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EDITORIAL

Nuevo llamado a la paz

Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Apenas anunció la intención de entablar conversaciones con las FARC, el presidente Santos debió desmentir la versión de la guerrilla sobre su papel en el narcotráfico

Las negociaciones iniciales se harán en Oslo, Noruega, y las restantes, en La Habana, pero el debate es intenso en la prensa colombiana

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La opinión pública de Colombia se agita en torno a las negociaciones de paz con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), anunciadas el 4 de setiembre por el presidente Juan Manuel Santos. Las grandes incógnitas se centran, sobre todo, en el motivo o motivos del mandatario para lanzarse en pos de la elusiva paz con los veteranos alzados, hoy mayormente concentrados en la región fronteriza con Venezuela. Especialmente existe gran escepticismo sobre la transformación que demandaría de los guerrilleros convertirse en genuinos socios para la paz.

Las dudas sobre el plan de Santos se acrecentaron cuando, en una rueda de prensa en La Habana, los representantes de las FARC afirmaron que su organización nunca ha estado vinculada al narcotráfico, que no hay ninguna persona secuestrada por ellos y que su primera petición al Gobierno será la presencia en las negociaciones de su compañero “Simón Trinidad”, condenado y preso en Estados Unidos. Luego, desde la jungla colombiana, el nuevo rector guerrillero, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, coincidió con la necesidad de pacificar el país.

Santos salió al paso para desmentir la afirmación de que las FARC no se han involucrado en el narcotráfico, aspecto ampliamente confirmado por autoridades colombianas y del exterior. Numerosos informes han señalado a las FARC como socias del terrorismo en el Cercano Oriente para fomentar el mercado de drogas. En cuanto al secuestro, es un tema que demandaría comprobaciones, en tanto que exigir la participación de “Simón Trinidad” en las discusiones es iluso.

¿Podría edificarse la paz sobre estas nociones y postulados, controversiales y hasta falsos? Al presidente Santos le parece que sí, a juzgar por sus palabras y el tono solemne del anuncio. El proceso de paz se hará mediante una serie de reuniones, las iniciales en Oslo, capital de Noruega, y las restantes en La Habana. Para representar a Colombia, Santos designó a varios ciudadanos notables. Por su parte, la guerrilla ya hizo sus nombramientos, según la citada rueda de prensa en La Habana.

Ocultos, tras las bambalinas de esta polémica iniciativa, quedaron algunos hechos de importancia. Versiones de prensa apuntan a que la renacida idea de las negociaciones emanó del presidente Chávez. Los lineamientos centrales tomaron cuerpo en el curso de varias citas secretas entre Santos, Chávez y los hermanos Castro, en La Habana. Conversaciones con voceros de las FARC, en esa ciudad, permitieron estructurar lo anunciado por Santos en Bogotá. Según el ex presidente Álvaro Uribe, Chávez ideó el intento negociador para proyectar una imagen de líder pacificador en las elecciones presidenciales del mes entrante en Venezuela.

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En los meses postreros de la administración de Uribe, en la cual Santos fue ministro de Seguridad y vanguardia de la exitosa lucha contra la guerrilla, las relaciones de Colombia con Venezuela se agriaron a causa de las batidas del ejército colombiano contra los alzados. Las incursiones en campamentos guerrilleros produjeron la captura de valiosísimos archivos contenidos en computadoras de las FARC.

Producto del enfrentamiento, Chávez decidió no pagar millonarias importaciones de Colombia. Tras asumir el poder, Santos consideró necesario enfriar los ánimos y procuró un acercamiento con Venezuela. El resultado fue el relajamiento de las tensiones y el pago a los exportadores colombianos.

La iniciativa de lanzar un nuevo proceso de paz suscita críticas entre quienes defienden las políticas de Uribe, que redujeron sustancialmente el número de guerrilleros, de 18.000 a 8.000 que continúan sembrando miseria e indignación.

Los críticos evocan lo acaecido una década atrás, cuando el presidente Andrés Pastrana accedió a desmilitarizar una zona equivalente al territorio suizo para que las FARC llegaran a las negociaciones. Durante tres años, Pastrana se enfrascó en un ejercicio que la guerrilla enfrentó con poca seriedad. Entre tanto, las FARC se consolidaron en el área desmilitarizada y expandieron los cultivos de droga.

Santos considera que su plan cuajará. Ojalá recuerde que el ejercicio pacificador no hace mucho malogró una presidencia y dañó a Colombia. Valga destacar que el mandatario descartó la iniciativa de las FARC para declarar un cese al fuego. Eso deberá esperar el avance de las discusiones. Por otra parte, al domiciliar las negociaciones en el exterior, evitó caer en la trampa de establecer una zona desmilitarizada y, con el beneplácito de Hugo Chávez, los prolegómenos del proceso se harán conforme al deseo de Santos. Hacemos votos por un desenlace favorable al pueblo colombiano.

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