Opinión

EDITORIAL

Nuevas sanciones contra Irán

Actualizado el 21 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Un difícil panorama se cierne sobre Teherán como resultado de la negativa a emprender una negociación creíble para poner término a su carrera armamentista

Algunos expertos validan el deterioro general de la economía, pero también advierten que no será suficiente para cambiar la posición del régimen

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A finales del presente mes, las sanciones económicas de la Unión Europea (UE) contra Irán serán más drásticas, parejas a las que Estados Unidos adoptó hasta ahora. Según un análisis del Financial Times, el plan será más duro y amplio que el boicot petrolero impuesto a inicios del año por los europeos.

Expertos internacionales, después de ponderar las posibilidades, aseguran que el conjunto de nuevas disposiciones, incluido el bloqueo de exportaciones iraníes de gas natural y el congelamiento de las operaciones con bancos persas, tendrá efectos graves.

Este difícil panorama se cierne sobre Teherán como resultado de la negativa a emprender una negociación creíble y transparente con Occidente para poner término a la carrera armamentista y nuclear del régimen teocrático. Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, reunidos en Luxemburgo en días recientes, declararon que, si el nuevo paquete de sanciones no cambia la determinación iraní, ellos (los europeos) tienen en mente mecanismos adicionales para apretar las clavijas a los ayatolás.

Los anales de las sanciones económicas son complejos y no ofrecen ejemplos categóricos de éxito o fracaso. El bloqueo contra el régimen racista de Sudáfrica es considerado un gran triunfo, pues agilizó la ruta de la negociación para poner fin al odioso apartheid. Por otra parte, el boicot de Cuba, que inicialmente contó con el apoyo incuestionable de los Gobiernos del Sistema Interamericano, con el tiempo se fracturó. Hoy, posiblemente, los más entusiastas hinchas del bloqueo son los hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes transformaron, mediante el embrujo de la retórica antiimperialista, a Cuba en una escuálida víctima del cruento y obeso Tío Sam.

Los voceros de la Unión Europea han ofrecido una descripción detallada del impacto de las sanciones económicas combinadas de Estados Unidos y la UE. Los impulsores del bloqueo económico contra Irán fueron los estadounidenses. El detonante de la estampida contra Teherán fue el ominoso setiembre 11 que enmarcó las andanzas terroristas de los ayatolás y los talibanes.

El celo en la guerra contra esta renovada plaga impulsada por Jomeini y sus herederos la lideró el Gobierno de George W. Bush, que no obtuvo éxitos descollantes en la ONU con Colin Powell en la Secretaría de Estado, ni tampoco con Condoleezza Rice en esa cartera durante su segunda administración. La combinación de Bush con algunos gobernantes europeos no encendió la esperada chispa de la simpatía atlántica, ni tampoco hacia el sur de Estados Unidos.

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Con todo, Bush obtuvo el apoyo de la ONU para algunas fases importantes de la campaña antiterrorista global.

En cuanto a Irán, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) dio a conocer en días recientes su recuento del impacto y efectos de las sanciones impuestas a la teocracia islámica. El cálculo fue recibido como si fuera el primero de la AIEA pues, durante la desteñida gestión del egipcio Al Baradei, los derroteros de la entidad se tornaron grises y hasta carentes de sentido.

La evaluación del nuevo personal de la AIEA ofrece un retrato real de las penurias derivadas de las sanciones combinadas de Estados Unidos y la Unión Europea. La información de la caída de ingresos petroleros de Irán, cercana a un millón de barriles diarios, ilustra no solo el recorte, sino también los desaciertos iraníes en sus esfuerzos por reestructurar la clientela para evadir las sanciones. Hoy, el total de las exportaciones de Teherán ronda los 800.000 barriles diarios.

Esto, a pesar de lo ocurrido con Turquía, que se declaró imposibilitada de sustituir sus importaciones de petróleo iraní. Así lo aceptó el Oeste, con el resultado desconsolador de generarle ingresos a Irán mediante un vasto y diversificado menú de importaciones.

Otro dato revelador de la crisis es que el valor de la moneda iraní decayó en un 50%. Ante este desajuste, Teherán ambiciona adelantarse a lo inevitable, al laberinto de múltiples tasas de cambio, conexas a una reclasificación continua de importaciones. Comentarios de expertos se orientan a validar el deterioro general de la economía, pero también advierten que no será suficiente para cambiar la posición armamentista del régimen.

Este pronóstico negaría validez a uno de los pilares de la política exterior de Obama. De aquí se deriva la postura de asegurar a muchos incrédulos que sobra tiempo para negociar sin incrementar el peligro de un repunte armamentista nuclear. Esta es la razón de ser de la divergencia de la Casa Blanca con Israel, y posiblemente con los reinos y principados del golfo Pérsico. El riesgo de otro desengaño después de la sacudida de los viejos regímenes en Egipto, Túnez y el resto del Maghreb, también aconseja prudencia.

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