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EDITORIAL

Nuevo traspié del populismo

Actualizado el 10 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Primero fue Austria; después, Holanda; luego, el muy sonado caso de Francia, y, ahora, el tropiezo del Partido Conservador en Inglaterra

No obstante las distancias entre Theresa May, su partido y el populismo, la derrota de la primera ministra es un traspié para esa tendencia

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Primero fue Austria; después, Holanda; luego, el muy sonado caso de Francia, y, ahora, el tropiezo del Partido Conservador en Inglaterra. El populismo empieza a encontrar barreras en las urnas donde se fraguaron sus principales victorias de los últimos meses. La ola parecía incontenible, pero una sucesión de resultados electorales aviva la esperanza, tanto como para soñar, una vez más, con una Unión Europea íntegra o, cuando menos, no desmembrada al punto deseado por los populistas más radicales, incluso los instalados en la Casa Blanca.

En Austria, Holanda y Francia, las opciones planteadas por el populismo eran claras. Los campos estaban bien deslindados y no había duda sobre la posición de las fuerzas encontradas. En el Reino Unido, la situación es más compleja. En la gran victoria populista que decidió el abandono de la Unión Europea, el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) fue un sólido y vehemente impulsor del brexit, pero los conservadores estuvieron divididos.

El partido gobernante demostró tener un ala populista, encabezada, entre otros, por el actual ministro de Relaciones Exteriores y exalcalde de Londres, Boris Johnson. Pero el entonces primer ministro David Cameron y su sucesora, Theresa May, abogaron por permanecer en la Unión Europea, coincidiendo con los laboristas, cuya posición a favor de Europa no se tradujo en una campaña vigorosa.

Tan complejo es el panorama y tan dividida está la nación que Stanley, el padre de Boris Johnson, también miembro del Partido Conservador, es copresidente de Ambientalistas a favor de Europa, una organización decididamente contraria al brexit, que encontró en su hijo a uno de sus principales y más demagógicos defensores.

El Partido Conservador no puede ser descrito como una agrupación populista, pero tiene un ala fuertemente inclinada en esa dirección. La primera ministra May, obligada por los resultados del referendo, se hizo cargo de las negociaciones para abandonar la Unión Europea, aunque comulgaba con la idea contraria. Para fortalecer su posición negociadora frente a Bruselas, convocó a elecciones anticipadas. Gozaba de una mayoría en el Parlamento y podría mantenerla durante los próximos tres años, pero las circunstancias del momento le hicieron creer en la posibilidad de ampliar el apoyo significativamente.

La apuesta, como es bien sabido, salió mal. May perdió la mayoría en las urnas y su única opción es formar un gobierno de minoría con el apoyo de los unionistas de Irlanda del Norte. El acuerdo político probable no es una coalición, donde el socio menor participa de las decisiones, sino un inestable convenio de apoyo de los irlandeses, sin su presencia en el gabinete. Sería una situación precaria y está por verse si May logrará sobrevivirla.

No obstante las distancias entre May, su partido y el populismo, la derrota de la primera ministra es un traspié para esa tendencia por varias razones. En primer lugar, dificulta la salida de la Unión Europea o, cuando menos, suaviza y limita la ruptura negociable con Bruselas. En segundo lugar, los independentistas sufrieron una terrible pérdida de caudal electoral. Sus votantes huyeron hacia las tiendas conservadoras y, sorprendentemente, casi en la misma proporción, hacia el laborismo. UKIP no logró un solo escaño y Paul Nuttall, su líder, se vio obligado a dejar la dirigencia.

Los laboristas padecen el liderazgo radical y polarizador de Jeremy Corbyn, rechazado por los sectores moderados del partido e incapaz de atraer a una mayoría de votantes. Los conservadores consiguieron mantenerse en el primer lugar, aunque no sea suficiente para controlar el Parlamento. En esas circunstancias, entre los factores que explican la inesperada derrota de May, es preciso tomar en cuenta una venganza de los europeístas derrotados en junio.

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