Opinión

EDITORIAL

Nuevo capítulo en Paraguay

Actualizado el 28 de abril de 2013 a las 12:00 am

Horacio Cartes llega al poder con un programa de gobierno amplio y detallado, que promete auxiliar al 40% de la población paraguaya, sumida en la pobreza

El nuevo mandatario deberá resolver sin tardanza las dudas reflejadas por medios de comunicación relativas a su honorabilidad

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La historia de Paraguay abrió el domingo pasado un nuevo capítulo institucional con la celebración de comicios generales, no cuestionados hasta la fecha. El vencedor del torneo presidencial fue Horacio Cartes, candidato del Partido Colorado, que en el recuento obtuvo una ventaja superior al 10% sobre su contrincante, Efraín Alegre, del grupo liberal que actualmente gobierna en Paraguay.

Los resultados del domingo pasado traerán de vuelta al poder al conservador Partido Colorado, en el pasado feudo del militar dictador Alfredo Stroessner. La agrupación conservadora se mantuvo en el timón hasta abril de 2008, cuando Fernando Lugo, exobispo y dirigente populista, ganó los comicios. A su vez, Lugo fue removido del cargo en abril de 2012, tras una polémica impugnación en el Congreso.

El nuevo presidente es un exitoso empresario, considerado uno de los más acaudalados del país, con inversiones en agricultura, ganadería, industria y comercio. También es propietario de una radioemisora y del equipo campeón del futbol en el país. Divorciado, es padre de tres hijos. Su popularidad en el futbol y la radio impulsaron su perfil que, ya en la política, atrajo la atención de la prensa suramericana y española, donde, en son de burla, se le ha llamado “el Berlusconi paraguayo”.

De mayor interés son sus ideas para mejorar la situación del 40% de la población paraguaya, sumida en la pobreza. Su programa de gobierno es amplio y detallado, con recetas generales para impulsar la economía, ajustar el aparato estatal y, sobre todo, recalibrar los poderes del Gobierno para auxiliar al alarmante porcentaje de pobres. En los últimos años la economía del país ha crecido de manera notable gracias, sobre todo, a las exportaciones del sector agrícola. Con todo, se requiere de mucho más en diversos campos para llevar avante los objetivos anticipados por Cartes.

No es dable olvidar que la corruptela constituye un mal endémico en Paraguay, y el nuevo mandatario ha prometido sanear la administración pública. El reto presenta obstáculos complejos y, de concretarse, la lucha perfila desafíos sin precedentes en esta nación de 6,6 millones de habitantes.

La agenda planteada por Cartes demandará un decidido apoyo del órgano legislativo, constituido por 45 senadores y 80 diputados de la Cámara Baja. Convergen en este cuadro 17 gobernadores estatales. En materia legislativa, los logros electorales ya apuntan a una mayoría decisoria oficialista que será esencial. También los gobernadores son agentes extraordinarios del Ejecutivo en las tareas previstas por el nuevo mandatario.

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Queda pendiente la tarea de reincorporar a Paraguay a los foros regionales e internacionales de los que fue separado a raíz de la impugnación de Fernando Lugo. Hay por delante desafíos en el Mercosur, la OEA, Unasur y otros organismos como la Unión Europea. El equipo profesional con que cuenta Cartes en este capítulo está liderado por una diplomática experimentada, Leila Rachid, exembajadora en Washington y exministra de Relaciones Exteriores.

Hay, asimismo, un factor mayor que favorece la reincorporación paraguaya en el frente internacional: la ausencia definitiva de Hugo Chávez como promotor de enfrentamientos en organismos regionales. Prueba de ello es que a la presente fecha ya se resolvió la reincorporación paraguaya al Mercosur, un paso decisivo en la nada fácil empresa internacional que encara Asunción.

Sin embargo, hay otro desafío para la imagen de Cartes: las dudas reflejadas por medios de comunicación relativas a su honorabilidad. Esto es algo que deberá acometer sin tardanza, pues ya no se trata solo de la lesión a su imagen, sino también, de un flanco de debilidad que se abre para su titánica tarea de enrumbar al país sobre bases más firmes.

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