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EDITORIAL

Nuevo año lectivo, retos de siempre

Actualizado el 06 de febrero de 2015 a las 12:00 am

En un clima fiscal adverso, como el que vivimos, es de premiar el esfuerzo gubernamental por corregir la deficiente gestión de Fonabe

Costa Rica ocupa el lugar 55 entre 64 países en la evaluación internacional conocida como ‘pruebas PISA’, por sus siglas en inglés

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Con el inicio del nuevo año lectivo, la administración de Luis Guillermo Solís apostó por cerrar uno de los agujeros negros de la política educativa y depositar los subsidios del Fondo Nacional de Becas (Fonabe) a tiempo, antes del inicio del curso. La distribución de más de ¢2.000 millones beneficiará a 115.606 estudiantes en el momento en que más lo necesitan.

Según el Estado de la Nación, las ayudas económicas son una condición necesaria, aunque insuficiente, para vencer algunos de los desafíos más apremiantes que tiene el país en esta materia, como son la lucha contra la deserción escolar, el rendimiento académico y la disminución de las brechas sociales y culturales.

En un clima fiscal adverso, como el que vivimos, es de premiar el esfuerzo gubernamental por corregir la deficiente gestión de Fonabe, la cual ha padecido, de forma endémica, exceso de trámites, impuntualidad en los pagos, descoordinación institucional y, en especial, una inadecuada selección de los beneficiarios –o filtraciones–.

La inversión social de Costa Rica, una de las mayores de Latinoamérica, ha pecado de una endémica desconexión entre las buenas intenciones y los resultados, que no se miden o que no siempre llegan a quienes deberían alcanzar. Fonabe ha probado ser una herramienta útil a favor del aumento de la cobertura educativa y, por lo tanto, debe ser fortalecido y orientado hacia el cumplimiento de metas precisas, cuantificables y relacionadas con los grandes objetivos nacionales.

Con todo, estamos lejos de donde deberíamos estar y el ritmo de los cambios educativos es preocupante. El país tardó un cuarto de siglo en lograr que la conclusión de estudios secundarios pasara del 25,8% al 46,3%, lo cual significa que, todavía hoy, 46 estudiantes de cada 100 no se gradúan del colegio. En el área rural, este indicador es peor y se calcula que menos del 10% obtiene el título.

Costa Rica ha emprendido estrategias adecuadas para revertir esta tendencia, que condena a la mitad de la población juvenil a no conseguir un empleo digno, al tiempo que sofoca la competitividad nacional, pero los resultados son lentos y, en campos clave como el rendimiento académico, nulos o escasos.

En el 2014 se reveló que solo un 15% de los costarricenses de 18 a 25 años domina el inglés, y que la nota promedio de este idioma, en las pruebas nacionales, cayó de 83 a 69 en la última década y media. Los estudiantes se gradúan con un nivel básico o intermedio, y apenas un 3% de los colegios públicos imparte una enseñanza superior en inglés.

Mientras los estudiantes chinos dedican un promedio de dos horas diarias a las tareas escolares, fuera del horario de clase, los nuestros utilizan menos de media hora, lo que también nos aleja de la media mundial.

Este panorama avala los pobres resultados que obtuvo Costa Rica en la evaluación internacional conocida como “pruebas PISA”, por sus siglas en inglés, en la que ocupamos el lugar 55 entre 64 países.

Las actuales autoridades del Ministerio de Educación Pública (MEP) conocen esta realidad y han decidido concentrar sus esfuerzos en dos vías: una cuantitativa, que atañe a la cobertura escolar, y otra cualitativa, que se refiere a la calidad de la enseñanza, de los docentes y de los entornos escolares. Sin estos dos ejes, el país no podrá avanzar hacia la consecución de sus fines como sociedad, en un mundo cada vez más competitivo y, además, dominado por la lucha denodada por el conocimiento.

Dentro de cuatro meses, el país se someterá nuevamente a las pruebas PISA y esta Administración podrá contar con un instrumento fehaciente para orientar su acción de gobierno en el ámbito educativo. Sin embargo, el compromiso es de todos. Otros países latinoamericanos, como Colombia, se han convertido en líderes mundiales en innovación de la enseñanza y debemos seguir su ejemplo.

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