Opinión

EDITORIAL

Obsolescencia anticipada

Actualizado el 04 de octubre de 2014 a las 12:00 am

La construcción del arco norte de la Circunvalación comenzará dentro de tres meses, pero ya se cuestiona su idoneidad para resolver los congestionamientos

Una vez más, la imprevisión obstaculiza el desarrollo y las autoridades deben decidir si rectifican o siguen adelante, conscientes de la insuficiencia de la obra

Opinión

Obsolescencia anticipada

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Hace más de 40 años, los ingenieros del tránsito se plantearon la necesidad de dotar a la capital de una vía de circunvalación. A la fecha, al proyecto le faltan cinco kilómetros entre La Uruca y Guadalupe, indispensables para conectar con la ruta 32 y completar el círculo.

La construcción del arco norte de la Circunvalación comenzará dentro de tres meses. La obra fue adjudicada, el año pasado, al consorcio Hernán Solís-La Estrella y el valor del contrato se estima en $141 millones. Todo indica la existencia de motivos para celebrar un tardado alivio al congestionamiento vial de San José.

Puede ser pronto, sin embargo, para echar las campanas al vuelo. Un estudio técnico encargado por la propia empresa constructora pronostica un colapso vial en Guadalupe el propio día de la inauguración de la carretera. Los planos prevén el paso de 20.000 vehículos por la vía, pero estimaciones actualizadas apuntan a un tráfico tres veces mayor. Los cuatro carriles del último tramo de la Circunvalación deberían ser seis.

Una vez más, la imprevisión obstaculiza el desarrollo y las autoridades se ven en el compromiso de decidir si están a tiempo de rectificar o siguen adelante, conscientes de la insuficiencia de la obra y, también, de que “peor es nada”, como reza el dicho popular. Lo mismo pasó con la carretera a Caldera, recordó Luis Guillermo Loría, director del Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la Universidad de Costa Rica.

Según Mauricio González, viceministro de Infraestructura, la construcción del arco norte seguirá adelante, pero hay tiempo para considerar modificaciones al diseño. Es difícil conciliar las dos afirmaciones, salvo una posposición de la fecha prevista para iniciar la obra. El rediseño implica nuevas complejidades. Será necesario renegociar el contrato y, dependiendo de las modificaciones, podría hacer falta expropiar nuevos terrenos, solo para mencionar dos dificultades.

El viceministro no admite, de entrada, la validez del dictamen emitido para cuestionar el proyecto. El Ministerio de Obras Públicas y Transportes consultará, primero, a la Dirección General de Ingeniería de Tránsito. El director del Lanamme se muestra menos escéptico. La consulta es prudente pero, a juzgar por experiencias anteriores, no es de extrañar la confirmación de los peores pronósticos.

Una y otra vez, la tardía ejecución de obras determina la obsolescencia de planos y diseños. Trasladados a la realidad, los proyectos resultan insuficientes para satisfacer las necesidades previstas y el costo de los ajustes se torna prohibitivo. Por otra parte, cuando el diseño se mantiene vigente y responde bien a las necesidades, la tardanza en la ejecución eleva el costo de la obra en forma desproporcionada. En abril del 2005 era factible hablar de la ampliación del tramo San José-San Ramón por $197 millones. Una década más tarde, es difícil creer en un presupuesto menor del doble.

La incapacidad para la ejecución agrava la proverbial tendencia a la imprevisión y, en ocasiones, se constituye en motivo de la falta de adecuación entre la obra y las necesidades existentes. No basta, entonces, la visión de futuro; también hace falta agilidad en el presente. En materia de infraestructura, el Estado costarricense ha demostrado carecer de ambas. Por eso, se ve en la disyuntiva de decidir entre el abandono de iniciativas necesarias y la ejecución de proyectos cuya insuficiencia se conoce de antemano.

En ese marco, el argumento de “peor es nada” no deja de tener sentido, pero es preciso encontrar la forma de gestionar la infraestructura sin que la realidad imponga, una y otra vez, tan caro e insatisfactorio conformismo. Si, en el caso del arco norte, la actual Administración consigue conjugar la ejecución de la obra con la satisfacción de las necesidades reales, se habrá anotado un importante éxito.

  • Comparta este artículo
Opinión

Obsolescencia anticipada

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota