrado por nueve blancos y tres negros. Cuando fue instalado, recibió, entre otras evidencias, las pruebas de los golpes asestados por Brown a la cabeza de Wilson, pero las fotografías de las supuestas lesiones las tomó otro agente de la Policía y no el departamento forense.

El 9 de agosto por la mañana, Wilson recibió instrucciones de dirigirse a un comercio donde estaba en marcha un robo perpetrado por dos jóvenes negros. Cuando el policía llegó, los autores del delito ya habían escapado. Wilson los ubicó y dialogó con Brown. Posteriormente, manifestó que la altanería del interrogado principal encendió el conflicto que en poco tiempo acabó a tiros. Para ese momento, el segundo sospechoso del robo se había fugado.

La investigación del enfrentamiento estuvo plagada de versiones y supuestas pruebas no comprobadas por investigadores de la fiscalía o la Policía local. De esa manera, los resultados del proceso quedaron viciados a ojos de buena parte de la ciudadanía.

Terminado el procedimiento, el pasado lunes, el fiscal esperó hasta el anochecer para divulgar la absolución de Wilson. El retraso en la revelación del dictamen agudizó el conflicto con la comunidad negra de Ferguson. La actuación de McCullogh atizó las sospechas de duplicidad de la fiscalía y el gobierno local. Las manifestaciones estallaron al conocerse la absolutoria implícita en el dictamen del gran jurado.

Las protestas se hicieron cada vez más numerosas en ciudades dentro y fuera del país. De Washington y Nueva York se extendieron a California. Se reiteraron en Europa y en Latinoamérica. Desafortunadamente, el caso se convirtió en un enfrentamiento sobre los alcances y virtudes de la democracia. La prensa internacional no cesa de plantearlo como un lunar en la democracia estadounidense.

El caso Brown polariza las opiniones en todo el globo y revive los debates sobre otros acontecimiento trágicos, como la muerte de Trayvon Martin, en Florida, y la paliza sufrida por Rodney King, en California.

Sin duda, los estadounidenses tienen una amplia labor por delante, si quieren sanar las heridas y aquietar las sospechas y la desconfianza basada en sólidas razones históricas. Ojalá que la administración de Barack Obama promueva con mayor amplitud esa reconciliación.

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