Opinión

EDITORIAL

Nuevo límite a la deuda política

Actualizado el 18 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Los condicionamientos del PLN al proyecto de ley para limitar el gasto político siembran duda sobre la sinceridad del compromiso de ahorro voluntario

Si el PLN reconoce la inconveniencia del gasto y estima necesario el ahorro para mejor servir al interés público, no hay razón para negar apoyo al cambio

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Si las manifestaciones de uno y otro bando son sinceras, la distancia entre Liberación Nacional y Acción Ciudadana en el debate sobre la deuda política se reduce a dos sugerencias de los verdiblancos.

Coinciden en la necesidad de limitar el gasto al 0,11% del Producto Interno Bruto, no el 0,19% vigente. Ese, por fortuna, es el meollo de la cuestión, pero los liberacionistas insisten en añadir dos disposiciones: una para autorizar la emisión de bonos de la deuda política destinados, exclusivamente, a servir de garantía de créditos bancarios, y otra para permitir a las personas jurídicas hacer donaciones de bajo monto y en especie.

La intención de esa última medida es autorizar a militantes y dirigentes de los partidos políticos el empleo, en actividades proselitistas, de casas y vehículos de uso personal, aunque estén inscritos a nombre de una sociedad.

La emisión de bonos para utilizarlos como garantía bancaria puede suscitar polémica, pero en cualquier caso es un avance sobre el sistema empleado en recientes procesos electorales, cuando los bonos sirvieron para disfrazar donaciones y abrían portillos para canalizar recursos de extranjeros y personas jurídicas sin intención de recuperar lo invertido.

El empleo de vehículos e inmuebles de uso personal para actividades proselitistas, sin incurrir en delito electoral, es una pretensión razonable. Basta consignarlo así, sin necesidad de abrir el portillo para donaciones de personas jurídicas, en general, aunque sean de poca monta y en especie. Una larga experiencia demuestra cómo cualquier portillo se ensancha en la práctica.

Polémicas o razonables, las pretensiones del PLN guardan poca relación con el meollo de la discusión: la limitación del gasto. Los liberacionistas asumieron ya el compromiso de actuar como si la deuda política no fuera superior al 0,11% del PIB. Esa limitación voluntaria no tiene como condición la disponibilidad de bonos o el permiso para utilizar vehículos e inmuebles propiedad de la dirigencia, aunque inscritos a nombre de personas jurídicas.

Aun más, la limitación voluntaria implica el reconocimiento del despilfarro permitido por la Constitución Política y muestra sensibilidad frente a los reclamos de la opinión pública, prácticamente unánime en el rechazo a semejante desperdicio de fondos públicos.

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Si el PLN reconoce la inconveniencia del gasto y estima necesario el ahorro para mejor servir al interés público; si asumió el compromiso voluntariamente, en ausencia de bonos para ofrecer en garantía a los bancos y a falta de autorización de pequeñas donaciones en especie, ¿por qué fijar condiciones para votar un proyecto de ley que formalice la limitación del gasto, asumida ya en la práctica, sin requisitos previos?

Los condicionamientos y la poca disposición a aprobar el proyecto de ley siembran duda sobre la sinceridad del compromiso voluntario. ¿Estará el PLN dejando la puerta abierta para, en caso de urgencia, encontrar la forma de escapar al cumplimiento de su promesa?

El PAC formuló idéntica promesa de restricción del gasto, acompañada del compromiso de aprobar, sin condicionamientos, una reforma para plasmar lo prometido en ley, de forma que el cumplimiento no sea voluntario. Es una actitud mucho más firme y consecuente.

El PUSC se pronuncia en el mismo sentido, por boca de su candidato presidencial. Apoya la restricción del gasto y rechaza los condicionamientos planteados por los liberacionistas. El Movimiento Libertario dice estar a favor de la reforma como la plantea el PLN y se muestra más radical que ninguno en la fijación del monto total: un 0,08%, no un 0,11%. No podría haber, cuando menos en apariencia, mayor consenso ni menores motivos para el distanciamiento. Pero el tiempo apremia y los cambios necesarios todavía se ven inexplicablemente lejos.

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